You Are me, I am You

13

Cuando Jamin cruzó el umbral de su departamento, sintió su corazón latir con tanta fuerza que el pecho le dolió físicamente. Se apoyó de inmediato contra la madera de la puerta, cerrando los ojos para intentar respirar y calmar sus emociones enloquecidas. El contraste entre la paz que acababa de dejar en el departamento de Junghyuk y la realidad de su hogar era sofocante.

Una vez que logró estabilizarse un poco, dirigió la vista hacia el interior de la casa. No ubicaba a los amigos de su padre por ningún lado; al parecer, ya se habían marchado. Sin embargo, el desastre seguía intacto, tal y como estaba cuando esa dichosa fiesta de la noche anterior empezó. El ambiente estaba impregnado de un denso olor a alcohol barato y marihuana, una mezcla tan desagradable que le provocó una fuerte punzada en la cabeza.

— ¡Hasta que por fin llegas!

El grito desgarró el silencio y provocó un violento sobresalto en el rubio. A unos pocos pasos, saliendo de la penumbra del living, se encontraba Lim Seungmin. Todavía estaba borracho, tambaleándose ligeramente y sosteniendo una botella de soju a medio terminar en la mano derecha.

Calma, por lo que más quieras, no dejes que el miedo te domine ahora, se suplicó Jamin a sí mismo, sintiendo que las piernas le flaqueaban.

—P-Padre... salí a caminar un momento —balbuceó, intentando mantener la voz firme.

—No me tomes por idiota, Jamin —escupió el hombre mientras lanzaba la botella lejos, estrellándola contra la pared trasera donde se rompiéndose al instante—. Podré estar borracho, pero no soy estúpido. Sé muy bien que no pasaste la noche aquí.

Los pequeños fragmentos de vidrio tintinearon al caer al suelo. El menor retrocedió con lentitud, midiendo la distancia, y en cuanto vio la oportunidad milimétrica, corrió con todas las fuerzas que le quedaban hacia el pasillo de su habitación. Estaba a punto de cruzar el umbral, la salvación a un solo paso, pero la suerte no estuvo de su lado. Justo antes de que lograra entrar, la mano grande y pesada de su padre lo sujetó con fuerza por el hombro, lo empujó salvajemente hacia el interior del cuarto y cerró la puerta tras de sí con un golpe seco.

— ¡Dime dónde pasaste la maldita noche! —rugió Seungmin, acorralándolo contra la pared.

El nombre de Junghyuk pasó de inmediato por su mente como un destello de luz en medio del horror. ¿Sería correcto confesar con quién había dormido? Jamin analizó la situación en un segundo de pura agonía. Si guardaba silencio, sufriría la paliza más grande de su vida. Pero si pronunciaba el nombre de su vecino, conocía lo suficiente la naturaleza violenta de su padre como para saber que iría a buscarlo y el pelinegro terminaría involucrado en su infierno.

Junghyuk lo había curado, lo había protegido en su cama y le había devuelto un pedazo de felicidad. No podía pagarle destruyendo su vida.

Y entonces, con el corazón roto pero decidido, eligió ser el único perjudicado. Apretó los labios y bajó la cabeza, sellando su destino.

—Así que no vas a decir nada, maldito mocoso.

Jamin ni siquiera tuvo tiempo de parpadear. En una fracción de segundo, el primer impacto cayó con brutalidad sobre su cuerpo, derribándolo al piso. Y después de ese, vinieron muchos más. Los golpes se sucedieron en una cadena implacable y dolorosa, apagando sus pensamientos uno a uno, hasta que el dolor físico se volvió tan insoportable que la oscuridad finalmente lo reclamó, dejándolo caer en la inconsciencia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.