Salieron del bosque mientras el cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados y violetas. Las sombras se alargaban entre los árboles y el canto de los insectos anunciaba que la noche no tardaría en caer. Oliver caminaba con el cuaderno bien sujeto contra el pecho, como si temiera que pudiera desaparecer de nuevo en cualquier momento.
El silencio entre ambos empezó a volverse incómodo.
—Oye... —dijo Oliver al fin, tragando saliva—. Aún no entiendo algo.
Lily giró ligeramente la cabeza para mirarlo, manteniendo una sonrisa tranquila.
—¿Qué cosa?
Oliver dudó unos segundos antes de hablar.
—¿Cómo sabías mi nombre? Quiero decir... no recuerdo haberte visto antes.
Lily se detuvo de golpe.
Oliver dio un par de pasos más antes de darse cuenta y se giró hacia ella. Lily estaba completamente quieta, mirándolo fijamente, sin parpadear. Su expresión había cambiado: ya no sonreía.
—Vengo por tu alma —dijo con voz seria.
El corazón de Oliver dio un salto brutal.
—¿Q... qué? —balbuceó, retrocediendo instintivamente—. ¿E-es una broma?
Lily no respondió de inmediato. Solo lo observó en silencio durante unos segundos que a Oliver le parecieron eternos. Luego, de pronto, estalló en carcajadas.
Se dobló ligeramente hacia adelante, llevándose una mano al estómago mientras reía sin parar.
—¡No puedo creerlo! —dijo entre risas—. ¡Deberías haber visto tu cara!
Oliver parpadeó varias veces, completamente descolocado.
—¿Qué...?
Lily se secó una lágrima que había escapado de tanto reír.
—¿Siempre te tomas todo tan literal? —preguntó, aún riendo.
Oliver la miró confundido, intentando recuperar el aliento y la dignidad al mismo tiempo.
—Yo... pensé que hablabas en serio.
—Tranquilo —respondió ella con una sonrisa—. Mira tu cuaderno.
Oliver bajó la vista. En cada dibujo, en una esquina, estaba escrita su firma.
—Todos están firmados con "Oliver" —continuó Lily—. Así que asumí que ese era tu nombre. No fue tan difícil.
Por unos segundos, Oliver permaneció en silencio... y luego empezó a reír también.
—Soy un exagerado —admitió, sacudiendo la cabeza—. Creo que me dejé llevar demasiado.
—No te culpo —dijo Lily mientras retomaban el camino—. Honestamente, yo también estaría aterrada si estuviera en un bosque al anochecer, con una desconocida, y a pocos días de Halloween.
—Gracias —respondió Oliver—. Eso definitivamente no me tranquiliza.
Ambos rieron otra vez mientras las luces del pueblo comenzaban a verse a lo lejos.
Salieron finalmente del bosque, y el sendero de tierra dio paso a las calles tranquilas del pueblo. Las farolas comenzaban a encenderse una a una, bañando las aceras con una luz amarillenta. El ambiente era distinto allí: más seguro, más cotidiano... aunque Oliver aún sentía una extraña inquietud.
Caminaron lado a lado por unos minutos, en silencio, hasta que Oliver volvió a hablar.
—Entonces... ¿eres de aquí? —preguntó, rompiendo la calma.
Lily negó suavemente con la cabeza.
—No. Solo estoy de vacaciones.
—¿Vacaciones?
—Mis padres sí son del pueblo —explicó—. Vinimos a pasar Halloween aquí.
Oliver levantó las cejas, sorprendido.
—Eso explica el bosque, supongo.
Lily sonrió, sin responder.
Cuando estuvieron cerca de la casa de Oliver, ella se detuvo de repente. Las luces de la entrada ya se distinguían al final de la calle.
—Hasta aquí llego —dijo.
—¿Ya te vas? —preguntó Oliver—. ¿Dónde queda tu casa?
Lily lo miró por unos segundos y luego sonrió, una sonrisa tranquila... pero imposible de leer.
—Eso no se le dice a los extraños.
Antes de que Oliver pudiera replicar, escuchó voces detrás de él.
—¡Oliver!
Se giró y vio a sus amigos acercándose apresurados.
—¿Dónde estabas? —preguntó uno de ellos—. Nos preocupamos. Saliste corriendo al bosque después de clase y no volviste en horas.
—Estoy bien —respondió Oliver rápidamente—. No fue nada. Además, hice una nueva amiga.
Se giró y señaló el lugar donde Lily estaba de pie.
—Ella es—
Sus amigos fruncieron el ceño.
—¿De quién hablas? —preguntó otro—. No hay nadie ahí.
El estómago de Oliver se encogió.
Se giró de inmediato.
Lily ya no estaba.
No había pasos alejándose, ni rastro alguno. Solo la calle vacía, iluminada por las farolas, como si ella nunca hubiera estado allí.
Oliver permaneció inmóvil, con el cuaderno de dibujo apretado contra el pecho.
Y por primera vez, una pregunta empezó a tomar forma en su mente:
¿Quién —o qué— era realmente Lily?
Oliver llegó a casa con pasos lentos. La puerta apenas se había cerrado detrás de él cuando escuchó la voz de su madre desde la cocina, cargada de preocupación.
—¡Oliver! ¿Dónde estabas? —apareció de inmediato en el pasillo, con el ceño fruncido y los ojos inquietos—. Te estuve llamando, ya estaba a punto de salir a buscarte. Han pasado horas.
Oliver bajó la mirada, apretando el cuaderno de dibujo contra su pecho.
—Lo siento, mamá... —dijo en voz baja—. Fui al bosque.
Su madre abrió los ojos con alarma.
—¿Al bosque? ¿Estás loco? ¿Qué se te pasó por la cabeza?
—Unos chicos me quitaron el cuaderno en la escuela... lo lanzaron allí —explicó rápidamente—. Fui a buscarlo y... me perdí un poco.
Su madre suspiró, llevándose una mano al rostro, pero lo escuchó hasta el final.
—Y allí conocí a una chica —continuó Oliver—. Se llama Lily. Ella tenía mi cuaderno. Caminamos juntos hasta salir del bosque, pero luego... desapareció.
Su madre lo observó en silencio por un momento. No parecía enojada, solo profundamente aliviada de verlo sano y salvo.
—Oliver... —dijo finalmente, acercándose—. No vuelvas a hacer algo así. Me asustaste mucho.
Lo rodeó con los brazos en un abrazo firme, cálido, de esos que hacen que todo el peso del día caiga de golpe.
Editado: 03.01.2026