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Capítulo 8 | Siempre estuvo ahí

El segundo día de vacaciones se sintió más largo que el primero.

Oliver llevaba horas despierto cuando el reloj marcó las nueve. La casa estaba en silencio, pero no era un silencio cómodo; era de esos que parecen observarte. Bajó a la cocina y encontró a su madre sentada frente a una taza de café intacta. Su padre no estaba.

—¿Vas a salir otra vez? —preguntó ella, sin levantar la vista.

—Solo un rato.

Ella asintió, pero su gesto no era de permiso, sino de resignación.

Afuera, el aire olía a hojas húmedas. Lily lo esperaba donde siempre: al borde de la calle, cerca del camino que llevaba al bosque. Estaba sentada en la valla, balanceando los pies, como si no tuviera prisa por nada.

—Pensé que no vendrías —dijo.

—Siempre vengo —respondió Oliver.

Lily sonrió, pero no parecía satisfecha con la respuesta.

Caminaron sin hablar durante varios minutos. Oliver notó algo extraño: no recordaba en qué momento habían dejado atrás las casas. Un segundo estaban frente a un buzón oxidado; al siguiente, los árboles los rodeaban por completo.

—¿Te das cuenta de que nunca hablamos de tu casa? —preguntó Oliver.

—Porque no es importante —respondió Lily con rapidez.

—¿Y la mía sí?

Ella se detuvo. El bosque estaba quieto, demasiado quieto.

—La tuya todavía existe.

Eso le provocó un escalofrío.

Siguieron avanzando hasta un claro pequeño que Oliver juraba no haber visto antes. El suelo estaba cubierto de hojas viejas, aplastadas por el tiempo. Lily se agachó y levantó algo oxidado: una pequeña señal metálica, medio enterrada.

Tenía un dibujo borroso.

—¿Qué es eso? —preguntó Oliver.

Lily limpió la superficie con la manga. Por un segundo, Oliver creyó distinguir la forma de una trampa.

—Nada —dijo ella, dejándola caer—. Cosas que olvidaron quitar.

—¿Quiénes?

—Los que pensaron que bastaba con poner advertencias.

Oliver frunció el ceño.

—Lily… ¿tú estuviste aquí antes? Quiero decir, antes de conocerme.

Ella lo miró fijamente. No sonreía.

—¿Eso importa?

Oliver abrió la boca para responder, pero no encontró palabras. Algo en su pecho se tensó, como si hubiera hecho una pregunta incorrecta.

—Ven —dijo Lily, retomando el paso—. Quiero mostrarte algo más adelante. Un lugar que no aparece dos veces igual.

Mientras caminaban, Oliver tuvo la extraña sensación de que el bosque se cerraba detrás de ellos, borrando el camino.

Y por primera vez desde que comenzaron las vacaciones, pensó que tal vez no todo el mundo regresaba de ellas.

El sendero terminó de golpe.

No hubo una curva ni una bifurcación que lo anunciara. Simplemente… dejó de existir. Frente a ellos solo había raíces retorcidas y tierra removida, como si el bosque hubiera decidido tragarse su propio camino.

Oliver se detuvo.

—Antes no era así —dijo en voz baja.

Lily no respondió de inmediato. Avanzó un par de pasos más y luego giró sobre sus talones, observándolo con una expresión que Oliver no supo leer. No era burla. Tampoco sorpresa. Era algo más hondo, casi cansado.

—El bosque no se mueve —dijo ella—. Son las personas las que olvidan por dónde entraron.

Oliver tragó saliva.

—Eso no tiene sentido.

—Claro que lo tiene. Solo que no te gusta.

El viento se coló entre los árboles y sacudió las hojas secas. El sonido fue breve, pero bastó para que Oliver sintiera que alguien más estaba ahí, escuchando. Miró alrededor. No vio a nadie.

—Mis amigos dicen que no existes —soltó de repente.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos, torpes, como si no pertenecieran al lugar.

Lily no se ofendió. Tampoco pareció sorprendida.

—¿Y tú qué dices?

—Yo… —Oliver dudó—. Yo te veo. Te hablo. Caminas conmigo. No puede ser mentira.

Lily dio un paso hacia él. Luego otro. Cuando estuvo lo bastante cerca, Oliver notó algo que antes no había querido notar: su sombra no caía igual que la suya. La luz se filtraba entre las ramas, pero la sombra de Lily parecía desdibujarse en los bordes.

—Ver no siempre es lo mismo que encontrar —dijo ella—. A veces solo miramos lo que quiere ser mirado.

Oliver sintió un nudo en el estómago.

—Entonces dime —exigió—. Dime qué eres.

Lily lo observó en silencio. Sus ojos recorrieron su rostro como si estuviera memorizándolo.

—Todavía no —respondió al final—. Si te lo digo ahora, dejarías de buscar.

—¿Buscar qué?

Ella sonrió, pero esta vez no fue una sonrisa ligera.

—A mí.

El sonido de un crujido seco los hizo girar al mismo tiempo. Algo, no muy lejos, se había roto bajo peso. Oliver dio un paso atrás sin pensarlo.

—¿Escuchaste eso?

—Sí.

—¿Hay alguien más aquí?

Lily inclinó la cabeza, como si escuchara algo que él no podía oír.

—No ahora —dijo—. Pero este lugar recuerda a quienes pasaron por aquí.

Oliver sintió frío, aunque el aire no había cambiado.

—Deberíamos volver —murmuró—. Mis padres… ya están raros conmigo. Si no regreso—

—Siempre regresas —lo interrumpió Lily—. Aunque no sea por el mismo camino.

Ella se agachó y recogió una hoja seca del suelo. La aplastó entre los dedos hasta convertirla en polvo.

—Las vacaciones apenas empiezan, Oliver —añadió—. Y el bosque aún no te ha mostrado todo.

Oliver miró el espacio vacío donde antes estaba el sendero y comprendió algo que lo inquietó más que cualquier palabra:
no recordaba exactamente cómo habían llegado hasta allí.

Y eso, por alguna razón, hizo que Lily pareciera… satisfecha.



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En el texto hay: terror, suspence, suspense y drama

Editado: 03.01.2026

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