You need a man. (#nanowrimo).

Capítulo 5: —AY! ¡Duele! —Claro. Le rompiste la nariz a alguien.

Siete años después.  

—Escúchame bien Crawford. Si no quieres que te cierre la boca será mejor que te calles. 
—Por Dios. Tanto pasar con salvajes e hijos de malditos negros te ha vuelto uno de ellos — respondió el chico riéndose. 
—Liz. Vámonos — insistió Ellen halando de ella. 
—No. Esto no se va a quedar así — dijo entregándole los libros a su hermana. 
—¿Y qué vas a hacer? ¿Invocarás un búfalo o llamarás a uno de tus sucios amigos que…? 


Pero el chico ya no pudo continuar pues recibió un fuerte puñetazo en el rostro. A penas hizo el intento de ponerse en pie pero el ver la sangre en el suelo de tierra le asustó. No tuvo tiempo para hacer o decir algo más pues ya tenía a Charlize encima dándole de golpes en el rostro. 


 Charlize estaba tan ensimismada en su tarea que no fue consiente de la multitud escolar que les rodeaba, de los gritos desesperados de su hermana pidiendo auxilio, de la señora Coffman gritando. De pronto unas manos la tomaron de la cintura con fuerza y la separaron del chico. Le pateó una última vez y le escupió encima. Esas competencias en el río daban frutos. 


—Vamos, ya déjalo — exigió una voz familiar. 


Al parecer las manos que la mantenían presa pertenecían a la misma persona. 
Vio como Owen levantó al chico con la nariz y labios sangrando. Le dijo algo más que ella no escuchó y se quedó ahí. Los ojos de preocupación de su hermana la hicieron despertar. 


—Súbete. 


Las manos le temblaban y comenzó a sentir dolor. Las mismas manos de antes la tomaron por la cintura y la subieron de un movimiento al caballo. 


En la herrería, Daniel le ayudó a bajar y la dejó sentada sobre unas pilas de heno atado mientras dejaba su caballo en el corral. 


—¿Cómo está? — preguntó alguien. 
—Viva por desgracia — respondió el gemelo a su hermano. 
—Charlize. ¿Estas bien? — inquirió acercándose a ella. 
—Sí — dijo dejando de mirar sus nudillos rojos. 
—¿Qué pasó con Crawford? 
—El doctor Harris dice que tiene la nariz rota. Pero que ya sanará. 
—Es un idiota — masculló ella. 


Owen suspiró y ajustó su sombrero antes de hablarle. 


—¡Liz! Dios mío. Que bueno que Daniel llegó a tiempo — decía su hermana —. Aquí está lo que me pediste — dijo entregándole a Owen una bolsa de papel. 


Este la abrió y sacó unos dulces. Le dio uno a Ellen y le pidió ir por John que seguramente ya se habría enterado del escándalo aunque almorzaba en el café. 


—Come de estos — dijo a Charlize entregándole dos cuando su hermana se marchó. 
—Tonta — soltó Daniel a su lado mirándola con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho. 
—Daniel. ¿Tienes que ser así con ella en este preciso momento? 
—Sí. Es una tonta. Ese imbécil pudo haberte lastimado. 
—Pero no lo hizo — respondió alzando la voz. 
—¡Pero pudo! Maldita sea Charli — masculló furioso pateando lo que hubiera a su paso. 
—¿Por qué fue la pelea? — quiso saber Owen que le apartaba el cabello del rostro. 
—Por defenderlos a ustedes aunque el zopenco de tu hermano no lo merezca. 
—Y tampoco lo necesito — soltó el aludido. 
—Daniel. Ya. Y tú también Liz. Debiste ir con nosotros. 
—¿Por qué? ¿Acaso necesito un hombre para defenderme? No. Sé hacerlo sola y muy bien. Gracias. 


Los muchachos no dijeron más. Y menos cuando vieron aparecer al señor Holliday. Solo pudieron hacerse a un lado y agachar la cabeza cuando Owen intentó excusar a su amiga. 


—Por Dios Charlize. Estás por cumplir diez y seis años. Ya es tiempo que debes de comportarte como una señorita. 


Molesto fue a sacar algo del horno y comenzó a golpearlo con su mazo pero terminó rompiendo el hierro al rojo vivo. 


—Ve a casa y descansa. Hablaré con la señora Crawford. 


Charlize bajó de su sitio, estaba por ir a buscar su caballo cuando Daniel se adelantó a sacarlo y entregarle las riendas. Sin colocar la silla, más que una manta tejida a mano por ella misma y Yahto, subió a lomos del caballo luego de despedirse de su padre. 


—¿Me quedo contigo papá? — preguntó Ellen. 
—No. Ve a casa. ¿Podrías llevarla? — dijo dirigiéndose a Owen. 
—Sí señor. 


Daniel comenzó a dejar sus cosas a un lado para ponerse a su labor pues hacía más de un año que estaba aprendiendo el oficio. 




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