You need a man. (#nanowrimo).

Capítulo 13: La única solución.

—Señor Collinwood. Yo… lamento mucho los inconvenientes pero, sinceramente desconocía que aún tuviéramos deudas. 
—Es comprensible señorita. Su padre fue muy reservado con esto. Y perdóneme usted por tratar estos asuntos en circunstancias tan delicadas como las suyas. Pero era necesario. 
—Comprendo — respondió tocando los hilos de su chal. 
—Ahora — dijo el señor Collinwood padre ajustando su chaqueta—, señorita Holliday. Su padre tenía en nuestro banco una cuenta de la que se transferirá el depósito para los préstamos. Sin embargo…
—Espere. ¿Ha dicho préstamos? Pero hace un momento me hablaba de uno. ¿Es que hay más? 

Aquel hombre carraspeó y se limpió el sudor de la frente. 

—Sí. Su préstamo en el banco de Nueva York sigue abierto. Su padre refinanció su crédito con nosotros para la consolidación pero los intereses siguen sin cancelar y aumentando. Con la defunción del titular la deuda se anula pero ya que él puso como aval su granja, de no pagarse los intereses el banco reclamará la propiedad.  
—¿Nueva York? Pero. No… No lo entiendo. ¿Por qué haría un préstamo ahí? Y ¿Cómo es que usted conoce el estado de esa deuda? 
—Su padre dejó estipulado que en caso de sucederle a él algo que le impidiera hacer los pagos, nosotros seríamos sus fiadores. Así que esa deuda está cancelada. No se preocupe. Solo nos debe a nosotros. Y las mismas condiciones se aplican. De no pagarse hasta la fecha límite…, lamentablemente tendremos que reclamar sus tierras. Tengo la escrituras por aquí — dijo levantándose de su elegante silla. 


Charlize a penas y podía respirar. No podía imaginar el monto de esas deudas como para que la granja cubriera los pagos. Y seguía preguntándose en qué se usó ese dinero. 


—Señor Collinwood. ¿Puedo saber de cuánto es el préstamo? 
—Claro. Le elaboraré un estado de cuenta con todos los detalles. Ahora bien. El último pago fue sacado de la cuenta de ahorros y esta ya no tiene fondos. Así que deberá ponerse al día o cancelar por completo. 
—Y…, ¿De cuánto estamos hablando? 
—$497,65. Las cuotas son de $25 dólares semanales, descuide. 
—Cuatrocientos noventa y siete dólares — repitió sin poder creerlo. 
¿De dónde sacaría esa cantidad? 
—Y el plazo se vence en septiembre. 


“Tres meses”. 
Luego de tan desalentadora reunión, buscó al señor Loch. Sabía que él tendría información sobre esos préstamos. 


—No puedo darle esa información señorita. 
—Señor Loch. Por favor. Necesito su consejo. Desconocía la existencia de esta deuda. De haberlo sabido, hubiera ayudado a mi padre con esto. Dios. Y de pensar que eso también lo enfermó. La preocupación. Ayúdeme. No puedo perder la granja. Es todo lo que tengo. 


El señor Loch hizo crujir sus nudillos y asintió antes de comenzar. 


—Su padre debía una exorbitante cantidad cuando llegó a Wickenburg. Al parecer la inversión en una mina que no produjo nada lo dejó casi en la quiebra. El capital no era suyo, me parece que era un préstamo a un familiar y tuvo que recurrir a otro para cancelarla.  
—Entonces, ¿En eso usó el dinero de la herrería cuando la vendió? 
—Así es. Pero no fue suficiente. La mora incrementó el total del préstamo así que los Collinwood se ofrecieron a ser sus fiadores. Es la treta de un buen banquero. Adquirir propiedades. 
—Y…, ¿Qué me sugiere? 
—Ya que solo tiene tres meses para pagar casi quinientos dólares. Le recomiendo vender la propiedad. 
—¿Venderla? 
—Y con eso pagar el préstamo. 
—Pero no quiero vender. No quiero perder esa granja. 
—Pues a menos que encuentre quien financie la situación para liberarse del banco, no veo otra solución. Avíseme si se decide. 


Sin tener más con que luchar, salió de la oficina del abogado con más preocupación que antes. 

Si todo ese embrollo de la deuda se remontaba desde hace tanto, quinientos dólares no era nada comparado con su capital inicial. 

“¿Quién pudo hacer semejante préstamo a un hombre como a mi padre” meditaba. Entonces recordó las cartas de su abuelo. “Seguramente dirán algo importante” meditó en su fuero interno. 

Rebuscó entre sus pertenencias hasta dar con un grupo de papeles y cartas. Leyó cada una, cada página, pagaré y recibo. Una cantidad exorbitante por la busca de un sueño. Oro. 

Según los documentos, la cantidad inicial con la que su padre invirtió en la vieja mina, fue proporcionada por su abuelo, George Chashman. Una cadena de altos y bajos económicos dejaba ahora a Charlize con la factura final de una crisis de la cual nunca supo ni sufrió.

Sentada en una de las sillas hechas por su padre, miraba desde el pórtico de su casa aquel lugar que la vio crecer. Esa casa construida por las mismas manos de sus padres, tierras aradas con su propio sudor. Su infancia, su vida, todo estaba ahí. Era lo único que poseía de ellos, además de sus recuerdos. 

Sin deseos de incomodar a Ellen y su esposo con esas preocupaciones, guardó la carta que escribió para su tía Meredith. Le debía una respuesta y necesitaba otro consejo que no fuera vender. 

Divisó a Daniel acercándose a lomos de su caballo, tantos números en mente olvidó que llegaría esa tarde. 


—Te he visto hoy, salir del banco. ¿Todo está bien? — preguntó Daniel mientras dejaba las sillas de montar en su lugar. 
—No ha sido nada. Solo… No. No es nada. 
—Sabes que cuentas con nosotros, ¿Cierto? 
—Sí. Gracias. 


Él asintió y siguió trabajando. Los Cassidy eran familia, sabía que de hablar con Daniel y Owen sus aflicciones y deudas serían saldadas en un santiamén. Inclusive su pago podría acordarse de forma justa. Pero sería demasiado. 

Cinco días después, la respuesta de su tía Meredith no resultó ser tan alentadora. 


<Ojalá pudiera hacer más por ti querida sobrina. Lo único que tengo a mi disposición, es la hospitalidad que puedo darte abriendo las puertas de mi casa.
No debes preocuparte por Robert. Sabes que te recibirá con gusto. 
Pero también sé, que estoy pidiendo un imposible. No dejarás ese pueblo y tu hogar. 
Así que, lo único que puedo aconsejarte, es desposarte. Un hombre con los recursos necesarios podría ser la única solución. Deja que él asuma tus deudas. 
Me has hablado de algunos buenos jóvenes, considerarlo. Por una vez deja a un lado tu orgullo sobrina. 
Cásate con un buen hombre, deja que cuide de ti.>




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