You Said Forever

Capitulo 34: Sonrie

Rowan salió del baño envuelto en la toalla, el cabello aún goteando un poco sobre los hombros. El vapor lo seguía como una niebla ligera, y su aroma de Omega ,suave, floral, con ese toque inocente que siempre desarmaba a Mirah, llenaba la habitación sin esfuerzo. Se detuvo en el umbral y observó.

Mirah seguía en la cama, sentado con la espalda contra la cabecera, las rodillas flexionadas y los brazos alrededor de ellas. No se había vestido. Solo miraba fijamente la sábana arrugada, perdido en sus pensamientos. El aroma de Alfa que desprendía era una mezcla amarga: celos residuales, culpa fresca y ese miedo sordo a que Rowan realmente se fuera esta vez. Parecía más pequeño de lo que era. Vulnerable. Casi patético.

Rowan sintió una punzada de diversión pura en el pecho. Mírate, pensó. El gran Alfa que sobornó a medio mundo para tenerme, que drogó mi copa con la esperanza de un hijo que me atara, que me cacheteó por celos de mi propia hermana… y ahora estás ahí, hecho un ovillo, esperando que te perdone o te destruya.

Se le escapó una risa baja, casi inaudible. Mirah levantó la vista de golpe, alarmado.

—¿Qué pasa? —preguntó, voz ronca.

Rowan se acercó despacio, con esa caminata tranquila que siempre usaba cuando quería parecer inofensivo. Se sentó en el borde de la cama, lo bastante cerca para rozar la rodilla de Mirah con la suya, pero sin invadir del todo.

—Nada —dijo, encogiéndose de hombros con una sonrisa suave, casi tímida—. Solo… te ves gracioso así. Como un cachorro regañado.

Mirah frunció el ceño, pero no pudo evitar que sus hombros se relajaran un poco al ver esa expresión "inocente" en el rostro de Rowan. Era el mismo gesto que lo había engatusado al principio, el que le hacía creer que Rowan era frágil, fácil de manejar.

—¿Gracioso? —repitió Mirah, intentando sonar ofendido, pero salió más bien aliviado.

Rowan ladeó la cabeza, fingiendo pensarlo.

—Un poco. —Se levantó de pronto, fue al armario y sacó ropa cómoda: una camisa ligera y pantalones sueltos—. Vamos a comer afuera. Tengo hambre.

Mirah parpadeó, desconcertado por el cambio repentino.

—¿Ahora? ¿Así como si…?

—¿Como si nada? —Rowan terminó la frase por él, girándose con una sonrisa dulce—. Sí, así como si nada.

Se acercó de nuevo, se inclinó y le dio un beso breve en la frente, como si fuera lo más natural del mundo. Mirah cerró los ojos un segundo, inhalando profundo el aroma de Rowan, aferrándose a ese gesto como a un salvavidas.

—¿Ya estamos bien? —preguntó Mirah en voz baja, casi temiendo la respuesta. Sus celos seguían allí, latiendo bajo la piel, pero el miedo a perderlo era más fuerte.

Rowan se enderezó, poniéndose la camisa con movimientos lentos.

—Hablé con mi hermana esta mañana —dijo, casual, como si comentara el clima—. Me llamó mientras estabas dormido. Me pidió que te perdonara. Dijo que fuiste un idiota, pero que se nota que me quieres de verdad. Que la cachetada fue por puro pánico de verte con alguien más… aunque fuera ella.

Mirah tragó saliva. Bajó la mirada.

—Lo siento. De verdad. No debí…

Rowan lo interrumpió con un gesto de mano, sonriendo aún más dulce.

—Ya pasó. No estoy enojado. Ni un poco.

Mirah levantó la vista, buscando en esos ojos cualquier rastro de mentira. No encontró nada. Solo esa calma aparente, esa fachada de Omega no conflictivo que Rowan manejaba tan bien. No vio el brillo divertido en el fondo, el placer secreto de verlo sufrir un rato más antes de darle un respiro.

—¿De verdad? —insistió Mirah, voz vulnerable.

Rowan se inclinó otra vez, esta vez rozando los labios contra los de Mirah en un beso ligero, casi casto.

—De verdad. Vamos a comer. Elige tú el lugar. Quiero algo con postre. Mucho postre.

Mirah soltó el aire que había estado conteniendo. Una sonrisa pequeña, agradecida, apareció en su rostro. Se levantó de la cama por fin, fue al armario y empezó a vestirse con movimientos apresurados, como si temiera que Rowan cambiara de opinión.

Rowan lo observó desde la puerta, cruzado de brazos, con esa misma sonrisa serena.

Qué fácil eres de manejar cuando crees que has ganado, pensó. Y qué divertido es dejarte creerlo un rato.

Salió al pasillo primero, tarareando bajito una melodía cualquiera, mientras Mirah lo seguía como un cachorro al que acababan de perdonar.

La tarde se abría delante de ellos, soleada e inocente en apariencia.

Pero Rowan sabía que el juego no había terminado.

Solo había pausado para comer.

Y él siempre tenía la última palabra.



#761 en Joven Adulto

En el texto hay: obsesion, alfa, omega

Editado: 03.02.2026

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