Young Hearts: Sangre de Medianoche

Capítulo 5

La mañana llegó a Valduerne acompañada por un cielo completamente despejado y un aire frío y cortante que se colaba entre las calles, anunciando sin sutilezas la llegada del otoño. La ciudad despertaba lentamente bajo una calma engañosa, de esa que parece demasiado perfecta para ser verdad; las calles comenzaban a llenarse de personas que iniciaban sus rutinas, los comercios abrían sus puertas uno tras otro con el sonido familiar de sus cortinas metálicas y el murmullo cotidiano y constante de la ciudad volvía a tomar vida.

Los estudiantes caminaban hacia la escuela cargando mochilas pesadas, conversaciones triviales y preocupaciones propias de su edad, como si aquella fuera una mañana cualquiera, ajenos a lo que se ocultaba bajo la superficie de su pueblo.

Dentro de la casa de los Montero, el ambiente era cálido, luminoso y familiar, un contraste total con el frío de afuera. Elías terminaba de desayunar junto a su familia mientras observaba distraídamente, con esa curiosidad silenciosa que lo caracterizaba, el vapor que se elevaba en espirales desde su taza.

A pesar de la tranquilidad del momento, parte de su mente seguía atrapada, introvertida y pensativa, en los recuerdos del bosque; no podía evitar repasarlo una y otra vez. Maxime ya estaba listo para salir; como siempre, parecía incapaz de permanecer quieto demasiado tiempo, lleno de una energía nerviosa.

Maxime: —¿Ya terminaste? —Elías levantó la vista hacia su hermano, con ese gesto dulce y reservado que tenía cuando lo sacaban de sus pensamientos.

Elías: —Sí.

Maxime: —Entonces vamos. —Nathalie les dedicó una sonrisa cariñosa mientras recogía algunos platos de la mesa, con la dulzura maternal de siempre.

Nathalie: —Que tengan un buen día. —Luk observó a ambos hermanos desde su sitio con una expresión que mezclaba afecto profundo y resignación divertida.

Luk: —Y no causen problemas. —Maxime apoyó una mano sobre el pecho, fingiendo una indignación teatral y ofendida.

Maxime: —Eso suena dirigido a mí.

Luk: —Porque está dirigido a ti. —El abuelo, que estaba sentado cerca de la ventana, soltó una carcajada sincera y estruendosa que llenó la cocina de calidez.

Incluso Elías, a pesar de estar ensimismado, sonrió levemente ante aquella escena tan habitual y reconfortante. Poco después, los dos hermanos abandonaron la casa para dirigirse a la escuela, dejando atrás el calor del hogar.

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Cuando Elías llegó al salón de clases, descubrió que Valerie y Lukas ya estaban allí; ambos parecían esperarlo, apoyados contra su pupitre con una impaciencia mal disimulada. Lukas fue el primero en acercarse, con su energía explosiva de siempre.

Lukas: —¡Sobreviviste! —Elías soltó una pequeña risa suave, un poco tímida, escondiendo parte de su rostro detrás de su taza.

Elías: —Buenos días para ti también. —Valerie le dedicó una sonrisa amable, aunque en sus ojos había una preocupación difícil de ocultar que la hacía morder su labio inferior.

Valerie: —¿Cómo estás? —La pregunta, tan simple, hizo que los recuerdos regresaran de inmediato como un golpe frío.

Las sombras moviéndose entre los árboles, el alce con esa mirada antinatural, aquella extraña y opresiva sensación de peligro que todavía parecía adherida a su piel como una segunda capa.

Elías bajó la mirada un instante, reservado, intentando ordenar sus propias emociones antes de hablar.

Elías: —Estoy bien. —Lukas levantó una ceja con evidente escepticismo, cruzándose de brazos.

Lukas: —Eso sonó poco convincente. —Elías dejó escapar un suspiro bajito, admitiendo su derrota con esa honestidad introvertida que lo hacía tan entrañable. Su curiosidad era más fuerte que su intento de disimular.

Elías: —Todavía sigo pensando en lo que vimos. —Valerie intercambió una mirada cargada de significado con Lukas antes de responder, bajando la voz.

Valerie: —Nosotros también.

Durante unos segundos, un silencio denso y pesado se instaló entre los tres; ninguno parecía encontrar palabras adecuadas para describir aquello que habían presenciado en el bosque, porque ninguna palabra humana parecía alcanzarle.

Finalmente, Lukas recuperó parte de su entusiasmo habitual para romper la tensión.

Lukas: —Por cierto.

Elías: —¿Qué? —Lukas sonrió de una manera amplia y traviesa que hizo que Elías, con su instinto dulce y desconfiado, sospechara inmediatamente.

Lukas: —Después de clases queremos llevarte a un lugar. —Valerie asintió, siguiendo el juego con una chispa de emoción en los ojos.

Valerie: —Es importante. —Elías observó a ambos con desconfianza, entrecerrando ligeramente sus ojos claros.

Elías: —¿Importante o peligroso? —Lukas fingió meditarlo profundamente, llevándose una mano a la barbilla con una seriedad exagerada.



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En el texto hay: alexander, elías, younghearts

Editado: 25.08.2026

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