
Durante varios segundos, ninguno de los dos fue capaz de apartar la mirada; la música de la fiesta de Halloween seguía sonando a lo lejos, amortiguada por la distancia, mezclándose con las risas estridentes de los adolescentes y las conversaciones dispersas que rebotaban entre las tumbas decoradas con telarañas falsas y calabazas iluminadas.
La gente caminaba a su alrededor sin prestarles la más mínima atención, tropezándose, riendo, viviendo su noche, pero para Elías y Alexander todo parecía haberse detenido por completo; era como si el resto del mundo hubiera desaparecido y únicamente existieran ellos dos en medio de aquella multitud.
Elías fue el primero en reaccionar, bajando la vista de golpe, con las mejillas ligeramente sonrojadas por la vergüenza de haberse quedado mirando tanto tiempo; su voz, bajita y dulce, apenas se escuchó.
Elías: —Lo siento. —Alexander parpadeó, como si despertara de un extraño trance hipnótico. Había estado completamente absorto en él.
Alexander: —Yo tampoco estaba mirando por dónde iba, tranquilo, no me has matado... todavía. —Elías soltó una pequeña risa nerviosa y tímida, y aprovechó ese segundo de alivio para observar mejor al desconocido muchacho.
Su piel era extraordinariamente pálida, casi gris bajo las luces amarillentas y moradas de la fiesta, como si no le hubiera dado el sol en años; sus ojos oscuros como la noche reflejaban la luna con un brillo antinatural y contrastaban de forma impactante con su cabello castaño... y bastante peculiar.
Todo en él resultaba peculiar, misterioso e imposible de ignorar, y eso despertó al instante la curiosidad innata de Elías.
Elías: —Ahora que lo pienso. —Alexander levantó una ceja, con esa seguridad coqueta y divertida que lo caracterizaba.
Alexander: —¿Sí? ¿Ya estoy en problemas?
Elías: —Nunca te había visto por aquí. —Una pequeña alarma se encendió en el interior de Alexander, una punzada fría en el pecho; se tensó imperceptiblemente. —Ni en la escuela. —Continuó, con su tono reservado y analítico, mirándolo con la cabeza ligeramente ladeada, como si intentara resolver un acertijo. —Y eso es raro, porque conozco a casi todos... o al menos creía que sí. —Alexander intentó mantener la calma, esbozando esa media sonrisa sarcástica que siempre usaba como escudo. —Y otra cosa.
Alexander: —¿Sí?
Elías: —Tu disfraz es impresionante. —Alexander frunció ligeramente el ceño, confundido de verdad por un instante.
Alexander: —¿Disfraz? —Elías, con su inocencia introvertida, señaló su rostro con un dedo tembloroso, sin atreverse a tocarlo.
Elías: —El de vampiro. —Alexander tardó un segundo en comprender a qué se refería y, cuando lo hizo, sintió un enorme alivio recorriéndolo por dentro, tan intenso que casi lo hizo reír.
Elías realmente pensaba que todo aquello era parte de un disfraz: su palidez, sus ojos, sus colmillos apenas ocultos. Todo.
Elías: —La piel gris, los ojos... todo, parece demasiado real, es como si de verdad fueras uno. —Alexander decidió aprovechar aquella oportunidad inesperada que el destino le había puesto en bandeja, y se inclinó un poco hacia él, juguetón y protector a la vez.
Alexander: —Bueno... me esforcé bastante, quería ser el más guapo de la fiesta y creo que lo estoy logrando, ¿no crees? —Elías sonrió, dulce y un poco avergonzado por el coqueteo directo.
Elías: —Se nota.
Alexander: —Gracias, viniendo de ti, lo tomo como un cumplido de alto nivel.
Antes de que pudieran seguir hablando, unas voces familiares y agitadas comenzaron a acercarse entre la gente.
Lukas: —¡Elías!
Valerie: —¡Ya volvimos! Te trajimos... —Ambos llegaron con bebidas en las manos y se detuvieron inmediatamente en seco al notar la presencia del desconocido; su presencia imponía.
Lukas: —¿Y él? —Valerie observó a Alexander de arriba abajo, con desconfianza.
Valerie: —Nunca lo había visto.
Lukas: —Yo tampoco. —Elías, siempre intentando no incomodar a nadie, intervino rápido con su voz suave.
Elías: —Acabamos de conocernos, chocamos sin querer. —Lukas volvió a examinar a Alexander, pero esta vez con más interés que sospecha.
Lukas: —Debo admitir que tu disfraz es increíble. —Valerie asintió, impresionada a su pesar.
Valerie: —Da miedo, en serio, parece de película. —Alexander soltó una pequeña risa encantadora, acostumbrado a llamar la atención.
Alexander: —Gracias, hago lo que puedo para no desentonar. —Lukas, extrovertido como siempre, extendió una mano sin dudarlo.
Lukas: —Soy Lukas.
Valerie: —Valerie. —Alexander estrechó las manos de ambos con firmeza y elegancia, con modales de otra época.
Alexander: —Alexander. —Elías escuchó aquel nombre y, por alguna razón que no supo explicar, le gustó de inmediato.
Alexander sonaba elegante, diferente, casi antiguo, como de un libro viejo; se le quedó grabado en la mente. Lukas frunció ligeramente el ceño, curioso.
Lukas: —Entonces, ¿en qué curso estás? Porque no te he visto nunca en el instituto. —Alexander reaccionó con rapidez, con esa labia que siempre sabía qué decir en todo momento.
Alexander: —En ninguno.
Lukas: —¿Qué?
Alexander: —No vivo aquí. —Improvisó con total naturalidad, mirando solo a Elías mientras hablaba. —Vine de visita, escuché sobre la fiesta y pensé que sería interesante conocer el lugar y parece que no me equivoqué.
Valerie: —¿No? —Alexander negó con la cabeza, sin apartar su mirada clara de Elías.
Alexander: —No, solo estoy de paso. —Lukas pareció aceptar la explicación sin más, Valerie también, encogiéndose de hombros; sin embargo, Elías continuó observándolo.