Young Hearts: Sangre de Medianoche

Capítulo 16

Volviendo al día anterior, la jornada escolar terminó envuelta en un ambiente mucho más silencioso de lo habitual para Elías. Las palabras del agresor seguían resonando en su cabeza como un eco molesto; no era tanto el insulto lo que lo inquietaba, sino la amenaza que vino después. Había algo en la forma en que aquel muchacho lo había mirado, una fijeza fría y cargada de intención, que le producía una sensación difícil de explicar, un nudo en el estómago que no lo dejaba respirar del todo bien.

En estos momentos se encontraba con su hermano Máxime, que le había dicho que se tenía que ir con él en caso de que esos abusones quisieran acercarse una vez más. A Elías no le agradaba en absoluto la idea; la razón de ello estaba clara, era por Alexander porque quería volver a verlo, quizás caminar juntos un rato por el borde del bosque, contarle cómo habían ido las clases, escucharlo bromear con ese acento encantadoramente torpe sobre las interminables conjugaciones del francés. Solo pensarlo hizo que una pequeña y nostálgica sonrisa, dulce y tímida, apareciera en su rostro.

Máxime: —¿Listo? —La voz de Máxime lo sacó de sus pensamientos.

Elías levantó la vista y encontró a su hermano esperándolo en la puerta del salón, recargado contra el marco con paciencia.

Elías: —Sí. —Máxime observó discretamente el rostro de su hermano.

Aunque Elías intentaba aparentar tranquilidad, bajando la mirada y apretando un poco las correas de su mochila como siempre hacía cuando quería ocultarse, lo conocía demasiado bien para no notar aquella leve decepción escondida detrás de su sonrisa. No dijo nada, sabía que insistir solo conseguiría avergonzarlo, porque Elías se cerraba más cuando se sentía expuesto.

Se limitó a colocar una mano cálida y firme sobre su hombro mientras ambos abandonaban el edificio.

Las bicicletas los esperaban apoyadas junto al portón de la escuela; el camino de regreso a casa transcurrió casi en silencio. No era un silencio incómodo, era el tipo de silencio cómodo y seguro que solo podía existir entre dos hermanos que no necesitaban llenar cada momento con palabras para sentirse acompañados. El viento movía suavemente el cabello de Elías mientras pedaleaban por las tranquilas calles de Valduerne; de vez en cuando levantaba la vista para observar el cielo. Las nubes avanzaban lentamente, empujadas por una brisa suave que anunciaba la llegada de la tarde.

Sin darse cuenta, y con esa curiosidad innata que siempre lo delataba, volvió a pensar en Alexander y en todas esas preguntas en las que siente que aún no se ha convencido del todo con lo que Alexander, pero, por otro lado, Elías no desconfía de él; al contrario, siente que cada día que pasa, Alexander es aún más especial para él. La curiosidad arrancó una pequeña sonrisa de sus labios.

Máxime la vio de reojo y comprendió exactamente en quién estaba pensando. Esta vez, sin embargo, decidió guardar silencio y dejarle ese pequeño momento de felicidad privada.

________________________________________

Al llegar a casa, el agradable aroma de la comida recién preparada recibió a ambos hermanos incluso antes de cruzar la puerta, un olor a hogar que al instante hizo que los hombros tensos de Elías bajaran un poco.

Nathalie: —¡Ya llegaron! —La voz de su madre sonó alegre y cantarina desde la cocina.

Luk: —Lávense las manos, la comida ya está lista.

El ambiente cálido del hogar consiguió aliviar gran parte de la tensión que Elías había acumulado durante el día; aquella casa tenía algo especial, siempre lograba hacerlo sentir seguro, como si las paredes mismas lo protegieran del mundo exterior.

Durante la cena, la conversación comenzó con temas cotidianos y ligeros; Luk habló sobre algunos vecinos del pueblo y sus pequeñas manías, Nathalie comentó varias anécdotas divertidas del mercado que le habían pasado por la mañana, incluso Maxime hizo un par de bromas que consiguieron sacar algunas risas, y Elías se rio bajito, con esa risa reservada que apenas se escuchaba. Sin embargo, en un momento dado, el hermano mayor dejó lentamente los cubiertos sobre la mesa. Su expresión se volvió más seria y la luz de sus ojos cambió.

Máxime: —Hoy pasó algo en la escuela. —El ambiente cambió de inmediato, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo.

Nathalie y Luk intercambiaron una mirada preocupada antes de dirigir toda su atención hacia los dos hermanos.

Luk: —¿Qué ocurrió? —Máxime respiró hondo, no quería alarmarlos más de la cuenta, pero tampoco pensaba ocultarles algo tan importante.

Con calma y voz firme, comenzó a explicar lo sucedido; les contó cómo aquellos muchachos habían escuchado la conversación de Elías con Lukas y Valerie en el patio, cómo se habían acercado para provocarlo con prepotencia, los insultos, las burlas crueles sobre su forma de ser y el momento exacto en que uno de ellos intentó golpear a Elías, levantando el puño.

Mientras hablaba, Nathalie llevó lentamente una mano hasta su pecho; la preocupación era evidente en su rostro; sus ojos se humedecieron. Cuando Máxime terminó de contar la amenaza que habían lanzado antes de marcharse, esa promesa de volver a encontrarlo, el comedor quedó completamente en silencio.

Nathalie fue la primera en reaccionar; se inclinó hacia delante y tomó con delicadeza la mano de Elías entre las suyas, envolviéndola con un cariño inmenso.

Nathalie: —Cariño... Prométenos que tendrás mucho cuidado. —Elías observó las manos de su abuela sujetando las suyas.

Podía sentir cuánto la preocupaba aquella situación; sentía el ligero temblor en sus dedos. Con una pequeña sonrisa intentando tranquilizarla, esa sonrisa dulce que ponía, aunque por dentro estuviera nervioso, intentó sonar convincente.



#377 en Fanfic
#197 en Paranormal

En el texto hay: alexander, elías, younghearts

Editado: 15.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.