Your face

Capítulo 16

Las conversaciones indistintivas del lugar se mezclaban entre sí, amortiguando el tambor de mis latidos. El murmullo era constante, como una corriente subterránea que nunca se detenía: cucharillas chocando contra porcelana, vapor escapando de la máquina de café con un siseo agudo, risas dispersas que subían y bajaban como olas. Ni siquiera estaba segura de sentir mi respiración mientras todos los peores escenarios se proyectaban en mi cerebro como una obra de teatro mal pagada.

El aire olía a café tostado y azúcar caramelizada. A chocolate caliente. A algo dulce que normalmente me habría parecido reconfortante, pero que ahora me resultaba sofocante. El suelo bajo la mesa estaba frío, ligeramente pegajoso; mis rodillas presionadas contra el azulejo comenzaban a dolerme. Una mota de polvo se pegó a mi pantalón y, por un segundo absurdo, eso me pareció el menor de mis problemas.

«¿En qué momento me había vuelto el chiste personal del universo?»

La pregunta no era nueva. Solo que esta vez parecía resonar con eco propio.

De todos los seres humanos en el planeta que yo desearía no encontrarme jamás, Kristopher y su pequeña corte de asentidores estaban al principio de la lista. Encabezándola con letras doradas y luces fluorescentes.

Mi estómago dio un vuelco apenas recordé su sonrisa ladeada, esa que siempre parecía insinuar que sabía algo que yo no. Que me veía. O peor: que no me veía en absoluto.

Exhalé con brusquedad, masajeando el puente de mi nariz en un inútil intento de enfriar la cabeza. Sentía la piel caliente, como si mi sangre estuviera intentando escapar por mis mejillas.

«Jamás había visto a alguno de ellos por aquí.»

«¿Qué hacen un grupo de deportistas estrella en un café donde lo único libre de grasa y calorías es el agua potable?»

«¿No deberían estar en una cancha chocandose el pecho entre ellos o algo así?»

Asomé apenas la cabeza, intentando no prestar atención a un par de curiosos que cuchicheaban a mis espaldas, muy probablemente, sobre el motivo del por qué estaba bajo una mesa. El borde del mantel rozó mi mejilla cuando me incliné; olía ligeramente a suavizante.

Taylor y su llamativa cabeza rapada cuyo color había cambiado de amarillo a rosa desde la última vez que lo ví, me recibieron, tan campante que casi se sintió como una invitación a sentarme junto a ellos. El rosa era intenso, casi fluorescente bajo las luces cálidas del local. Esto habría sido una coincidencia bastante conveniente si su compañía no fuera... La que es. Después de todo, hacía siglos que buscaba hablar con él.

Y ahora lo tenía a menos de diez metros, pero en el peor escenario posible.

«Esto no podría ser peor.»

Exhalé por la nariz, irritada. Mi cuello comenzó a adormecerse cuando recordé que, técnicamente, debía estar en otro lugar. Con MJ. Ese era el plan. Hasta que su hermana la llamó para que volviera a casa: su padre había regresado y, según él, las buenas hijas dejan todo y esperan en la puerta. El señor Joy era agradable de vez en cuando, ocho de las diez veces que lo he visto ha estado callado así que es lo único que puedo decir con seguridad de su persona. Aún no logro descifrar si es tímido o sólo siente repulsión a cualquier contacto con la raza humana. M solía decir que es más fácil sacar conversación a una pared.

Un pequeño resentimiento hacia el adusto señor creció en mi interior, aunque no tardó mucho en transformarse en remordimiento. Si no hubiese parloteado sin parar sobre mi vecina y el último brote de su árbol familiar, habríamos salido a horario, comido un delicioso helado y jamás se me habría ocurrido venir hasta aquí por un estúpido trozo de pastel. El antojo había sido caprichoso, una forma de consolación más que premio bien merecido. Ahora parecía el detonante de mi inminente humillación pública.

Me cubrí el rostro con la manos cuando, de pronto, un ruido a mi derecha me arrancó del espiral recriminatorio en mis pensamientos. Crucé miradas con una niña en la mesa contigua, que se había agachado a recoger su muñeca. Sus cejas se arquearon con curiosidad, su expresión, dudosa. Como si no pudiese decidir entre decirle a su padre que había una mujer loca bajo la mesa o tomar su juguete y fingir demencia.

Sus ojos eran enormes. Transparentes. Demasiado observadores.

Llevé el dedo a mis labios, suplicándole que no me delatara. Ella, como si un ángel hubiera descendido del cielo, asintió, pellizcando el aire frente a sus labios como si cerrara una cremallera. Sonreí.

«Que adorable.»

Por un segundo, sentí que el universo me concedía una tregua.

No obstante, su acto de generosidad no sirvió de mucho. Dos segundos después, el par de chismosos de atrás llamó a un mesero, señalándome. Sus voces bajas dejaron de ser murmullo para convertirse en acusación. Iba a huir por el otro lado cuando un par de zapatos se me atravesó en la cara.

«Ay no.»

«Las zapatillas sucias.»

Las “Golden Goose” del príncipe derrochador, Kristopher. Una vez lo había pisado —puede que no haya sido un accidente— y casi le da un infarto. Recordaba perfectamente su expresión horrorizada, como si hubiera atentado contra una reliquia nacional.

Incluso desde el suelo podía notar que esas zapatillas estaban más cuidadas que mi promedio de calificaciones.

«Dios. Qué ganas de escupirlas.»

«¿En qué momento se había levantado? ¿Ya se van?»

«Si es así, puedo quedarme aquí un minuto más y—»

—Señorita, ¿Se encuentra bien?

Volví la cabeza, viendo al mesero acuclillado tras de mí. Sus cejas estaban fruncidas en una mezcla de preocupación y desconcierto. Subí el gorro de mi suéter y me cubrí la boca con la manga. Acto seguido, salí como una bala por el lado izquierdo, esquivando sillas en el camino; una de ellas raspó contra el suelo con un chillido agudo que me atravesó los nervios y, antes de darme cuenta, estaba frente a la puerta del lavabo. Entré a toda prisa con la cara cubierta, metiéndome al primer cubículo que se me atravesó.



#8665 en Novela romántica
#4029 en Otros
#881 en Humor

En el texto hay: romance drama, humor comedia

Editado: 26.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.