Your face

Capítulo 20 Behind Your Face — Última parte

—¿Qué tal tu paseo? —preguntó de pronto.

Lo miré. Señaló hacia afuera con un leve ademán.

—¿Algo interesante?

Carraspeé, sintiendo la garganta un poco más seca de lo normal.

—No. Sólo idiotas malgastando dinero —repuse con veneno.

Él sonrió de lado, como si la respuesta encajara exactamente en algún lugar que sólo él conocía, y asintió antes de llevarse la paleta a la boca. La sostuvo entre los dientes un segundo de más, sin apartar la vista de mí.

Entrecerró los ojos.

Ahí estaba.

«Lo sabe.»

Sabía que lo había visto. Y no iba a decirlo.

Apreté la mandíbula, desviando la mirada.

Bien. ¿Qué importa de todos modos?

Tomé una bocanada de aire, pero este no terminó de llenarme los pulmones como debería. Me quedé a medio camino, sintiendo cómo los músculos se tensaban con una rigidez alarmante.

«No seas cobarde ahora, Blues.»

Todo ese preámbulo era absurdo. Sabía que, por más que lo pospusiese, el contexto no cambiaría para mí.

«No importa cómo lo mire. Yo...»

Suspiré.

—¿Qué es lo que quieres?

«... por ahora, estoy a merced de este cretino.»

••••

Kristopher no respondió de inmediato. Se recostó apenas en el barandal, cruzándose de brazos, observándome con una quietud que no era normal. No era simple calma.

Era cálculo.

Como si estuviera decidiendo algo.

Como si ya supiera la respuesta... y sólo estuviera viendo cuánto tardaba yo en alcanzarla.

—¿Qué quieres? —repetí, más cortante.

La imagen de mi lustrando sus estúpidos zapatos costosos llegó a mi cerebro, fugaz, erizándome la piel.

«Va a pedirme algo así. Estoy segura.»

—Depende.

Fruncí el ceño.

—¿Depende de qué?

Se encogió de hombros. El viento le movió el cabello y lo apartó sin prisa, como si nada de esto le importara realmente.

—De—sacudió la cabeza levemente, soltando una risita baja más para sí —No. Claro que lo seguirás haciendo —murmuró, viéndome con una sonrisa que no supe interpretar —Lo mismo. Una y otra vez.

Fruncí las cejas con fuerza, mirándolo.

—¿Lo mismo? ¿Lo mismo qué?

Nada. Ni una palabra. De repente, me sentí una idiota tratando de hacer hablar a un muro de piedra.

Mi paciencia empezó a tensarse.

—Habla claro, ¿quieres?

Exhalé, pero el aire salió más pesado de lo que esperaba. Acto seguido, giré el cuerpo, clavando la vista al frente. Cualquier cosa era mejor que seguir mirándolo. El murmullo de la gente se oía hasta allí, lejano, casi como un consuelo. La bolsa plástica en su mano crujió suavemente.

Y el silencio. Ese desesperante silencio que crecía entre nosotros.

Suspiré por enésima vez, viéndolo de reojo por un segundo. Había olvidado por completo cómo se sentía hablar con él. O, para ser precisa, intentar hablar con él.

Ni siquiera antes me era posible comprenderlo. ¿Qué podía esperar ahora?

«Lo hace a propósito...»

Lo oí chasquear la lengua.

—Tomas pésimas decisiones.

Alcé las cejas. Quizá no había oído bien. O quizá sí, y por eso algo en mi pecho se tensó antes de percatarme siquiera.

—¿Perdón?

—Todo el tiempo —añadió —Como si nadie te estuviera mirando, Mogüel.

Mi estómago se apretó, está vez más fuerte, más definido. No fue una molestia leve, sino un tirón . Tan claro. Tan incómodo y...

Familiar. Demasiado familiar.

Por un instante, me costó tragar saliva.

Y entonces llegó. Allí estaba de nuevo. Aquella sensación que me era más conocida de lo que deseaba. Permanecía dentro de mí, bajo todo lo demás. Despertando cada vez...

«... Que estás cerca de mi.»

Mis ojos se detuvieron en él, casi inmóviles, como si intentaran detener el tiempo sólo para descifrar su rostro.

«Es como si mi cuerpo reaccionara antes que yo.»

«Como si...»

Recordara algo que yo no.

Sacudí la idea de mi mente enseguida.

Qué absurdo.

¿“Recordar algo que yo no"?

Juntarme con Angie los últimos años ya comenzaba a dejar secuelas.

«Un poco más y comenzaré a hablar del “color de mi alma".»

«El cuerpo sabe cuando alguien no te agrada. Eso es todo, Blues. ¿Qué otra cosa podría provocarte ese pedazo de mierda?»

—No entiendo qué estás diciendo —repliqué— Déjate de tonterías y dime de una vez por todas qué es lo que vas a exigir. No tengo toda la noche, Kristopher.

—No importa.

Su mirada se perdió en algún punto de la cuidad. Por un instante, pareció... lejos. No distraído. Ni ausente.

Lejos de verdad.

Como si no estuviera ahí conmigo.

***

—Ya habíamos hablado de esto —dijo ella, tras una breve pausa.

Su voz, por lo general dura como el acero, salió más suave. No de forma cariñosa o benevolente, sino en ese tono exacto que hacía imposible no sentirse una basura, un mero despojo sin propósito.

Él bajó la mirada, con las manos sucias y el ceño fruncido. Había algo infantil en la manera en que evitaba sus ojos.

—No es para tanto...

—Tienes la osadía de repetirlo... aun cubierto de sangre —recalcó, recriminatoria. Lo escudriñó de arriba abajo con el ceño fruncido. Acto seguido, apoyó el antebrazo en el sillón, llevándose los dedos a la frente mientras la presionaba con cansancio— Continúas empeñado en tomar malas decisiones.

El apretó los labios. Ésta vez, no respondió de inmediato.

—No soy un niño —dijo finalmente.

—Pues así es como te comportas —repuso ella— Actúas como si nadie estuviera observándote.

Silencio. Uno tenso, cortante.

—Y un día no voy a estar ahí, Kristopher.

***

—También debo irme pronto... —agregó, repentinamente lúgubre.



#9720 en Novela romántica
#4650 en Otros
#968 en Humor

En el texto hay: romance drama, humor comedia

Editado: 21.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.