Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac.
Las agujas del reloj marcaban las 23:55 p.m.
Faltaban cinco minutos para Año Nuevo. Un nuevo año para las hermanas Wees.
Las hijas del diablo se encontraban brindando. El ultimo brindis juntas, aunque ninguna lo supiera.
Una bala perdida atravesó el ventanal.
La menor de las hermanas cayó al suelo, ahora un agujero atravesaba su frente porcelana.
La sonrisa que llevaba en los labios nunca desapareció.
Las tres hermanas quedaron paralizadas, algo raro en ellas.
Miraban fijamente el cuerpo de la Wees menor. Muerta.
Un grito desgarrador salió de la hermana mayor, una mujer conocida por su indiferencia y frialdad.
Las gemelas seguían mirando el cuerpo fijamente, esperando a que Dennis se levantara. Tenía que hacerlo.
Nunca se atreverían a tocar un pelo de las hermanas Wees.
Eran intocables en Nueva York.
Hijas de Lucifer.
Solo levantaron la cabeza cuando vieron a su hermana mayor endurecer sus facciones, dar media vuelta y salir de la habitación.
Todos sabían lo que sucedería.
Billie destruiría hasta los cimientos de esta ciudad.
No dejaría a nadie vivo.