Your Power

CAPITULO DOS

Billie Wees

Mi cabello quedó como siempre: recogido en un chongo tirante. Sin un cabello fuera de lugar.

Negro. Otra vez todo de negro. Pantalón. Saco. Tacones.

Lo mismo de todos los días.

Padre decía que las personas confiaban demasiado en las apariencias. Yo prefería que no confiaran en nada.

Me pinte los labios de rojo, sin querer mirar demasiado mi reflejo.

Bala seguía acostado sobre mi cama, observándome como si estuviera juzgando cada decisión que había tomado en mi vida. Considerando mis últimas semanas, probablemente tenía razón.

El teléfono vibró. Era Patrick. Uno de mis hombres.

—Habla.

—Los consiglieres ya están llegando.

Colgué.

Preparándome revisé si mis cuchillos se encontraban en su lugar. Cintura. Cadera. Botas. Con todo listo caminé al garaje y subí al Cadillac, encaminándome hacia la maldita reunión. El trayecto transcurrió entre el tráfico común de Nueva York, las luces iluminaban las calles. Aburrida puse algo de música en la radio acallando la voz en mi cabeza.

Unos minutos después Patrick envió la ubicación exacta de la reunión.

Seria en un hotel.

Cuando llegué, los autos ya ocupaban el estacionamiento del hotel.

...

Los hombres alrededor de la mesa me odiaban.

Enzo Moretti se encontraba en la otra punta de la mesa. Su mirada decia que si pudiera me dispararía en este momento.

No lo disimulaba.

Otras miradas me lanzaban dagas, mayormente los del clan Moretti.

Algunos bebían sus tragos de manera indiferente, otros ni me registraba, eso eran los principales consejeros de la organizacion.

No lo tomé personal, ni tampoco me inmuté. Odiarían a cualquier mujer sentada en mi lugar, y más después del caos que provoque.

Pero sobre todo sentí unos ojos nuevos fijos en mí. Mire al costado del Don para encontrarme con la mirada de Alessio Moretti.

El nuevo futuro Don de la Cosa Nostra, primo del tipo al que asesiné.

Sin perturbarme le devolví la mirada y enarqué una ceja, esperando a que saltara sobre la mesa a atacarme. Sorprendentemente no lo hizo.

Hizo algo peor.

Sonrió y siguió observando como si hubiera encontrado algo interesante.

Inquietante.

Casi espeluznante

Ambos apartamos la mirada cuando uno de los consejeros de Padre hablo.

—Pakhan, con todo respeto, creo que Aleksandra debería ser destituida—la voz de Igor no fue tan valiente—. Con su comportamiento creo un caos allí afuera, no tuvo control, rompió la paz.

El viejo me odiaba, era su oportunidad, pero algo que él no sabía era que yo estaba maldita. Padre no me sacaría de mi lugar, el me entreno para esto.

Padre dio una calada a su puro, sus dedos tamborileaban pacíficamente la mesa. Era lo único que se escuchaba en la sala. imponiendo indiferencia a la situación y al discurso de Igor.

— Igor— hablo mi padre —, Aleksandra sigue donde esta. Es mi hija y mi segunda al mando. Y en cuanto a su castigo lo dictare yo como Pakhan.

Conocía a mi padre, nunca maldijo tener hijas, escogió una y la moldeo, igual que lo hubiera hecho con un hijo varón. Para el hombre o mujer lo mismo daba, ambos podían ser funcionales con un buen entrenamiento.

El Don de la Cosa Nostra finalmente hablo.

—Señores, Igor —asintió en modo de complicidad hacia el viejo regordete furioso en la silla —, ella puede seguir en su lugar, pero también debe unirse en matrimonio con mi nieto Alessio...

Ni siquiera termino la frase cuando Padre lo interrumpió.

—No. Sera mi hija Milenka. Es obediente y perfectamente dócil.

Trague. Mi ojo comenzó a titilar.

Igual que a él.

Vanya nunca sería una opción.

Enzo apretó la mandíbula, pero no se atrevió a refutar la palabra de mi Padre. En ese tablero, Pakhan tenía el control.

—Bien —asintió el Don, tragándose el orgullo—. Milenka sellará el pacto. La boda se organizará de inmediato.

La junta se dio por terminada. Los hombres comenzaron a levantarse, pero mis ojos se mantuvieron fijos en Alesso. Él se acomodó el saco del traje, sin perder esa sonrisa ligera e inquietante.

Cuando todos se fueron, éramos los únicos en la sala. Él se acercó a mí y se inclinó hacia adelante, asegurándose de que solo yo pudiera escucharlo.

—Una lástima, Aleksandra —susurró, y por primera vez su tono arrastrado me causó un escalofrío. Segui indiferente—. Hubiera preferido una esposa que supiera disparar, no una muñeca de porcelana.

Se dio la vuelta y salió. Me levanté y salí de la sala antes de hacer algo que Padre terminaría llamando un problema.

Justo en el pasillo encontré a Alessio acompañado por dos escoltas.

No me importó.

Antes de que reaccionaran lo agarre del tapado y lo estampe contra la pared. Mi cuchillo yacía en su garganta y su arma en mi frente.

Ninguno retrocedió.

— Escucha idiota, tocas un solo cabello de mi hermana y considérate muerto. No te acerques a ella —Acerque más la cuchilla a su garganta —. Porque juro que tu abuelo tendrá que buscar otro heredero.

Mostro la misma sonrisa inquietante.

—Interesante—murmuro en lo bajo.

Lo solté.

Fruncí el ceño, descolocada.

Los hombres suelen reaccionar alterándose. Perdían la calma. Intentaban recuperar el control al verse amenazados por una mujer.

Él no.

Le dedique una última mirada de advertencia. Dando media vuelta y dirigiéndome a las escaleras. Ignore la molesta sensación en el pecho.

En mi auto, mi teléfono vibro en mi bolsillo. Lo saque y mire la pantalla, era una llamada de Vanya, la gemela de Milenka.

Puse el celular en mi oído, sintiendo al instante el sollozo.

—Me dijeron que fuiste a esa junta —escupió—, sabes que, a veces envidio que no puedas sentir nada, siempre supe que hacías todo lo que Padre quería, pero no me imaginaba tu indiferencia a nuestra hermana muerta. Ni siquiera fuiste a su entierro.



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En el texto hay: poder, traumas, romace mafia

Editado: 01.07.2026

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