Alelí era una hermosa y tímida dama, dueña de una prestigiosa florería en el centro de Galmador. Su fama era tan grande que llegaban clientes de todas partes del mundo para comprar sus famosas rosas; según los turistas, aquellas flores parecían tener vida propio entre sus pétalos. Alelí se sentía orgullosa de su jardín; sin embargo, tras la belleza se escondía una verdad aberrante.
De niña, Alelí había sido solitaria y llena de complejos. Sus compañeras de colegio se burlaban de ella con crueldad por su extrema delgadez, apodándola "tallarín desnutrido", entre otros sobrenombres hirientes. Con los años, toda esa frustración y amargura se materializaron en una venganza implacable. Alelí se transformó en un ser lleno de odio.
Cada tarde, al caer el sol, bajaba al sótano de su casa donde mantenía prisioneras a las mujeres más bellas de la región. Allí, les arrancaba violentamente el corazón y, con la sangre derramada, creaba un abono líquido que otorgaba a las rosas ese aspecto tan vivo, seductor y siniestro.
Nadie descubrió jamás el macabro secreto de la abominable Alelí. No obstante, dicen que en las noches de luna menguante se escuchan gritos desgarradores, y muchos habitantes de Galmador juran haber visto rostros femeninos pidiendo auxilio entre los pétalos de los capullos. Pero, ¿quién creería en semejantes leyendas?
Editado: 27.05.2026