Zarek: el cachorro del alfa

Capítulo 2: La humana que habla demasiado rápido

★Ana.

Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera pensarlas, afiladas como cuchillos. Nico seguía enganchado a mi pierna, ajeno al campo de minas que acababa de atravesar la habitación.

El hombre de la cama me miró. No, no me miró: me devoró con los ojos. Como si yo fuera un filete y él llevara semanas sin comer. Y lo peor es que no era la primera vez que me miraba así. Zarek siempre había tenido esa intensidad de mierda que me hacía sentir desnuda aunque llevara puesto un abrigo hasta el cuello.

Pero ahora era diferente. Ahora había algo más en sus ojos.

—Humana —dijo, y la palabra sonó como un descubrimiento, no como un insulto—. Hablas demasiado rápido.

—¿Humana? —parpadeé—. ¿Humana? ¿Me estás llamando humana? Demonios, Zarek, sí que te golpeaste fuerte la cabeza. Así, mira —levanté la mano e hice ademán de golpearme la frente—. Así te golpeaste. Porque no es normal que llames "humana" a la madre de tu hijo, ¿entiendes? No es normal.

Nico se rio entre mi pierna y la cama. El muy traidor.

—Mamá dice malas palabras.

—Mamá dice lo que le da la gana —contesté sin mirarlo, sin soltar la mirada de Zarek.

Él seguía observándome con esa intensidad absurda. Y lo peor, lo peor de todo, era que yo también lo observaba a él. Cinco años de matrimonio y un divorcio después, y todavía me afectaba su mirada. Todavía recordaba cómo era despertar a su lado. Todavía...

No. No iba por ahí.

—Por Dios, Zarek —suspiré, y el cansancio me pesó en los huesos—. Eres un tonto. Solo quiero que no lastimes a mi niño, ¿oíste? Si lo encuentro llorando otra vez porque no fuiste a arroparlo, o porque no llegaste a su actuación, o porque te olvidaste de que existía durante una semana...

—¿Actuación? —preguntó él, frunciendo el ceño.

—La presentación del cole, Zarek. La de Nico. La que te mandé el recordatorio, te llamé, te mandé mensajes y te mandé un cuervo mensajero imaginario... y nada. Llegó tu secretaria. Tu secretaria, Zarek. ¿Sabes lo que es que a tu hijo le lleve la mano su secretaria mientras todos los otros niños tienen a sus padres?

Nico se separó de mi pierna y se cruzó de brazos, imitándome sin saberlo.

—La señora Clara no sabe peinar, mamá. Me hizo un nudo.

—¿Ves? —señalé a Nico sin dejar de mirar a Zarek—. Hasta tu secretaria le hizo daño.

Zarek me miraba. Solo me miraba. Con esos ojos color miel oscura que eran idénticos a los de Nico. Y entonces, en medio de mi discurso, bajó la mirada. A mis labios. Y los recorrió despacio.

Se me cortó la respiración.

—Humana —volvió a decir, y esta vez la palabra sonó como una caricia. Como un "te quiero" en otro idioma—. Eres...

—¿Sabes qué? —lo corté antes de que pudiera terminar esa frase que no quería escuchar—. No me llames humana. Tengo nombre. Soy Ana. La madre de tu hijo. La mujer con la que compartiste cama durante cinco años, por si no te acuerdas. Aunque visto lo visto...

—Ana —repitió, probando el nombre como si fuera la primera vez que lo escuchaba. Y entonces sonrió. En una sonrisa pequeña, casi infantil—. Ana.

—Para. Ya. —levanté las manos—. No me mires así. No sonrías así. No...

—¿Así? —inclinó la cabeza, y su sonrisa se ensanchó.

Dios. Otra vez ese encanto de mierda. El mismo que usaba para convencerme de quedarme en casa cuando tenía que madrugar. El mismo que usaba para que le perdonara las ausencias. El mismo que me hizo creer que podía cambiar.

—Mira —respiré hondo—. No sé qué te pasa. No sé si fue el golpe, si te volviste loco, si te despertaste con ganas de hacer el... Pero tengo que decirte algo: este fin de semana me voy con mi novio. Así que te quedas tú con Nico.

Su sonrisa desapareció.

—¿Novio?

—Sí, novio... Un hombre. Con el que salgo, porque estamos divorciados, ¿recuerdas?

—No —negó con la cabeza—. Eso es imposible, tú eres mi mujer.

Me quedé mirándolo, luego miré a Nico y luego volví a mirarlo a él.

Y empecé a reír. En una risa nerviosa e histérica, que llevaba cinco años contenida.

—¿Tu mujer? ¿TU MUJER? —la risa se cortó de golpe—. Zarek, fuiste TÚ quien me exigió el divorcio. ¿No te acuerdas? Llegaste a casa un día, me miraste como si fuera un mueble, y dijiste: "Esto no funciona. Necesito mi espacio. No puedo darte lo que necesitas". ¿Te suena? ¿Algo de eso?

Él me miraba sin entender. Con esa cara de póquer que siempre ponía cuando no quería enfrentar la realidad.

—Y ahora —seguí, sin poder parar—, ahora resulta que soy tu mujer. Ahora resulta que te importa. Ahora resulta que...

—Mamá —la vocecita de Nico cortó mi discurso—. Papi te hizo enojar otra vez.

Ambos miramos hacia abajo. Nico nos observaba con paciencia.

—No, cariño, yo no estoy...

—Siempre pasa —suspiró Nico, encogiéndose de hombros—. Papi dice algo tonto, mamá se enoja, papi se queda callado, mamá dice muchas palabras, papi se queda más callado y yo me aburro.

Zarek lo miró. Luego me miró a mí. Luego, en voz baja, murmuró algo que no entendí del todo:

—¿Qué clase de idiota es el dueño de este cuerpo?

Nico y yo nos quedamos mirándolo.

—¿Cómo dices? —pregunté.

—Nada —negó rápido—. Nada. Hablaba solo.

—¿Del dueño de qué cuerpo? —insistió Nico, que tenía un radar para las cosas raras—. Papi, tú tienes un cuerpo. ¿De quién más va a ser?

Zarek abrió la boca, la cerró y volvió a abrirla.

—Es una... forma de hablar —dijo al final, sin convicción.

Nico y yo intercambiamos una mirada. La misma mirada de "está loco" que habíamos compartido cientos de veces.

—Bueno —suspiré, pasándome la mano por la cara—. Me voy. Tengo que hacer la maleta. Nico, pórtate bien. No le des guerra. Si pasa algo, me llamas. ¿Vale?

—Vale, mamá —Nico asintió con seriedad.

—Y tú —señalé a Zarek—. Comida en la nevera, su merienda a las cinco, baño antes de cenar y nada de dibujos hasta tarde. ¿Entendido?



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En el texto hay: cachorros y familia, ex esposa, alfa humana

Editado: 19.03.2026

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