Zaticania

02 - Tierra: Trabajo

Cuando dos personas se encuentran y crean un lazo positivo con tiempo y dedicación, se crea una amistad que puede ser la relación más diversa entre todas. La de Joon y Aram era compleja.
La amistad era un vínculo profundo con altibajos que enfrentar, Joon los conoció desde muy temprano cuando Aram lo insultó de tantas formas posibles apenas cayeron al planeta tierra en su escape. No eran amigos en ese momento, Joon ni siquiera sabía que podía tener amigos o qué podía crear una amistad.
Aram era poco sociable, odiaba tener que convivir con Joon demasiado tiempo, no era fanático de lo ruidoso que se podía volver Joon cuando estaba descubriendo cosas nuevas y le parecía agotador verlo todo el día. Joon por su parte intentaba incluir al híbrido en su vida por un sentimiento naciente de la soledad que vivió durante toda su vida, buscaba a Aram hasta debajo de las piedras los primeros días y el pobre gato ya no sabía donde más podía esconderse.
Convivir entre ellos fue tan duro y diferente que les ocasionó múltiples problemas, Joon tenía que aprender a nivelar sus emociones o Aram se iría, mientras que Aram tenía que aprender a convivir con Joon si quería seguir junto a él.
Pero existen veces donde es casi muy imposible vivir juntos sin rozar, uno de esos problemas eran como el de la mañana siguiente a la ida de Joon y Hael a la iglesia, Aram se sintió desconcertado cuando Joon sugirió tener que hacer actividades físicas para obtener más dinero, que claramente no necesitaban, con la excusa de que todo terrícola necesita tener un trabajo.
—No digas estupideces, Joon.
Aram caminaba a su alrededor. Mirándole con esos ojos juzgones que Joon tanto odiaba, el zaticano estaba parado a mitad de la casa después de practicar mentalmente como decirle a su amigo que quería trabajar.
Hasta había buscado en Internet como decirle a su amigo mitad gato que necesitaban un empleo sin morir en el intento y sin bórax. Pero no le salió muchas cosas realmente, sólo hombres con demasiado músculo usando correas y orejas de gato, Joon no quería saber la razón para usar ese tipo de cosas sin realmente ser un animal.
— No estoy diciendo estupideces, intento que tú y yo nos adaptamos mejor.
Joon no estaba de acuerdo que Aram fuera tan negativo, aunque fuera parte de su esencia y casi muy difícil de borrar, tenía que apoyarle en conseguir una forma de adaptarse mejor a la sociedad en la que estaban viviendo.
— ¿Adaptarnos? ¡Esto no es adaptarse, es una locura total! ¡Ese doradito te lavó el cerebro y no te has dado cuenta! —Aram gruñó con su voz sonando casi chillona como el quejido de un gato, levantó los brazos al aire como si estuviera cansado y encaró a Joon cuando el mismo se ofendió por tercera o cuarta vez desde que Aram había agarrado la maña de culpar a Hael por todo lo que pasaba a partir que de conocerlo, apenas unos días atrás.
— Él tiene nombre y es Hael Kim, ¡nos está ayudando! —soltó con los ojos entreabiertos.
— ¿Ayudar, dices? Joon, no sabe que eres de otro planeta y otra galaxia, pedazo de zaticano inútil. —Aram no había tratado en ningún momento con ese chico que vivía a lado por dos razones, no quería ni verlo y no podía hablar con él a base de su vocabulario reducido a menos de diez palabras en dos idiomas completamente diferentes.
— ¡Es amable con ambos!
Hael había llevado una docena de galletas de chocolate al departamento de Joon con esperanza de conocer al rommie de su nuevo amigo, se había encontrado con un gato negro que le dió un manotazo y a Joon mandando a volar al mismo gato.
— ¿Sólo por qué te ofreció un pedazo de papel y te llevó a pasear?
Aram ya había vivido esto dos veces, hace apenas unos meses atrás después de ser estafado para ver a The Weeknd. Joon había sido engañado sobre comprar un pedazo de papel dorado con morado y muchos diseños bonitos cuando iban pasando en busca de un lugar donde comer, el chico se había plantado frente a ellos y les había ofrecido los papeles porque él no podía entrar a la reunión que estaban celebrando toda la multitud de ahí, según él, alguien le había regalado los boletos y ahora no podría entrar porque tenía una urgencia. Joon estaba maravillado con los pedazos de papel decorado y aceptó comprarlos a un precio elevado sin realmente pensar que el dinero era específicamente para la comida de la semana. Aram no podía dejar salir a Joon después de ser engañado dos veces en el mismo lugar por pedazos de papel para ver a una mujer de cabellos dorados y ropa brillante o a un hombre con cabello raro.
Aram no pensaba vivir esa tortura, torció su boca en una muñeca y se cruzó de brazos frente a Joon con la luz de la mañana empezando a brotar por entre las cortinas. Aram ya estaba de mala humor desde que a Joon se le ocurrió levantarse de la cama antes que el sol y encender luces con la excusa de ser una persona productiva como su nuevo amigo le había contado.
— Me llevó a la casa de Dios, del creador —dijo—. Me está enseñando a ser normal como él y como todos los de este planeta y tú eres un envidioso.
Aram se agarró el entrecejo con sus dedos intentando encontrar la paz interior del maestro tortuga. Ser de otro planeta implicaba no poder adaptarse al instante, eran sumamente diferentes y ambos un engranaje que obstruía la utopía de sus planetas.
— Ese Dios es inexistente, ¿Sabes cuantos existen? Miles. —Aram recalcó la última palabra con sorna—. Ese Dios es uno de tantas religiones existentes, nadie nunca lo ha visto y...
— ¡Juan sí!
Joon lo interrumpió dejándolo callado por unos segundos, suficiente para notar la expresión del zaticano empezar a perder la paciencia que siempre tenía. Aram no entendía nada, ni su verdadera intención detrás de esas palabras o del nombre que acababa de soltar. Había investigado sobre el tema de Dios desde que Joon mencionó al susodicho, estuvo todo el tiempo fuera del alcance de Joon como para poder buscar información sin que el hombre le cuestionara hasta lo más mínimo. Tal vez se había topado con dificultades como el idioma, pero puedo arreglarse mejor con los contenidos visuales que le lanzaba su pequeño aparato.
— ¿Quién? —cuestionó sin entender realmente.
— Juan, es un señor que conoció y predicó a Dios.
Joon lo miró a los ojos intentando verse firme a sus palabras, Aram le sostuvo la mirada buscando más a través de ella, se calló por un segundo. Estaba cansado de esta etapa nueva de Joon y apenas llevaban unos días sumergido en ella.
— Mientes. —rechinó levemente los dientes.
— No lo hago. —afirmó.
— ¿Y conoces a Juan? —Joon se quedó callado sin saber que decir—. No lo haces, ¿cierto?
— Bueno, no exactamente pero...
Aram sonrió con ironía, se alejó de Joon para sentarse en el sofá más cercano y taparse el rostro con ambas manos antes de mirarle por el rabillo. Aram tenía las de ganar y lo sabía. Era astuto para este tipo de cosas, aunque realmente no necesitaba forzar tanto su cerebro para situaciones como estas. Hael podía lavarle el cerebro a Joon con la existencia de un todo poderoso que todo lo ve y todo sabe sabiendo que contaba con la vulnerabilidad de Joon ante cualquier hecho que lo ayude a salir de su problema con Zaticania.




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