Zaticania

03 - Tierra: El maeto y sus humanitos

Joon no esperaba que Aram consiguiera el trabajo. Mucho menos que sólo él tuviera el trabajo que Joon sí quería.
Cuando se presentaron frente a la veterinaria con un folleto que la madre del tal Minsu le había dado a Hael antes de irse, no esperaban conseguirlo.
Para empezar, estaba la pésima cara que cargaban todos en el recorrido desde que habían salido de aquel lugar, iniciando con la cara de atormentado que Hael tenía o las expresiones cambiantes de Aram. Joon estaba incómodo. En otra ocasión, tal vez ir en medio de ambos podía ser una oportunidad para conectarlos, no separarlos. Había una chica con cabello largo que les sonrió, abrió la boca seguramente para hablar, pero estaba Hael desviando la mirada y Aram rodando los ojos. Joon sí quería saber que saldría de sus labios anormalmente rojos.
También estaba eso de la comunicación, Aram pasó gran parte del camino hablando entre murmullos que apenas podía entender. Luego estaba Hael con la mirada pérdida como si le faltara algo. Joon no sabía que era, pero le generaba una curiosidad palpante.
¿Qué era ese vacío en sus ojos?
Sabía dónde caminaba, se aseguró de que Joon no chocara con más personas y jaló levemente de su ropa sin llegar a tocar su cuerpo por sobre ella. Estaba al tanto de los sonidos, de cada saludo que se le dirigía con amabilidad, notaba los cambios de los semáforos o los anuncios publicitarios en las calles. De alguna forma podía captar su entorno aún cuando estaba perdido en el mar de su mente.
En la veterinaria, Aram se vió en un gran debate. No sólo habían gatos como él que le llamaron la atención, o la campana anunciando su presencia. También habían caninos, roedores y aves. Aram no era un gran fanático de ellos. Cada peludo emitía sonidos que llamaban su atención como cazador nato, como víctima y como animal. Le picaba la ropa levemente, necesitaba sus sentidos agudos de miníno en su forma correcta, no de forma secundaria como la mantenía en su cuerpo humano.
— Hay personas. —Tal vez Joon lo decía por la dilatación de sus pupilas o la pequeña gotita que cayó al piso en cuanto enterró sus garras en sus propias palmas. Se preocupaba por minorías, solía hacerlo poco hace de unos meses, poco a poco se perdió en un desbalance entre confiar y no hacerlo. Como preocuparse si salía de casa a cualquier hora o confiar en gente que le regalaba papeles.
— ¿Sí? Y yo que pensé que en un mundo con más de ocho mil millones de personas, éramos los únicos. —Aram replicó con la voz cargada en cada palabra.
Hael no los miró. Cuando se acercó con la encargada ni siquiera se volteó a verlos. Joon sí.
Lo observaba fijamente buscando si la razón por la cual dejó de hablar era por negarse a darle la mano o tenía que ver con la plática privada que había mantenido con la madre de Minsu unos momentos atrás en la florería. Hael jugaba con un bolígrafo que tomó del mostrador, girando y golpeando aquel tubo relleno de tinta con un mecanismo básico y fino para la expulsión de la misma. Magnífico.
Joon se quedó a escuchar la conversión que mantenía aquellas dos personas, interesado en el cambio de Hael y el pelo antinaturalmente rosado de la mujer frente a ellos. Aram se fue a investigar.
Joon no le tomó importancia, realmente no le interesaba en lo más mínimo si su compañero tenía curiosidad por primera vez. Era muy común ver a Aram con cosas nuevas, usándolas como si no fuera la primera vez, la poca emoción que presentaba no era miserable, solamente que Joon tomó lo que le faltaba y la hizo suya para demostrarla en cada objeto nuevo que conociera. Desde las orejeras con sonido «que Joon descubrió poder conectarse a si mismo y escuchar cualquier sonido proveniente de su cuerpo uno de esos días donde Aram regresaba tarde» hasta la innovadora comida rápida que aquel felino llamaba arte. Entonces era raro.
Como su mínima reacción a la flor que tuvo en sus dedos y desapareció.
Probablemente la había tirado, tal vez la guardó o simplemente la devolvió. Y estaba bien, porque Aram no tenía el mínimo indicio de miedo a absorber la flor si se descuidaba, si olvidaba usar los guantes o un día dejaran de servir para siempre.
Tocó los mostradores donde residían los animales con una mirada indescifrable. Casi oscura. Como Hael. ¿Cómo podían tener miradas tan profundas cuando los ojos no están formados por tantos músculos que permitan expresarse de tal forma? Eran ojos, nada más.
Aún así fueron los que más hablaron en una lengua distinta que Joon no entendía, Aram susurraba pequeñas palabras a las jaulas frente a él, algunos animales chillaban y otros gruñian. A cada paso, su ojos fijos y sus garras chocando con el metal de aquellas jaulas. Sus murmullos eran silenciosos, apenas audibles a sus pobres oídos, podía escuchar en segundo plano a Hael usar el mismo tono de voz para hablar con la señora de bata blanca.
— Son buenos. Joon es amable y tiene una capacidad mental impresionante, podría ser perfecto para este trabajo.
Aram ronroneaba con algunos gatos cercanos a él en una frecuencia que sólo ellos eran capaces de escuchar y sobre todo, entender. Joon no estaba seguro, pero podia jurar que estaban en una conversación importante.
— ¿Y él?
— Aram es su compañero, busca trabajo bajo el mismo contexto que Joon. —las miradas cayeron de pasada en Aram y su mundo gatuno para acabar sobre Joon con una invitación notable a algo que el pobre zaticano no entendía—. Aunque de él no sé mucho.
Joon les regresó la mirada con el nerviosismo enterrado bajo el intento de máscara que no engañó a nadie.
— ¿Por qué me miras?
Probablemente creían que Joon era estúpido o se cayó de chiquito. Pero él nunca fue chiquito. Y bueno, Hael nunca pensaría tal cosa, mucho menos de alguien tan singular como él. Era juzgar a una persona sin conocerla.
— ¿Nos cuentas un poco de Aram?
La paciencia de Hael era antinatural. La veterinaria lo creía fielmente. Joon no entendía la razón de aquella mujer para mirarle con las cejas levantadas y los labios un poquito abiertos como si estuviera trabada.
— No le gustan las verduras, rasguña cuando está de mal humor y sale antes del atardecer mundano. —dijo—. Le gusta el pollo, tiene muchos juguetes y...
— Nos referimos a sus habilidades, Joon. —interrumpió Hael con una risita saliendo de entre sus labios.
¿Aram tenía habilidades? ¿Qué tipo de habilidades? Joon no lo conocía por completo, apenas llevaba unos meses con él y lo poco que aprendió del mínino eran migajas que recogía de sus actitudes y respuestas, no hablaban de si mismos, o al menos, eran conversaciones unilaterales. Sabía lo básico por investigaciones personales, investigaciones que todos los zaticanos debían de conocer. Eran una especie que buscaba el conocimiento por encima de cualquier cosa, uno de los principales planetas que debían conocer eran aquellos con especies instintivas con la ley del más fuerte. Ni siquiera sabía su nombre real aunque Aram sí conociera su serie de identificación.
Un hombre misterioso con bigotes de gato.
— Ah... pues es como un gato. —No resolvió ni una sola duda que residían en ambos profesionistas. Era una respuesta que se podía interpretar de muchas formas.
— ¿Le gustan los animales?
— Tal vez, dependiendo la especie. —Casi se lo come un perro con intenciones asesinas apenas se encontraron a unos pasos de su alcance, Aram le había gruñido mientras Joon lo atrapada entre sus brazos y huía unos metros, fue claramente inútil porque el perro le desgarró una pequeña parte de su camisa cuando intentó lanzarse contra ellos, Joon iluminó los ojos en un tono azul zafiro cuando lo tuvo a menos de un metro de distancia, el animal chilló y retrocedió totalmente. Auquella vez, Aram se fue por más tiempo y lo dejó solo en casa por más tiempo que de costumbre, cuando regresó, Joon prometió no volver a ofender su orgullo de tal forma, Aram no habló con él ni se detuvo a verle, calando sus nervios y cerrando la conversión—. Pero sí.
— ¿Puede ayudar con el mantenimiento?
— No lo sé, es probable que sí. —¿mantenimiento de qué? No entendía que tipo de solvencia necesitaba. Pero Aram necesitaba eso para ser normal, ser un humano corriente que no levantara sospechas, lo haría.
Bueno... probablemente lo haría.
Como si lo pudiera invocar con el pensamiento, el mismísimo Aram apareció a su lado con una expresión indescifrable que le dejó mucho más difícil el trabajo a Joon de adivinar qué es lo que piensa.
— Aram. —susurró.
— ¿Lo lograste o te rechazaron de nuevo?
Aram tenía esa sonrisa con sorna que poco a poco le agarrabas gusto, una sonrisa ladina donde sus colmillos eran evidentemente filosos y anormales. Daba miedo las primeras veces, sus ojos ragados dejaban ver sus pupilas dilatadas y esa amenzante mirada inyectada. Joon podía sostenerle la mirada por unos segundos y después desviaba la mirada, a Hael no le gustaba la evidente amenaza de Aram aún sin conocer el significado de las palabras en sus bocas barridas.
— No me rechazaron. —contestó molesto.
— Claro que no, te mintieron con algo tan simple que ni siquiera debería contarse como una mentira. —sus burlas eran naturales, ni siquiera tenían sentido y salían de forma natural, Joon las llegaba a odiar sin demostrarlo realmente.
— El señor Park me va a contratar.
— Eso te gustaría creer a ti. —Aram miró al maestro con una ceja levantada y esa expresión aburrida como si sobrara en aquel lugar.
— Me lo prometió. —Joon insistía sin darse por vencido.
— ¿Y sigues cayendo en cada mentira que te dicen?
No son mentiras. Probablemente en cada una de ellas si eso significa que verá más allá y no acabará muerto, probablemente creía en las mentiras porque solían tener un propósito razonable para las personas que las creaban, mismas que insistían en ser lo correcto y se derrubaban cuando su mentira perdía fé.
— No me han mentido.
No.
— Claro que no, como el doradito y esa sombra en su paso o cada humano que te ofrece pedazos de papel. —Hael no juzgaba a Aram, lo conocía en lo más mínimo como para conocerlo, ni siquiera habían intercambiado palabras desde el uno del otro conocen su existencia y eso definía su inexistente conexión. Pero ver a un chico como Joon retroceder un paso para sostenerse a si mismo y una expresión aturdida lo hacía hacerlo, algo había en ese chico misterioso que acompañaba a Joon cuando le convenía e ignoraba sus palabras cada que podía. Aram odiaba a Hael y Hael estaba seguro que ese hombre no iba a ser santo de su devoción si seguía de tal forma. No iba a permitir que fuera por la vida tratando mal a un chico que parecía no tener voz frente a él.




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