Joon había aprendido mucho estos últimos días.
La primera era, que Hael era ser más honesto en la faz de la tierra.
La segunda, que los piercing eran geniales.
Y la última.
Las personas podían ser crueles algunas veces.
Joon vivió un par de experiencias hasta que con el miedo haciendo cosquillas en su nuca, se vió obligado a admitir que la mitad de las personas mentían para dañar a otros. Para salvarse a sí mismo.
Esas personas que se aprovecharon de él le llegaron a mentir para aprovecharse de su ignorancia. Aram solía decir que absolutamente todos jugaban con él por la cara de tonto que tiene. Joon ya le había repetido infinidad de veces que no podía cambiarse la cara porque con esa fue creado, aún así su amigo insistía en que era su culpa que cualquiera pasar por encima de él por lo débil que era. No se equivocaba mucho, pero de alguna forma recordar que era débil lo hacía sentir pequeñito en un mundo donde los fuertes decidían por ti.
Aunque odiaba admitirlo, efectivamente, tenía cara de tonto.
Probablemente la gente a su alrededor lo usaba a su favor para beneficiarse de él. Cuando Hael llegó a su vida, fue un respiro para el pobre zaticano, alguien lo ayudaba sin resentimiento ni nada oculto, con total transparencia en sus acciones que Aram podía jurar no existía.
Hael no sólo le tendió la mano con un librito de dibujos, también lo hizo parte de su rutina diaria de alguna forma, como ir a la iglesia juntos a orar o compartir tiempo para ir por el mandado. A Joon no le gustaba la idea de hacer mandados, pero junto a Hael, era divertido aprender sobre vegetales.
Los tomates más duros eran perfectos para una ensalada mientras que los suaves para salsa de tomate. Las cebollas te hacen llorar porque liberan compuestos sulfurados al romper sus células, a Hael le gustaba pelear imaginariamente con ellas como si fuera un drama de televisión. No tenía sentido pero era divertido.
Pero también.
Joon había aprendido un par de cosas en la iglesia. Cosas bonitas que la señora amable y Hael se encargaron de enseñarle. Así como algunas que no lo eran tanto.
Como la historia de la serpiente que tentó a Eva con el fruto prohibido.
Aquella señora amable les sonreía a ambos y besaba sus mejillas con dulzura. Al menos la de Hael, Joon temía por la vida de aquella mujer si lo tocaba con los labios. No sabía si eso podía tener consecuencias. Prefería tenderle la mano para que con las suyas llenas de arrugas y pliegues, envolviera cálidamente sus dedos en una forma muy dulce de transmitir seguridad. Aquella señora tenía dos hijos que vivían en Europa, solían visitarla todas las vacaciones hasta este último verano donde tuvieron problemas para viajar, pero no había problema, las siguientes vacaciones irían ambos.
Ella era tan dulce como la madre de Minsu, pero habían diferencias en ellas. La madre de Minsu era demasiado salvaje tal cual un tulipán, la señora de la iglesia era más cálida como una colcha rellena. Cuando se lo comentó a Hael, él sólo rió por la comparación mientras le daba la razón.
Hael no sólo era maestro y Cristiano, también ayudaba a la iglesia con los niños del coro. Por eso mismo lo dejó con la señora amable mientras los niños del coro se colgaban de su ropa entre alardidos indestinguibles. Chillidos que se escucharon en toda la iglesia hasta que desaparecieron de su vista.
Le gustaban los niños. Joon podía notar como la alegría lo invadía cuando tenía contacto con un pequeño humanito, cuando se permitía sonreírles en la calle con tan sólo contacto visual y como su mundo giraba alrededor de ellos. Hael amaba su trabajo, así como Aram el salmón. O como Dios amaba a sus hijos. Aunque Joon no entendía la razón para castigarlos después de la muerte en agonía eterna. Pero Hael le había prometido explicárselo después de que acabara con esos niños cantores.
— Oye chico. Jonh-ah ¿verdad?
Alguien le había hablado, y como era costumbre, Joon giró automáticamente a buscar a la señora amable en busca de ayuda, aunque no la encontró en ningún sitio. Lo había dejado ahí lidiando con esa señora y se había ido a otro lugar sin avisarle. O tal vez sí lo hizo y Joon no la escuchó.
— ¿Quién es usted?
Esa señora siempre estaba en una esquina en las primeras bancas de la iglesia, normalmente traía una fila de cuencas que Hael había llamado rosario y un libro pequeño conocido como biblia. Siempre parecía hablar sola durante la misa. Joon no la conocía demasiado.
— Yo... bueno, soy la señora Watson, vengo siempre a misa de ocho de la mañana y seis de la tarde. —Dijo—. Los veo todos los domingos en misa de doce. A ti y a ese chico.
Joon nunca ha ido a misa junto a Aram, sólo con Hael. Lo que le parecía extraño, porque Hael parecía conocer hasta a los vendedores ambulantes que pasaban por ahí. Era imposible que esa señora no conociera a Hael o mínimo su nombre.
— ¿Hael?
La señora hizo una mueca como si el sólo pensamiento de Hael le provocara fastidio. Joon no quería estar ahí. Menos con una señora que no conocía sin tener a un mediador. Como Hael, la señora amable o Aram.
— Sí... él. —no entendía lo que estaba pasando, jamás había escuchado tanto desprecio en una palabra y menos cuando el tema era el rubio con bonita sonrisa que parecía amar al mundo.
Aram tal vez podía ser una excepción. Pero hasta él no hablaba de Hael como lo estaba haciendo esta señora de pelos platinados como de alambre. Menos de tal forma.
— Claro. —susurró buscando a la señora amable con la mirada.
Aquella señora notó su incomodidad, prefierió dejar las formalidades.
— ¿Sabes lo qué es?
Un humano.
Un maestro de kindergarten.
Un cristiano.
Un vecino.
Un amigo.
Un primo.
Un rubio que le gusta mostrar lo mejor de sí mismo.
Era Hael. Un algo muy importante para el mundo.
— ¿Sí?
Aquella señora no lo interpretó como debía.
— No lo sabes ¿Cierto?
Y tal vez tenía razón, conoció a Hael cuando él mismo llegó al edificio donde vivían, no se conocían lo suficiente. Joon no esperaba la realidad que le esperaba después de esa pregunta, cuando se lo comentó a Aram, por alguna extraña razón, dejó de ser despectivo en contra de Hael y chasqueó la lengua prohibiéndole volver a ver a esa mujer de nuevo.
— Ese chico no es normal.
Eso lo dejó aún más confundido. No sólo Aram y su autoridad, no sólo las palabras de esa señora. Era Hael. Hael se comportaba como todos los humanos en la tierra, se mezclaba bien entre ellos como la salsa con los alimentos, él era normal.
— ¿No lo es?
— Obviamente no lo es. —respondió totalmente ofendida—. Los pecadores vienen arrepentidos a la casa de Dios a redimir sus pecados, buscan el camino correcto y el perdón de nuestro padre. Él no lo hace, él sigue pecando una y otra vez desvergonzadamente. Él no es una buena influencia para ti, niño. Te digo esto porque pareces ser un buen chico.
Hael también lo era. El padre John lo decía. El padre John era alguien muy inteligente, también muy risueño, le gusta hablar sobre Dios como si fuera su más íntimo amigo con el que vivió muchas anécdotas. Hael siempre reía con el padre John y sus ocurrencias, solía decir que era un hombre demasiado carismático para la iglesia, por eso, a diario transitaban personas que pedían conocer al padre, algunas no volvían, otras se quedaban de por vida.
El padre John tenía ese efecto en la gente, cuando Joon le preguntó la razón de su comportamiento inusual, él sólo le respondió con un "Tengo el presentimiento que a Jesús le gustaría ver alegría entre su gente y no miedo y benevolencia", Joon lo tomó como una respuesta y no volvió a dudar del padre John.
Él sabía mucho sobre Dios, sobre sus hijos. Sobre todo y sobre nada a la vez. Si el padre John decía que Hael era alguien transparente, —que eso era mentira porque Hael tiene color, Joon se lo dijo, él sólo se rió diciendo que era una de decir que Hael era alguien abierto y honesto— es porque Hael, efectivamente, era alguien transparente.
— No lo estoy entendido, señora. — tenía el ceño fruncido a más no poder.
Si ese chico no veía el mal que había en el chico Hael, entonces sólo había un camino probable.
— ¿Tú también eres uno de ellos?
Uno de ellos. Un humano probablemente o un algo que Joon no conocía en lo más mínimo y que era algo malo que sólo ella reconocía en el rubio.
— ¿De ellos?
— Anormal.
Hael no era anormal. Hael no lo era. Joon tal vez sí, no se adaptaba muy bien a ser como el resto de humanos que vivían en la tierra, pero la palabra anormal sonaba muy mal en sus labios.
Porque ser anormal implicaba que tanto Joon como Hael no encajaban en el mundo, que no podían hacer lo que el resto de personas eran capaces de hacer de forma inconsciente.
— No. No puedo.
No podía ser anormal. Eso implicaría irse a otro planeta lejos de Hael, los cómics y la iglesia. Lejos de la comida rápida y los palillos bonitos de madera. Esa señora frente a él intentó estudiar su comportamiento como un cazador a su presa, Joon se sintió vulnerable. Ya no quería estar ahí con ella, no quería hablar con esa señora, sólo necesitaba volver con la señora amable junto a Hael. Esa señora lo miraba como si fuera capaz de ver por debajo de su piel.
— Escucha, él no es bueno para ti, te va a llevar a la tentación.¿lo entiendes verdad?
Intentó tomarlo del brazo. Joon abrió los ojos a más no poder dando un paso hacia atrás.
Lo estaba tocando. Lo estaba tocando por encima de sus tatuajes con su piel arrugada y fría haciendo contacto con la calidez de la propia. Joon no podía tocarla para apartarla o cabía la posibilidad de que esa señora terminara mal, muerta o hecha un dibujo más.
¿Qué podía hacer?
Todo se sentía frío. No tanto como el contacto de esa señora. Como el hielo quemando la piel.
Esa señora estaba tranquila esperando su respuesta.
¿Cuánto tardaba su brazo en absorber? ¿Podía hacer eso sin necesidad de usar sus dedos? Sentía las ondas familiares recorrer su columna como si fuera un invertebrado recorriendo poco a poco su cuerpo.
Tan tranquila sin saber que estaba tomando a un monstruo.
Los escalofríos eran dolorosos cuando podían llegar a su antebrazo para iluminar sus tatuajes. Esa energía inusual que sólo los zaticanos podían sentir. Esa energía que parecía venir desde aquella esquina de la Iglesia donde siempre colocaban varios Ramos de flores para los santos.
Ni siquiera habló, nada salió de su boca abierta lista para gritar.
Porque había alguien ahí, como un destello zafiro entre las rosas blancas adornadas en un redondo adorno. Alguien que parecía entender el pánico de Joon, alguien que era capaz de hacer lo mismo que Joon. Alguien que-
— Señora Watson, que gusto verla hoy. —y como si fuera un ancla, como si alguien lo hubiera escuchado, por fin fue salvado—. Veo que ya conoce a Joon, es nuevo en la iglesia.
Fue despacio, la mano de Hael se posó encima del brazo de esa señora con delicadeza. Y eso fue suficiente para que ella la retirara de su brazo.
Hael lo notó antes que nadie más. Notó a esa señora que tanto le gustaba tener su nombre en boca hablar con Joon, había visto los nervios que estaban atacando a su vecino tan rápido como que ni el tiempo que pasaron hablando les hizo justicia.
Ver a Joon ser tocado por alguien cuando al parecer tenía algún tipo de miedo al contacto físico fue el detonante. Nunca se metía con esa señora, pero hoy, hoy era diferente porque ya no sólo dirigía su odio a Hael.
Cubrió a Joon con su propio cuerpo sin tocarlo, dándole la espalda y evitando que esa señora indague más en los comportamientos del pobre hombre.
— Me di cuenta.
Sonaba tranquilo. Pero aunque su voz fuera como el agua fluyendo, que sus hombros estuvieran relajados. Joon sabía que la cara de Hael era otro dilema. Esa señora había retrocedido como el color desapareciendo apenas de su rostro.
— Le agradecería que dejara a mi amigo junto a mamá Lina, en su consecuencia con cualquier otro miembro a cargo. —alzó un poco la cabeza, afilando su mirada—. Por seguridad.
Era un milagro que esa señora encontrara la voz después de esto.
— Sólo lo estoy saludando. —susurró con recelo.
— Me parece que no es así, pero suelo tener mal ojo con las intenciones. —dió un paso listo para irse—. Nos tenemos que retirar, gracias por su amabilidad, señora.
Hael lo abrazó por los hombros, curiosamente no tocaba en lo más mínimo a Joon. Curiosamente era como dos polos idénticos repelándose, logrando que uno se aleje del otro sin mantenerse en su mismo campo magnético. Y aún más curioso, no preguntó sobre la conversión que había tenido con aquella mujer, ni siquiera se veía curioso o desinteresado, nada. Sólo una sonrisa tensa que se suavizaba conforme se alejaban de aquella mujer.
Si Hael era pecador, no había tanto problema, él lo había reconocido la primera vez. Había dicho que la iglesia no era lo mismo que Dios aunque fuera su casa. No entendía del todo lo que estaba pasando. Quería preguntar pero no era capaz de articular ni una palabra.
Hael no lo miró en ningún momento. Tal vez estaba enojado con él, tal vez estaba decepcionado porque no se pudo defender de aquella señora. Parecía enojado, Joon no era capaz de detectar muchas emociones. Pero la ira era de las pocas que podía ver a larga distancia, la ira de los otros hacia él era como flamante fuego contra su cuerpo frágil, podía sentirla como carcome lentamente su cerebro.
La ira era por su culpa, él había hecho enojar a Hael, Joon lo vió en los puños de Hael y esa vena que se marcaba en su brazo estaba siendo tensada como una liga. Joon ya no tenía palabras que lo defendieron
Sólo lo siguió con la cabeza abajo buscando por el rabillo del ojo el peligro que amenazaba constantemente como destellos en lo normal.
...
Amigos.
Era una palabra difícil. La excursión fue divertida y le enseñó cosas importantes sobre los amigos.
Aunque para Cody no parecía tener mucho peso. El niño estaba agarrado de la mano con Joon y un helado en su otra mano mientras platicaban sobre unos superhéroes llamados Vengadores. La madre de Cody había venido también junto a su gemelo, ambos lo seguían por detrás mientras comían paletas de hielo. La madre de Cody era muy amable, le había comprado un helado a Joon también y le agradeció por cuidar de su hijo la semana pasada cuando Roody faltó por una infección de estómago fatal.
Ella le dijo que esperaba que Cody llegara decaído de la escuela. Cuando fue todo lo contrario, se sorprendió completamente, su hijo no paraba de hablar del chico de tatuajes de sushis que se sentó a su lado y aceptó ser su amigo. Alguien con cabello suave y de ojos rasgados. Le gustaba spider man como a él, le contó a Roody todo lo que hicieron, sobre el invitado especial del maeto y sobre todo, lo divertido que fue pasar tiempo con él.
Cody forcejeó con ella avergonzado. Roody simplemente reía divertido mientras picoteaba a su hermano.
Joon se había sentado con la señora en una banca desde muy temprano, él había llegado antes que Hael para ver llegar a los niños. Su trabajo era cuidarlos. Aunque también divertirse. Pero cuidarlos era lo más importante. Por eso mismo se la pasó toda la noche buscando cosas que los niños tenían permitido hacer y cosas que no podían. Como nadar en ríos o cruzar la calle solos. Pero Joon tampoco podía «sabía» hacer ninguna de esas actividades, así que no había mucho problema.
Hael le contó que irían en lancha con algunos alumnos a una pequeña isla con varías atracciones y un restaurante muy bonito para pasar el día. Le contó que la escuela había propuesto una excursión para los niños después de que ganaran un premio de algo sobre conocimiento. Sonaba importante.
Iba a ser su primera excursión y estaba emocionado.
Tal vez estaba un poquito nervioso de volver a ver a sus amigos humanitos talla XS. Se le pasó cuando encontró a Cody sentado junto a otro niño idéntico y una señora muy parecida a ambos. El niño pasó de sorprendido a emocionado en un segundo mientras se inclinaba a susurrarle algo a su madre.
Se saludaron como los adultos que eran y conversaron apenitas antes de que Roody insistiera en comprarle un helado al señor de la camioneta azul con diseños bonitos. Cody le preguntó su helado favorito, él respondió que nunca había provocado uno.
Cody casi muere del susto a su corta edad de cinco años.
Después le prometió que el de chocolate era buenísimo. Joon había probado el chocolate antes, si era lo mismo una barra a una bola de chocolate frío, claro que le gustaría.
—¿Qué te sucedió?
Hael era rubio cuando lo conoció, Aram lo llamaba doradito siempre por su singular tono brillante, sus alumnos también decían que su maestro era amarillo como el sol. La mayoría de las personas relacionaba a Hael con cosas brillantes por algo tan simple como el color de cabello.
Por eso mismo cuando llegó con un sombrero pesquero azul marino nadie sospechó ni un poco, pero cuando se quitó el gorro para acomodarse en cabello. Todos soltaron un grito ahogado como si al pobre hombre lo hubiera invadido algún tipo de ser maligno en la cabeza.
— Al parecer mi shampoo era un tinte de cabello. —los niños corrieron a preguntar, uno tras otro corrían para buscar respuestas.