Zaticania

05 - Tierra: Venganza con bigotes

Algunas veces Aram podía ser alguien pacifista. Odiaba desperdiciar la energía que claramente necesita y no había razón para dejarla en conflictos innecesarios.

Lamentablemente, hacerle maldad a Hael no era parte de esos conflictos innecesarios. Joon le había dicho ya varias veces que el doradito era inofensivo, pero cuando el pobre zaticano volvió con varios aros en el rostro y tambaleándose de un lado a otro con Hael riendo —seguramente de maldad pura—, Aram no le creyó. El doradito no sólo se había vengado del azul verdoso que traía en su pelo, si no que también se había desquitado con su compañero de casa.

Aram lo odiaba.

Cuando Joon llegó, llegó cantando. Algo sobre el amor y sus formas de manifestarse, una total mentira que probablemente Hael se encargó de mostrarle. Para cuando estaba cantando el ave maría, Aram ya estaba harto y listo para noquearlo. Gracias al universo, Joon se quedó dormido en el amén y no siguió con el credo.

Hael estaba extraño, pero no era por culpa del tinte en su shampoo y acondicionador.

νєίa a Joon con intensidad, como si pudiera ver a través de sus ojos. Aram lo observó detenidamente todo el tiempo que le llevó subirlo al edificio, inusualmente en silencio con sonrisas nerviosas que Joon borracho ignoraba por completo. Lo que fuera que pasaba por su cabeza, no era común con ese hombre. Si pasaba tiempo siendo miserable en silencio, era solo. Siempre sólo, cuando nadie podía verlo, nadie excepto Aram que poco le iba a importar sus sentimientos.

Todos eran miserables de una forma u otra, sólo aprendes a hacerlo llevadero.

Tanto él como Joon, como Hael o Minsu.

En especial Minsu. Un maestro que no parecía el mejor ejemplo a seguir.

Seguir.

Eso mismo hizo Aram para investigar la vida de todos lo que rodeaban a Joon y se veían involucrados forzosamente con él mismo. Aunque no era correcto, nadie podía hacer mucho con un gato callejero que camina cerca de ti.

Pero era imposible querer a ese tal Kim Hael. Joon lo hacía ver peor de lo que era.

El zaticano había empezado a visitarlo en la prisión para humanos pequeños, cada cierto tiempo pasaba a saludar "casualmente" a aquellos mocosos gritones. No era divertido en lo absoluto esperarlo ahí por horas o tener que regresar solo al departamento porque Joon quería seguir ahí, era horrible seguir con esa rutina donde su compañero de casa lo dejaba a un lado para pasar tiempo con gente fastidiosa.

Y lo peor de todo. Hael le sonreía como si se burlara de él. Como si supiera que él estaba ganando en ese juego de poder que Aram se inventó.

Kim Hael era una piedra en el camino que necesitaba fuera de sus vidas. Joon no estaba de acuerdo, pero Joon nunca estaba de acuerdo en nada. Siempre le llevaba la contraria porque estaba tonto. Por eso, cuando ideó un plan en contra del doradito para dejarlo fuera de la jugada, no se lo contó. Su plan perfectamente detallado con cinco tipos de alternativas por sí fallaba era perfecto, aún cuando sólo era una representación abstracta de lo que le pasaría a Hael representado como un brócoli, parecía lo más malvado que su pequeño ser de promedio metro y medio podía idear. Joon quedó petrificado con la matanza de vegetales en el plato de Aram, pero no replicó, Hael una vez le dijo que desquitarse sin afectar a otros es más sano que contenerlo. Le pareció que esa situación era un ejemplo.

Aram inició su plan con el nombre “Plan para eliminar al doradito del plato” que consistía en hacer que Hael se fastidiara tanto como para dejar de ver a Joon por su cuenta. Primero era el cabello que lo hacía dorado, era lo que Joon había notado primero en él y estaba listo para arrebatarlo, todos lo amaban por ese tono anormal de cabello. Se encargaría con mucho cuidado de él. Pensar en quitarle su distintivo a Hael le hacía gracia.

Por eso ingresó al departamento antes de que Hael y Joon llegaran de su rutina de paseos inútiles por la ciudad. Entró por la ventana de la sala con sus sustancias en una bolsa que apenas podía cargar por sí solo. La mesa que habían dejado justo debajo de la ventana pudo haber sido una ayuda si no fuera por los retratos y las velas tanto reales como artificiales frente a un retrato de mayor tamaño que los demás. Esa costumbre de los terrícolas de llenar superficies con cosas innecesarias era absurda.

No había nadie en casa, la mujer con las garras azules que le dió el número de su manicurista se iba justo después de Hael a su trabajo o con el hombre moreno sin cabello que parecía tener una maña con besarle el dorso de la mano cada que se veían. Asco.

Ella lo llamaba de formas tan distintas que Aram sintió náuseas sin realmente saber el significado de la mitad de ellos.

Esa mujer era rara como todos los terrícolas existentes en este planeta.

Se transformó de regreso apenas tocó el piso y fue directo al baño para evitar que algún chismoso lo viera desnudo en casa ajena. Aunque el baño era del mismo tamaño con las mismas baldosas que el de la mujer de uñas filosas, era muy diferente. El doradito mantenía un estilo más cómodo con colores miel en todos lados; la cortina del baño con patrones casi invisibles de rosas camuflándose con el fondo; el tapete del baño apenas felpudo con un oso de peluche de diseño con tonos miel; y por supuesto, las toallas que usaba para las manos y para bañarse. Era más agradable que el rosa jode retinas en el otro baño.

Había dos botes diferentes cuando sólo debía existir uno.

— Malditos humanos. —¿Por qué tenían diferentes nombres aunque el empaque fuera el mismo?

La lógica era sólo necesitar uno. Uno únicamente para lavar el cabello. Esto es sumamente frustrante. Le escupió a uno. Al otro también.

A uno le quitó la tapa para verter aquel químico que le cambiaría el color del pelo.

Al otro también.

Tal vez fue el karma o la suerte de Aram, pero colocar el tinte y decolorante en el orden correcto fue de ayuda para que el cabello de Hael tomara ese color verdoso fue la clave.




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