Minsu había llegado entre queja y queja.
No debía ser así. Sus días con Hael eran tranquilos y sus favoritos, ahora, hoy, específicamente, era tedioso.
Se había quejado aún más al ver a Joon en la habitación de Hael como si el enfermo fuera el entrometido y no su mejor amigo. Ese tipo estaba en la cama de Hael, acostado, jugando con la nintendo que Minsu le había regalado con mucho cariño, jugando a los pies de Hael como si no le importara la presencia de Minsu en lo más mínimo.
Jugando. Con Hael. Sin Hael pero en casa de Hael. ¿Estamos entendiendo el punto, verdad?
Y claramente no le importaba su existencia porque cuando llegó, ni siquiera lo saludó.
Todo un maleducado.
Minsu era de poca paciencia a diferencia de sus padres. Mientras ellos eran felices viviendo una vida tranquila con sus pequeños negocios y descansando un par de días para estar juntos, Minsu se exigía cada día para completar sus objetivos por muy absurdos que fueran. A veces ser parte de la vida de su amigo era tener que convivir con su eterna paz, Minsu la amaba de verdad, la tranquilidad de Hael era distinta, no te frenaba en lo absoluto, te permitía seguir a un ritmo donde el tiempo bailaba como las hojas cayéndose en otoño. Tomar su mano y sentir que podías respirar a su lado, decidir sin miedo, caminar tan rápido como quisieras porque la vida a su lado se limitaba a eso; estar vivo. Hael era esa estabilidad que todos deberían tener en sus vidas, se los deseaba a todos, de verdad, pero Joon era ese punto al que no le deseaba uno con esperanzas de que obtuviera el mismo sentimiento junto a su mejor amigo.
Ver a ese hombre comportarse de tal forma como si estar bajo el campo visual de Hael fuera suficiente era desconcertante, porque ni siquiera era seguridad, era una transparencia demasiado inocente para ser real. Actuaba como si viviera en un libro de esos que escribieron los europeos durante el romanticismo. Tan falso y fantasioso que daba miedo.
Le incomodaba Joon. Le incomodaba la idea de que Joon le estuviera mintiendo a su amigo. Le incomodaba que Joon fuera auténtico tal cual se veía. ¿Cómo alguien tan fundido en la ignorancia a la vida podía ser auténtico? No podía existir un hombre que no conociera la maldad de una sociedad ni las reglas que controlaban sus almas. Joon sonreía apenas como si más que ver la felicidad en una situación donde todo tenía su lado negativo, él viera algo tan simple y nuevo tal cual aprendiera desde cero. Joon no era normal. O tal vez tenía una discapacidad mental. O no era normal.
Cada que pensaba en Joon le daba migraña y algunos golpes mentales por pensar tan mal de él.
Se sintió aliviado cuando Joon se fue. Sora lo había llamado para comer cuando notó que el único plato que parecía extremadamente limpio era el de él. Sora podía ser estricta y odiaba que Hael se comiera sus galletas a pesar de comprar el doble de todo, pero jamás dejaría a un individuo con hambre. Y al parecer se sentía lo suficientemente cómoda como para llevarse a Joon por su cuenta todo el tiempo que Minsu pudo estar a solas con el enfermo acostado frente a él.
Minsu había tomado el lugar que el zaticano había dejado libre mientras Hael le sonreía cómplice, como si sólo existir los dos juntos ya fuera un secreto del cual nadie más podía entender su importancia.
Amaba ese sentimiento de comodidad que Hael le hacía sentir.
— Sé que quieres decir algo. —Sonrió cansado— traes el entrecejo fruncido.
Minsu suspiró poquito, sabiendo que a su amigo no le parecería bien lo que estaba a punto de decir.
— Hael, tu niñito adoptivo es un poco raro.
Minsu lo miró extrañado. Para su sorpresa, Hael perdió todo rastro vacilante para que su rostro tomara una expresión peligrosamente neutral.
— No le llames ni raro ni niño adoptivo —contestó—. Es un adulto independiente en todas sus facultades mentales, Minnie. No es común su comportamiento, pero eso no lo hace un fenómeno. —Minsu abrió la boca para replicar, Hael fue más rápido— no, tú y yo conocemos tu percepción del concepto de raro. Joon está en sus casillas, es un adulto totalmente autónomo como tú y como yo, así que no vuelvas a comparar a un adulto con un niño por tener acciones demasiado sencillas como para ser común. Joon es Joon, alguien simple que admira su entorno, es todo. Creo que hasta me parece fascinante lo poco que complica las situaciones más sencillas en los momentos más difíciles. Algo que nos vendría bien aprender, Minnie.
El tono que utilizó para remarcar su apodo no intimidó a Minsu. Nada era capaz en realidad, no tenía miedo, a nada ni a nadie y mucho menos a Hael, dudaba algún día sentirse intimidado por su amigo, probablemente fuera al revés antes que Hael llegara a dar miedo.
Lo que le parecía extraño era que Hael pudiera apegarse tan rápido a extraños cuando toda su vida vivió aislado por voluntad sin pasar tiempo de calidad con absolutamente nadie. Bueno, casi nadie.
Señaló la puerta cerrada con un breve movimiento de cabeza.
— ¡Pero míralo! —insistió—. ¡Se comporta como un niño y no se separa de ti apenas amanece el día, llevas más de un mes con él en tu vida y no te he visto en ningún momento libre!
Eran apenas semanas, semanas que estaba acostumbrado a no ver a Hael. Había pasado años sin ver en persona a Hael y meses sin recibir ni un mensaje después de…
— Que se comporte de forma más simple, no significa que no sea un adulto. —Insistió.
Hael no comprendía el rumbo de la discusión, no quería hacer suposiciones erróneas sobre la causa detrás de sus quejas. Porque si realmente empezara a divagar entre las intenciones ocultas que tenía Minsu para dar aquellas acusaciones de un hombre al que nunca había visto y apenas trataba con él, probablemente pensaría que su amigo estaba celoso de alguien que acababa de aparecer en su vida y poco a poco se introducía en su círculo cercano. Tal vez no iba a ser la primera vez que pasara, pero la última vez que aquella situación se había repetido, ellos eran un par de niños aprendiendo a gestionar sus emociones.