Joon tuvo un día independiente.
A lo cual debía llamarle día de la independencia. Había empezado hace unos días atrás desde que Hael había enfermado y él había corrido en su búsqueda. Después de aquel incidente donde Hael se enteró de su naturaleza destructiva por un ataque de —¿nervios? ¿Pánico? ¿Ansiedad? ¿Simple verdad? ¿PSICOSIS?—, Joon había quedado desinflado como un globo, Hael había elegido que era el mejor momento para sembrarle dudas sobre su cruz, un punto lo llevó a otro hasta que de alguna forma aquel camino de pensamientos terminó de nuevo en Aram y su pánico surreal.
O como sea que se le llame a ese comportamiento raro donde pidió y casi suplicó por él. Al llegar a casa él estaba ahí con su cabello negro más largo de lo que había estado en unos meses, inclinado sobre el sofá, mirando la pequeña pantallita en sus manos. Aram había descubierto la existencia de las redes sociales, para ser más específicos, los videos cortos que puedes publicar y todo el mundo para poder disfrutar sin desgastar más de medio minuto en ellos. La pantalla iluminaba su rostro de azul mientras deslizaba una y otra vez cada cierto momento, no dejando que los videos terminaran por si solos. De alguna forma encontraba entretenidos videos sobre humanos ridiculizándose en público.
El zaticano apretó entre sus dedos los nuevos cómics que Hael le prestó antes de entrar por completo a su casa.
No habló con su compañero por más que quisiera satisfacer su propia duda, el hombre no le dirigió la mirada en ningún momento, de alguna forma sabía leer el comportamiento de Joon sin necesitar palabras. Supo cuando Joon llegó que cocinaría para ambos, que también haría hotdogs en cuanto sacó una olla y las salchichas, supo que todo estaba listo apartir del tintineo de los cubiertos contra la encimera.
No necesitaron de palabras en ningún momento. No hasta que el gato habló primero. Una voz casi ronca y con un tono cínico empezó a insultarlo como si no fuera nada.
Aram había discutido una y otra vez entre burlas que su dependencia con Hael se podía sentir enfermiza, como percebes en los barcos y no patitos aprendiendo de su madre. Joon no había sentido la misma gracia que él y algo se apretó en su pecho con cierta incomodidad que no supo describir ni auxiliar. Su hotdog dejó de tener sentido y lo apartó con suavidad mientras miraba con esos profundos ojos azules al hombre que momentos atrás le había pedido huir y ahora simplemente actuaba como si nada de eso hubiera pasado.
En cuanto él dejó de quejarse, ninguno volvió q abrir la boca enfrente del otro por días. Aunque su peludo amigo había estado constantemente en movimiento cerca de él, se sentía solo sin Hael llenando el silencio.
Sintió un jalón en el pecho cuando le dió la razón a Aram. Desde que Hael estaba en su vida, no había dejado de seguirlo por todas partes con excusas baratas.
Tuvo grandes actos de independencia en esos lapsos, como desayunar solo o no visitar a Hael constantemente en su escuela. Lamentablemente no sabía qué hacer en ese tiempo, así que se paseó por todos los lugares que Hael le había enseñado. Visitó a la madre de minsu en su florería, ayudándola a cargar y componer cajas nuevas con bellas flores dentro. Recibió otro tulipán en cuanto llegó la hora de merendar, y encantado, se retiró los guantes delgados de sus manos para dejar que la flor se quedara impresa en su piel. No era del tono rosa que la hacía ver linda, ahora era púrpura tirando a azul en el mismo tono pastel, había perdido el color, pero se veía casi tan hermosa como cuando la señora Park la extendió frente a él en una sonrisa amable.
— Eres un buen chico, Leejoonie. —Tal vez debió corregirla en cuanto ella mezcló su apellido con su nombre en diminutivo, en cambio, él también sonrió encantado. Había llegado con ella por no saber a dónde ir y aquella mujer lo había recibido con total amabilidad.
Su siguiente parada había sido la frutería del padre de minsu, donde el señor —para su sorpresa— lo había recibido con los brazos abiertos y carcajadas mezcladas de alagos. El señor Park estaba rebotando de un lugar a otro buscando hojas de facturas que necesitaba checar. Hael le había advertido que sin un título legal donde afirme que tiene una carrera o los estudios necesarios para cumplir su papel de contador ya sea para el padre de minsu o los padres que le habían entregado una tarjeta de presentación, si era así, Joon no podía aceptar ningún trabajo, Hael había dicho que existía una mini posibilidad para no necesitar esos estudios, pero tendría muchas preguntas qué responder y Joon se negaba rotundamente a poner más ojos sobre él.
El padre de minsu traía una gran masa de papeles donde probablemente llevaba un inventario con precios de las los productos que vendía. Antes de poder acercarse a Joon lo suficiente para pedirle que revisara todos esos números, su esposa había tomado la oreja del señor y por muy sorprendente que fuera, le pareció divertida la escena.
— Si te mueves te va a doler. —había advertido ella suavemente.
Él, por supuesto, se movió restándole importancia a la clara amenaza, no pudo dar un paso más en cuanto aulló de dolor por el jalón de oreja que él mismo provocó.
— ¡Ay, mujer, duele!
— Entonces no te muevas, deja al chico en paz y vamos a comer.
Fue todo. Tan simple y sencillamente como para ser real. Joon estaba sonriendo y se dió cuenta hasta que dió el primer bocado donde notó un agradable dolor en sus mejillas. Fue genial cada segundo que pasó ahí. No importaba que estuviera sentado en una pequeña silla donde tenía las piernas flexionadas a más no poder con un sándwich de jamón con queso entre sus dedos. Lamentablemente apenas eran las once de la mañana y él necesitaba hacer más cosas de personas independientes en lo que restaba del día.
Prefirió ayudar al señor Park colocando en orden la fruta nueva, sacando la vieja y reordenando aquellas que terminaban mezcladas por cosas del destino. Así lo había llamado la señora Park cuando preguntó la razón para que la fruta cambiara de lugar así sin más, por un corto momento creyó que la fruta se había mudado solita de un lado a otro, pero al verlas mejor pudo argumentar que alguien las movió y no se deslizaron por las montañas infinitas, probablemente personas que las tomaron y dejaron ahí por accidente o porque querían. No entendía a esas personas que querían romper el orden de las frutas. Terminó muy rápido, sinceramente.
Aún así fingió no haberlo hecho cuando aquel hombre empezó a contarle su historia. El señor Park había conocido a su esposa en Corea, donde se habían casado pocos años después y por casualidades del destino habían tenido a minsu, no pudieron acabar la Universidad como se debía, pero no importaba porque ahora tenían a su pequeño mochi coreano que se encargó de darle un título a la familia, habían ahorrado cada centavo para poder darle a minsu la mejor educación. Cuando su pequeño fue aceptado en una —muy buena, Joon, es una de las mejores— universidades del extranjero, no dudaron en mandarlo con una maleta a cumplir sus sueños. Ellos fueron los primeros meses, después volvieron a Corea para crear más capital e irse con su retoño al otro lado del océano.
Y sin importar los caminos, todo llevaba a Hael.
Cuando minsu iba en su último año pasaron tantas cosas en pocos meses que se nos pasó tan rápido el tiempo, en un momento minsu estaba solo y graduado consiguiendo trabajo, en otro ya eran dos muchachos graduados trabajando como ayudantes en una escuela. Hael se había ido con minsu y para sorpresa de todos, eligió mudarse junto a Sora.
No pudo saber más, no pudo rellenar los pequeños espacios que aún dejaban vacíos en la historia. La madre de minsu había tomado un bolso e iba directo en busca de su hijo para dejarle el desayuno. Hoy era martes de "le llevaré lunch a minsu como si fuera un niño", así que hoy caminaría a dejar la comida y volvería a su tienda a trabajar.
Joon se ofreció como mandadero. Ella sólo se negó una vez, la segunda aceptó gustosa y hasta lo tomó por encima de la sudadera para acercarlo más.
— O eres un asesino en serie que quiere nuestra confianza o tienes un corazón muy noble. —ella rió mientras le peinaba los mechones rebeldes hacia atrás, Joon tuvo que inclinarse ante la gran diferencia de altura, pero no importó, le gustaba el toque frío de sus dedos peinando su cabello. Ni siquiera pensó en el posible peligro que corría aquella mujer junto a él. No pensó en lo absoluto. Sólo era Joon, un posible asesino en serie que estaba siendo mimado por una señora que claramente no era su madre y no importaba en lo más mínimo—. No camines por el sol, suele ser más agresivo cuando es medio día.
Así se despidió de aquella pareja para ir a completar una misión muy importante. Darle el alimento de medio día al gruñón de minsu. Fue muy divertido, sinceramente, ir por las calles ruidosas llenas de gente era un reto total, no faltaba quienes te empujaban con el hombro por venir ocupados con otra cosa ni aquellos que te vendían algo mientras pasabas. Joon no volvería a caer en la venta de papelitos otra vez. Vió un grupo de gatos juntos en alguna parte del parque rodeando a otro. No le dió tanta importancia de todos modos, tenía que cruzar la calle cuando el semáforo indicara. Se sintió cool en cuanto cruzó él y dos señores más, todos los carros frente a él se retuvieron y esperaban que ellos acabarán de cruzar.
Le gustaba la sensación de ir caminando por su voluntad con un rumbo casi elegido por él mismo. Casi.
Hasta que llegó frente a los barrotes azules gigantes y tuvo que pasar con los hombres de seguridad primero. Después de unos minutos para confirmar su identidad y otros para recordar que era el que siempre andaba siguiendo al profesor Hael, lo dejaron pasar con extrañeza. Los tres en la puerta no les entraba por la cabeza que el hombre que siempre estaba detrás de Hael venía solamente a ver a minsu. Al profesor Park. Al mismo que parecía nunca estar en la misma habitación que él.
Apenas su excusa del desayuno pudo aligerar esa confusión.
Lo encontró demasiado fácil, podría decir. Los guardias le habían dado el camino, pero no lo necesitó cuando dió con el salón de Hael. Al parecer era hora de música después del receso.
— ¡Pero yo no quiero ser flash!
Joon no entró, aunque la puerta estaba entreabierta no entró. Dos niños discutían dentro y probablemente estaban solos. No sabía si era correcto entrar o no.
— ¡Entonces no juegas! —eran gritos de dos niños que Joon conocía bien. Había jugado con ellos tantas veces como fuera posible. No estaba entendiendo porqué aquellos dos niños peleaban como si se les fuera la voz en ello. Tampoco entendía del todo la razón para dejarlos solos y Hael no estuviera ahí.
Cuando se dispuso a buscar a un adulto responsable que se encargara de ellos, minsu apareció de alguna parte listo para entrar con la cara contraída en confusión. Lo miró unos segundos tratando de averiguar por su cuenta qué hacía él parado afuera del salón sin hacer nada ni revoloteando cerca de Hael como era de costumbre, en el momento que se dispuso a hablar, sonó un chillido proveniente de un niño frustrado.
Entró con pasó decidido ignorando abiertamente a Joon. Por fin pudo escuchar una voz grave que sonaba casi como un murmullo del viento, débil y pasajero. Alguien adentro hablaba sobre los superhéroes y la justicia. Era un sonido que se apagaba conforme avanzaban las palabras. Y pronto la sonora voz de minsu auxilió aquel momento.
— ¿Qué mier... rayos sucede aquí?
Era una exigencia con el volumen correcto y la presencia necesaria para obtener respuestas.
Joon se asomó un poquito, ahí estaba Hael mirando a minsu en una confusión notable, con una expresión de estar agradecido con él o no saber ni como llegó ahí.
— Es culpa de él. No quiere dejarme jugar como ironman. —chilló Cody.
— Somos la Liga de la justicia. No los avengers. —ese era Elen. Un niño que siempre levantaba la mano en clase y ponía en duda hasta el piso que caminaba. Hael le había dicho que era bueno desconfiar a veces, que no significaba ser malo, sólo humano, y cuando confirmabas lo verídico se reforzaba la confianza, eso era algo bueno. Cuando no, también era bueno saberlo.
— Juega como un super de DC y ya. —dijo su profesor mirando a Cody con la cabeza ligeramente inclinada.
— Pero yo no quiero ser Flash.
— Pues se otro. —y lo dijo como si fuera tan lógico que la expresión de Cody se rompió un momento hasta retormarla otra vez.
— Ellos ya eligieron los que yo quiero. —evitó la mirada de sus mayores volteando la cara a otro lado lejos de la situación.
— Pues busca otro. —y como si hubiera dicho o hecho una falacia, Cody se indignó completamente y reaccionando tal cual un resorte tensado a más no poder.
— ¡Pero no quiero ser otro!
— ¿Y qué tiene de malo que sea otro? —preguntó a Elen con paciencia.
— Que Ironman no es de la Liga de la justicia.
— Entonces tómalo como una colaboración con los avengers. Trabajando en equipo para derrotar el mal juntos y ya.
𝘌𝘴𝘰 no lo habían pensado. Parecía lógico. Ni siquiera a Joon le pareció una aberración. Ambos niños se quedaron en silencio y Joon podía jurar escuchar los engranajes es su cabeza trabajar al máximo.
— Es que... pues...
minsu los escuchó balbucear incoherencias hasta que decidió tomar el mando de la conversación.
— Dejen de pelear por cosas tan vagas. —el timbre de voz fue lo primero que captó la atención de todos como una alarma—. Tienen imaginación, úsenla y cambien al mundo, no dejen que las diferencias los separen, únanse. —luego sonrió como si un buen pensamiento se hubiera cruzado por su cabeza, y lo era, porque después de unos segundos lo compartió con ellos—: Hael y yo éramos así de niños, peleábamos por cosas tan absurdas que aquellas sin importancia ni siquiera parecían tener lugar en nuestras conversaciones.
Y entonces, minsu se enfrascó en una historia donde Hael siempre le gritaba por no dejarlo conducir su bicicleta diciendo que era injusto cuando era el mismo Hael el que llevaba desayuno para ambos. A minsu simplemente le daba risa verlo hacer coraje, algunas veces lo dejaba ser y le permitía conducir, otras lo traía en la parte de atrás molesto.
Cuando terminó. Todos esperaron las palabras de Hael. Alguna confirmación, broma o regaño. Nada llegó. Hael se veía igual de confundido que ellos como para sólo decir unas palabras y sentarse cerca de una mesa.
— Háganle caso a su profesor.
Y ya. Tal vez la palabra decepción no era correcta para el sentimiento de ese momento. Pero fue lo único que se acercaba.
minsu había llegado a calmar el problema con los pequeños por coincidencia, al parecer le tocaba clases de música después del receso y debía prepararse antes para ocupar el aula base de los alumnos antes de llevarlos al salón de música donde practicarían teoría aprendida.
Los niños aún se veían confundidos y aturdidos por la situación. Sin embargo minsu no se dejó intimidar por eso.
Calmó a los niños con una historia de la infancia y los dejó irse en cuanto el problema se solucionó por completo. Había sonreído para ellos como alguien cool, no necesitó de algo más para brindarles apoyo y enseñarlos a resolver los conflictos dados. Todo era alegría hasta que minsu dejó esa faceta de lado para mirar a Hael con seriedad.
— Tienes los ojos hinchados. —minsu arrugó el entrecejo intentando tocar el rostro de Hael para verificar sus palabras.
Al intentar acunar su rostro entre sus manos, Hael volteó la cabeza en una clara señal poco amable de rechazo.
— Mmh. No pude dormir bien. —Murmuró restándole importancia mientras se dirigía a alguna parte del salón donde no estuviera al alcance de su amigo.
— Hael-ah...
Joon se encogió levemente ante el tono severo de minsu. No había hecho ningún ruido que pudiera delatar su clara estadía en aquel lugar, y sin embargo, Hael había levantado la cabeza unos segundos para después girarse por completo en dirección a Joon en una suplica que contradecía sus palabras.
— Joonie, ¿puedes buscar a Liam? —su voz era tan dulce y agria como aquella fruta terrícola que tanto había visto en empaques de jugos y Hael compraba constantemente para Sora—. Dile que necesito hablar con él ¿sí?
El zaticano miró por unos largos segundos a su vecino y mejor amigo antes de a sentir lentamente dirigiéndose a la salida con más dudas que respuestas.
No encontraba a Liam por ninguna parte y eso ya era un problema, perder al niño implicaba regresar con Hael para pedirle orientación en zonas donde podría estar que no fuera el castillo de juegos del patio. Eso era un problema considerando que ahora ya era una persona independiente que no necesitaba de Hael en lo más mínimo. O tal vez poquito.
Le sería mucho de ayuda en ese momento.
Estaba perdido en la escuela. Parecía tener muchas zonas divididas. ¿Dónde podía estar Liam?
Un niño le jaló el brazo con un poco de fuerza que a comparación de un adulto era nada. No evitó que entrara en pánico y diera un salto hacia atrás asustado por sus tatuajes picando por un momento si piel y el posible accidente que pudo haber pasado. Sí, los niños ya habían jugado anteriormente con sus tatuajes y no había pasado absolutamente nada, pero podían existir ligeros cambios en Joon que lograra cambiar esa información y regresar a la teoría donde cualquier cosa que toque su piel se absorberá por completo sin importar tenga protección o no.
— ¡Joon! Mira mi nuevo abrigo. —El zaticano sonrió. Por fin los niños empezaban a decir su nombre correctamente, ya no eran una mezcla de "John cookies" que debía corregir constantemente hasta que ellos aprendieran a decirlo—. Es de Ironman y tiene una bolsita aquí.
Cody estaba ahí frente a él enseñándole su ropa nueva con mucho orgullo. Estaba feliz y lleno de pegatinas de estrellas rojas en la cara por un posible premio que les dió Hael haciendo alguna competencia. Joon tenía el presentimiento de matemáticas, Cody había demostrado mayor avance en cuanto a cálculo mental a diferencia de sus compañeros, Joon estaba encantado de dictarle problemas fácil de resolver y esperar apenas un par de minutos antes de que Cody entregara con las respuestas correctas cada uno de ellos siguiendo algunas veces procedimientos mentales que no anotaba en su libreta. Era un problema con Hael, él siempre le recordaba anotar cada operación y datos que usaba para recapitular todo lo que debía usar como herramientas, ni Joon ni Cody entendían del todo la razón cuando lo que importaba era el resultado.
— Es muy bonito.
Los demás niños habían parado de jugar para observarlo y reunirse cerca de él. Él les había preguntado por Liam, algunos dijieron que estaba en la torre de la Liga y otros en una viaje secreto con la mujer Maravilla, que al parecer era Joan con su abrigo de una estrella gigante en el pecho. Ella siempre jugaba con ellos cuando se trataba de superhéroes, normalmente estaba Lyla platicando o dibujando en su pequeño club de dibujo donde parecían ser dos un día, ocho al siguiente y tres la próxima semana.
Lo encontró con la mujer Maravilla ayudando a un caracol llegar a la otra maceta. Sonrió.
— Aquaman.
Liam sonrió cuando lo vió y rostro de Joan se iluminó. Ambos niños terminaron su tarea rápido antes de correr con él y colgarse de sus brazos en saltitos. Le parecía curioso que se encontrara tan en paz cuando ellos lo tocaban que cuando lo hacía otra persona. Tal vez tenían algún componente que los hacía inmune a sus capacidades anormales. Cual fuera la razón, le gustaba no preocuparse por las manitas de niños tocando cada tatuaje y preguntando por nuevos tatuajes. Joan había detenido todo cuando encontró la flor ahí, chilló encantada y Liam rápidamente se acercó a verificar, el niño había dicho que era lindísima y que era su flor favorita porque a su mamá le gustaban mucho de esas.
Joon les contó que también eran su flor favorita. Los niños lo invitaron a jugar, le preguntaron si se quedaría más tiempo, le contaron que estaban en una misión secreta y que ahora tendría que guardar silencio o Joon sería un enemigo oficial del dúo. Él prometió guardar el secreto.
— El profesor Kim te busca, Liam. —él se quejó en voz alta explicando que el profesor Kim probablemente le diría de nuevo que olvidó colocar la fecha en su tarea o su nombre. Siempre se le olvidaba y el maeto KimHaely siempre le recordaba colocarlo.
Le dijo a Joon que iría cuando acabara su misión ultrasecreta con la mujer Maravilla. Joon lo dejó estar y regresó al salón de clases como si se supiera el camino de regreso de memoria.
— ¡Hael, ya para!
Se detuvo por completo.
— ¿Parar? ¿Estás de broma? ¡Todo este tiempo lo he intentado!
No estaban gritando. Pero estaban discutiendo y eso lo hacía más complicado aún. ¿Por qué Hael peleaba con minsu?
— Si fuera así ya estarías estableciendo una cita con el doctor.
Desde ahí Joon no podía ver exactamente lo que pasaba. Se acercó unos pasos más y sólo fue capaz de visualizar a ambos inclinados frente al librero donde los niños guardaban las libretas de cada materia.
— No lo necesito.
— Hael, sabes que a...
Y el grito que le siguió lo aturdió. Aunque sólo fuera la primera palabra, todo lo demás aseguraba que estaba molesto.
— No te atrevas a pronunciar su nombre de nuevo. Y menos para poner palabras que no podrá pronunciar.
Conectó miradas con Hael por unos minutos antes de cambiar su expresión ligeramente. Había escuchado un insulto por parte de minsu, pero ya no importaba, Hael estaba frente a él en este momento mirándolo con una sombra invisible que le dejaba los pelos de punta.
— ¡Joon! ¿ya viene?
— Sí. —consiguió decir, tragando saliva.
Lo que sorprendió a Joon no fue la conversación, fueron los ojos cristalinos del otro maestro y la tormenta en los oscuros de Hael. Jamás hubiera podido anticipar que minsu, el mismo hombre que tenía una lengua mordaz en contra de cualquier otro hombre cerca de Hael era el mismo que lloraba frente a él con el rostro carmín. Hael dió un paso a su amigo chocando su propio pecho contra el hombro ligero del profesor, este respondió girando el rostro hacia Hael con una mirada vacía, evitando que Joon fuera capaz de verle.