Zezethere:el niño que asesinaba estrellas

PRÓLOGO

Aún recuerdo cuando me mudé a aquel pueblo y la nueva vida que comenzaba a llevar, tan llena de maravillas y secretos ocultos bajo la luz del día. Era apenas un niño, un niño pequeño, lleno de fantasías e ilusiones que florecían en mi mente al contemplar aquel paisaje tan hermoso, casi como un escenario sacado de un sueño olvidado. Hablo del cielo, sí, del cielo en su totalidad. No solo del que vemos durante el día, el que se baña en la luz del sol en su punto más alto, iluminando nuestros días y haciendo brillar los colores del mundo como si estuviéramos rodeados de un caleidoscopio de tonos vibrantes.

Pero hay más. Imagina el ocaso, el atardecer, donde el cielo parece arder con mil matices, prometiendo secretos ocultos más allá del horizonte. Y luego está la noche, el cielo nocturno, que se despliega sobre nosotros como un manto de misterio. Ese cielo que observamos antes de dormir, que nos envuelve con una calma engañosa y nos susurra historias antiguas en la oscuridad. Es un cielo que no solo adorna los paisajes, sino que guarda los susurros de aquellos que una vez vivieron y soñaron bajo su sombra. Un cielo que ofrece frescura y dulzura a nuestra vista, pero también oculta las profundidades insondables del universo y, tal vez, de nuestra propia alma.

Las estrellas, tan hermosas y diminutas a nuestros ojos, parecen inalcanzables, pero al extender mi brazo, siento que puedo tocarlas, como si respondieran a mi llamado con un brillo tímido y distante. ¿Sabías que el sol es una estrella? Quizás, si eres pequeño, esto te parezca curioso, pero así es. Una estrella que ilumina no solo nuestro planeta, sino también los confines de nuestra imaginación. Y al contemplar esas estrellas en el firmamento, me pregunto si alguna vez estaremos listos para conocer la verdad que esconden, una verdad tan grande y antigua que podría desmoronar todo lo que creemos saber.

A veces, me despierto en medio de la noche, convencido de que hay algo más allá de lo visible, algo que nos observa desde esos cielos lejanos, algo que está esperando el momento adecuado para revelarse. Y tal vez, solo tal vez, esas estrellas saben mucho más sobre nosotros de lo que nos atrevemos a imaginar.




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