Desperté creyendo que todo había sido una maldita pesadilla.
Sirhan dormía sentado en una de las sillas de bambú. A sus pies, Zeév descansaba sobre el suelo. Al otro lado de la cama dormía Zulia.
Reconocí inmediatamente la casa de bambú. Zeév levantó la cabeza y ladró al notar que intentaba incorporarme. Sirhan despertó de inmediato.
—Recuéstate. Los efectos del dardo tranquilizante que te disparó la sicaria todavía no han desaparecido por completo.
—¿Qué sucedió? ¿Dónde está Gema?
—Duerme, Skoll. Después harás preguntas. Te contaré todo cuando estés mejor.
—¡¿Cuando esté mejor?! ¡Responde de una vez! ¿Dónde están todos?
Sirhan bajó la mirada.
—Lo lamento, Skoll. Ellos no sobrevivieron.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Qué quieres decir?
—El edificio colapsó por completo durante el terremoto.
—¿Qué terremoto?
—Sucedió durante el eclipse solar.
No entendía nada. Hasta que lo recordé. Lo había hecho. Había entregado a Gema a la boca del lobo. La ira y la confusión me habían cegado. No quise escucharla. La condené sin darle siquiera la oportunidad de defenderse. Y ahora era yo quien la había traicionado, después de haberle prometido que nunca la abandonaría.
—¿Y Miyuki?
Todavía quería creer que todo aquello había sido producto de mi imaginación. Me negaba a aceptar que Miyuki fuera realmente la traidora.
Sirhan permaneció en silencio unos segundos.
—Todo este tiempo fingió ser tu amiga, Skoll. Solo quería investigar a Gema. Después de que Gema escapó del Bohemian Collyseum, enviaron a la Mariposa Negra para localizarla y capturarla con vida. Psikheya creyó que tú conocías el paradero de la Doncella de Hierro porque habías escapado junto a ella. Pero no podía arriesgarse a enfrentarse directamente a Gema mientras estuvieras protegiéndola.
Apretó los dientes.
—Así que utilizó a Zulia. Planeó su secuestro para obligar a Gema a entrar por voluntad propia en la boca del lobo.
Recordé entonces aquella visión que había experimentado a través de los recuerdos de Zazil. Miyuki. O, mejor dicho, Psikheya. Entonces comprendí que probablemente ya conocía mi relación con Gema y que, durante todo aquel tiempo, también pudo haber estado investigando a Troyano 999.
Sirhan continuó:
—Encontré seis cuchillas mariposa ocultas en un doble fondo del estuche de su violín. Con ellas asesinó a los hombres que la siguieron en el hotel.
Me mostró otro objeto.
—Y entre las pertenencias de Gema encontré esto.
Era una pieza de casi medio metro, envuelta en una funda de cuero negro. Retiró la cubierta. Dentro apareció un objeto extraño, semejante a la punta de una lanza.
—He estado investigándolo. Si mis sospechas son correctas, esto podría ser la legendaria Lanza de Longinus. La Lanza del Destino —continuó—. La reliquia que, según la leyenda, otorgaba a su poseedor el poder de decidir el destino del mundo. La tradición la relaciona con Cayo Casio Longinus, el centurión romano que habría atravesado con ella el costado de Cristo. Según el relato, la sangre del Mesías cayó sobre sus ojos y le devolvió la vista.
Sostuvo la lanza entre sus manos.
—También existe otra leyenda. Que quien posea la lanza no perderá una batalla mientras permanezca unido a ella... pero que separarse de ella traerá calamidades.
—Esto debe ser una broma. ¿Qué haría Gema con algo así?
Sirhan me observó con dureza.
—¿En serio, Skoll? ¿Después de todo lo que ha sucedido todavía puedes pensar que Gema es incapaz de estar relacionada con algo así?
No respondí. Entonces ocurrió algo extraño. Sentí que la lanza me llamaba. No era una voz. Era una sensación. Una tristeza profunda comenzó a apoderarse de mí. Mis fuerzas desaparecieron poco a poco mientras una idea se instalaba en mi mente.
Morir.
La lanza parecía llamarme para poner fin a algo que debió terminar hacía mucho tiempo. A todo el sufrimiento. A las traiciones. Al abandono. A aquel mundo de máscaras donde nadie parecía ser quien decía ser. Donde todo era falso. Hasta el amor. Hasta la amistad. Hasta la vida.
Esta vez, el lobo negro vencería al lobo blanco.
Extendí la mano. Quería acabar de una vez por todas con aquella insoportable falsedad. Mis dedos tocaron la lanza. Entonces algo ardió dentro de mí. Mi costado comenzó a quemar como si una lanza invisible atravesara mi cuerpo. Sentí que las fuerzas me abandonaban.
Pero esta vez no fue la oscuridad la que me envolvió. Fue la luz.
Una luz que abrió los ojos de mi mente, arrancó mi conciencia de mi propio cuerpo y la lanzó hacia otro lugar. Hacia otro tiempo.
Y entonces comencé a ver todo lo que había sucedido.
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_[VISIÓN - Anteriormente dentro del hotel]_
Sirhan Ramsey hablaba por teléfono. De pronto, la comunicación quedó en silencio. Frunció el ceño.
—¿Miyuki?
Nada.
Se incorporó.
—Esto no me gusta.
Abrió una puerta y ordenó a los perros-lobo permanecer con las recepcionistas. Después comenzó a subir. Quinto piso. Corrió por el corredor. Al llegar a la puerta de la habitación, la derribó de una patada.
La escena que encontró parecía una trampa preparada para él. Zulia estaba atada a una silla con un saco cubriéndole la cabeza. Ulysses yacía boca abajo. Gema era sujetada por Edward. Y una mujer permanecía junto a ellos. Sin sus gafas rosadas. Sirhan reconoció aquellos ojos grises.
—Miyuki...
Psikheya se movió antes de que él pudiera disparar. Golpeó su antebrazo. El arma salió despedida. Sirhan sacó un cuchillo. Miyuki entró en su espacio personal con una velocidad sobrenatural. Cerró su muñeca, se elevó y rodeó su cuello con las piernas. Luego giró sobre sí misma y lo arrojó contra el suelo. Sirhan quedó aturdido.
Pero Gema ya no estaba entre los brazos de Edward. Una daga de hierro atravesó el costado del Tigre Ruso. Edward rugió. La hoja había salido disparada desde una enorme maleta que se encontraba en el suelo. La tapa se abrió. Gema emergió de su interior. Su habitual prótesis de porcelana había desaparecido. En su lugar tenía una prótesis de hierro terminada en una hoja.