Zignum Meiga Entre las dos caras de la luna

Capítulo I Charta Pueri: El niño serpiente

Nadie sabe lo que es la verdadera soledad hasta que la vive en carne propia.

Yo sí lo sabía.

Limpiaba mi jaula como cualquier niño de doce años limpia su habitación, aunque a veces las cadenas de mis brazos y piernas apenas me permitían moverme.

Había nacido del vientre de una trapecista de un circo ambulante. Mi madre murió durante el parto. Decían que la había violado un demonio. Tal vez por eso todos creían que yo también lo era.

El dueño del circo disfrutaba golpeándome cada vez que venía a traerme comida. Me sujetaba de la cabeza y contemplaba con repugnancia las escamas que cubrían mi piel. Después golpeaba.

Uno de sus entretenimientos favoritos era romperme los dedos con un martillo. Sabía que después de un tiempo volverían a regenerarse. Así podía hacerlo de nuevo.

—¡Monstruo!

Crac.

—¡Criatura asquerosa!

Tenía que soportarlo en silencio. No podía gritar. Si lo hacía, me rompería los dientes. Ya lo había hecho el mes anterior.

Pero cuando todos se iban a dormir, cuando las luces del circo se apagaban y la oscuridad reinaba dentro de mi pequeña prisión, siempre me hacía la misma pregunta: ¿Por qué? ¿Era por mi deformidad? Yo no tenía la culpa de haber nacido así.

Ni siquiera podía hablar. Sólo emitía sonidos.

Había nacido con ictiosis arlequín.

Aquello me convirtió en la atracción principal. Todos querían pagar para ver al Niño Serpiente.

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Durante las primeras décadas del siglo XX, una extraña epidemia neurológica afectó a miles de personas alrededor del mundo. Fue conocida como encefalitis letárgica. O, de una forma mucho más inquietante: la enfermedad del sueño.

Entre 1917 y los primeros años de la década de 1920 coincidió con la pandemia de gripe. La encefalitis letárgica presentaba manifestaciones extraordinariamente variables: somnolencia profunda, parálisis, trastornos oculomotores, cambios de personalidad, síntomas psiquiátricos, parkinsonismo. En ciertos casos, los pacientes permanecían durante años en estados de letargo. Y algunos de quienes despertaban nunca volvían a ser los mismos. Su origen continuó siendo objeto de discusión.

*CASO CLÍNICO*

Paciente masculino. Veintiún años. Antecedente de participación en la guerra de Irak. Había viajado a Sololá, Guatemala, aproximadamente una semana antes de su hospitalización. Posteriormente desarrolló fiebre, cefalea, síndrome confusional y mioclonías.

Estudios de neuroimagen y laboratorio sin hallazgos concluyentes. Toxicología urinaria positiva para alcohol, negativa para LSD. Frotis nasofaríngeo negativo.

Se inició tratamiento empírico con ceftriaxona, vancomicina y aciclovir. Cuarenta y ocho horas después, empeoramiento neurológico. Requirió ventilación mecánica. El electroencefalograma mostró enlentecimiento difuso y posteriormente actividad epileptiforme bilateral compatible con estado epiléptico no convulsivo.

Ante manifestaciones compatibles con parkinsonismo postencefalítico, se inició L-Dopa. Persistió extrema rigidez, catatonia y flexibilidad cérea. Desarrolló episodios de cinesia paradójica: en determinados momentos parecía incapaz de comprender órdenes, sin embargo, ante estímulos inesperados reaccionaba apropiadamente. En una ocasión, al arrojar un globo hacia su rostro, levantó ambas manos para detenerlo.

Pérdida de quince kilogramos. Se colocó sonda nasoenteral. La L-Dopa produjo alucinaciones. Persistieron convulsiones y deterioro cognitivo, dificultad para reconocer sus propios déficits, confabulaciones y cambios de personalidad con apatía y fragilidad emocional. Neuropatía periférica, ataxia cerebelosa y miopatía. Cuadro compatible con síndrome amnésico semejante a Korsakoff.

Ansiedad, ataques de pánico, conductas obsesivo-compulsivas, deterioro cognitivo progresivo, delirios de grandeza, disartria y temblor.

El paciente insistía en la existencia de una conspiración organizada por seres interdimensionales. Dentro de sus relatos mencionaba con frecuencia una supuesta entidad parasitaria. Una larva arraigada dentro de su cerebro.

La llamaba: *Hati.*




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