Zlatan

PRÓLOGO: LA ARQUITECTURA DEL SILENCIO

“LA ARQUITECTURA DEL SILENCIO”

Dentro del coche hacía un calor y un silencio sofocantes. Zdenko estaba sentado a su lado sin decir nada mientras Zlatan mantenía la mirada impasible en la pantalla de su celular, resolviendo asuntos para el día siguiente.

No miró ni una sola vez a su hijo durante todo el viaje.

Aquella pregunta que Zdenko le había hecho en su departamento, aún sin respuesta, lo había descolocado.

Ossian conducía sin decir una sola palabra. No era habitual que padre e hijo compartieran un viaje.

Cuando llegaron a la mansión, Zlatan guardó su celular en el bolsillo interno de su traje, y sin esperar a que Ossian le abriera la puerta, salió del coche sin darle una mirada a su hijo. Pero sentía la mirada de Zdenko clavada en su espalda. Podía imaginar su ceño fruncido en indignación.

Zlatan dejó su gabardina en el perchero de la entrada, y fue directo a su despacho. Estaba sombrío, igual que algo que se agitaba dentro de él.

Permaneció de pie frente al ventanal, esperando. La ciudad seguía iluminada bajo la noche, inmóvil. Las avenidas y los edificios parecían contener la respiración cuando la mansión guardaba silencio.

Sabía que era tarde, no necesitaba mirar el reloj para comprobarlo. Detrás de él, la puerta del despacho se abrió con suavidad. Reconoció los pasos antes de que la puerta terminara de cerrarse.

—¿Cuál es la prisa? —preguntó, y solo entonces se giró.

Zdenko seguía de pie junto a la puerta. El saco colgaba desprolijo sobre sus hombros. Tenía el cabello revuelto y la expresión agotada de quien llevaba demasiadas horas pensando la misma idea sin encontrar una salida.

Zlatan lo observó unos segundos.

—Si viniste a convencerme de ir tras ella, la respuesta sigue siendo no.

Zdenko negó con la cabeza.

—No vine por eso.

El silencio volvió a instalarse. Zlatan señaló uno de los sillones.

—Siéntate.

Su hijo obedeció sin discutir por primera vez en años, eso llamó su atención. Zlatan tomó la carpeta que descansaba sobre el escritorio y la cerró con calma, perfectamente alineada con el borde de la madera.

Después se desabotonó el traje, se arremangó el pantalón y ocupó el sillón frente a él.

—Habla —dijo en tono definitivo y frío.

Zdenko mantuvo la vista fija en el piso durante varios segundos, masticando una idea en su boca, como si todavía estuviera decidiendo si debía seguir insistiendo en obtener respuestas que su padre probablemente iba a negarle. Cuando finalmente levantó la cabeza, habló despacio.

—Ya sabes de lo que vengo a hablarte.

Zlatan hizo un leve movimiento con la cabeza y Zdenko empujó el tema por segunda vez:

—Sobre mi madre.

La habitación quedó inmóvil. Afuera, una ligera ráfaga agitó las ramas de los árboles del jardín. Zlatan apartó la mirada, tomó el estuche de plata que descansaba sobre una mesa auxiliar y lo abrió. Dentro había un juego de fósforos perfectamente acomodados.

Sacó uno y lo giró entre los dedos unos segundos. Después volvió a dejarlo en su lugar y cerró el estuche. Lo acomodó exactamente donde estaba.

Solo entonces volvió a mirar a Zdenko.

—¿Por qué ahora?

—Porque ya entendí algo.

Zlatan esperó.

—Creí que el tiempo solucionaba ciertas cosas. —Hizo una pausa—. Pero no lo hace.

El silencio volvió a ocupar el despacho.

—Blue se fue —dijo Zlatan.

—Sí.

—Y no puedes hacer nada.

Zdenko negó lentamente.

—... No.

Zlatan asintió apenas, como si estuviera confirmando un cálculo.

—Entonces ya sabes lo necesario.

—No es así —protestó el más joven—. No sé nada.

—No sabes nada de qué —cuestionó el padre.

—No sé quién era ella. No sé por qué nunca hablas de ella. No sé por qué nunca hubo una fotografía. No sé por qué, cada vez que preguntaba cuando era niño, cambiabas de tema.

Se hizo un breve silencio en el que Zlatan permaneció inmóvil.

—Y tampoco sé qué quisiste decir aquella vez… —añadió el joven, y Zlatan sostuvo su mirada—... cuando me dijiste que el universo había tenido piedad conmigo al no tener comprensión de las cosas cuando perdí a mi madre.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos. Ninguno hizo ademán de romper el silencio.

Después de unos segundos, Zlatan se puso de pie.

Fue hasta el pequeño mueble bar y eligió una botella de whisky. Luego tomó un vaso, se detuvo para mirar un segundo vaso. Dejó el primero donde estaba. Sirvió apenas un poco pero no bebió. Apoyó el vaso sobre la madera y volvió al escritorio.

Zdenko seguía observándolo, esperando, pero perdiendo lentamente la paciencia.




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