Zlatan

III - ¿La amabas?

El despacho había recuperado su silencio habitual.

El reloj continuaba avanzando con la misma precisión de siempre. Afuera, las luces de la ciudad parpadeaban con serenidad. Nada había cambiado, excepto la atmósfera del despacho de Zlatan tras el giro de la conversación.

Ambos hombres mantuvieron la quietud durante un largo rato.

Zdenko se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre las piernas mientras observaba a su padre. Durante toda su vida había aprendido a interpretar sus silencios, pero este resultaba distinto. Carecía de intención táctica o del deseo de encontrar una respuesta, como quien evalúa si esa respuesta, de hecho, merecía existir.

—¿La amabas?

La pregunta quedó suspendida en el aire, densa. Zlatan mantuvo la mirada baja, postergando cualquier reacción. Con la yema del pulgar, comenzó a girar lentamente su vaso de whisky sobre el escritorio. El cristal producía un roce apenas perceptible contra la madera noble. Al detener el vaso, el líquido ambarino seguía intacto.

Zdenko prefirió aguardar. Conociendo bien el terreno, sabía que ciertas revelaciones llegaban únicamente cuando el silencio terminaba de hacer su trabajo.

Finalmente, Zlatan alzó la vista hacia el ventanal. La ciudad permanecía inmóvil ante él, aunque durante unos segundos pareció buscar algo entre los edificios, algo que ya no estaba ahí.

—Durante muchos años... —comenzó, deteniéndose casi de inmediato. Las palabras se volvieron repentinamente innecesarias.

El despacho volvió a sumirse en aquella calma silenciosa que casi siempre lo caracterizaba.

Zdenko aguardó en su sitio hasta que Zlatan giró apenas la cabeza y lo miró directamente a los ojos.

—Esa ya no es la pregunta correcta.

Omitió cualquier explicación adicional. Guardó para sí el desarrollo de la idea y dejó intacto el impacto de la frase, devolviendo su atención a las luces de la ventana.

Zdenko frunció levemente el ceño, tratando de descifrar la barrera recién levantada por su padre.

—¿Entonces cuál es?

Esta vez, la respuesta llegó sin demora:

—La pregunta correcta… es qué quedó de mí después de ella.

El silencio volvió a caer como la sentencia de un juez despiadado. Zdenko asintió imperceptiblemente.

Al asimilar el peso de aquel instante, comprendió la verdadera magnitud del pasado de su padre. La historia de su madre no comenzaba con ella. Había comenzado con el vacío del hombre que ahora tenía sentado enfrente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.