Aquel recuerdo se entrelazaba con una imagen más reciente, y Zlatan se esforzó por traerlo de regreso.
La tarde caía lentamente sobre Eleven Gates. Desde el ventanal de su despacho, observaba cómo los últimos rayos de sol se deslizaban entre los edificios de vidrio. La ciudad seguía creciendo, exigiendo constantemente la construcción de puentes, escuelas y hospitales; un trabajo continuo y expansivo.
Un movimiento en el jardín principal llamó su atención. Abajo, junto a la fuente, Ossian conversaba de pie con uno de los jardineros mientras un niño de apenas cinco años corría alrededor de ambos persiguiendo una pelota.
En uno de los rebotes, la esfera escapó hacia la avenida. Ossian reaccionó con rapidez, sujetando al pequeño por el hombro con firmeza para detener su carrera. El niño levantó la vista, exhibiendo una fugaz molestia antes de sonreír. Ossian le devolvió su juguete, le revolvió el cabello con una mano y reanudó su camino con absoluta normalidad.
Zlatan permaneció observando la escena, intrigado. Acostumbraba ver a Ossian bajo una luz estricta y distante, pero con los infantes descubría en él una paciencia inusual, reservada exclusivamente para ellos.
Apoyó lentamente una mano sobre el vidrio y dejó que la memoria retrocediera aún más.
—No pienso dejar que aprenda a caminar sobre mármol.
Zlatan levantó la vista del periódico. Estaba sentada frente a él, sosteniendo una taza de té entre las manos mientras la luz de la mañana inundaba la cocina.
—Todavía faltan varios meses para que nazca —dijo.
Ella sonrió.
—Precisamente. Tenemos tiempo de sobra para discutirlo.
—No hay nada que discutir —respondió él.
—Claro que sí —insistió ella, señalándolo con la cucharita—. Tu despacho tiene piso de mármol. El hall principal y la escalera también. Si ese niño aprende a caminar ahí, la primera vez que se caiga va a descubrir que el mundo es bastante más duro de lo que debería.
Zlatan dobló lentamente el periódico.
—Todos los niños se caen.
—Sí —concedió ella con absoluta tranquilidad—, pero no todos necesitan un piso de piedra para comprobarlo.
Él la observó unos segundos antes de dejar el diario sobre la mesa.
—¿Cuál es tu propuesta?
Ella apoyó una mano sobre su vientre con un gesto completamente natural, casi inconsciente. El embarazo apenas comenzaba a notarse bajo la suave tela del vestido.
—Madera.
Zlatan parpadeó.
—¿Madera?
—Madera. Los primeros pasos deben sentirse tibios. No fríos.
Él mantuvo el silencio, cediendo el espacio para continuar.
—Quiero diseñar una habitación donde pueda correr descalzo. Un lugar para caer, levantarse y volver a intentarlo con total libertad, sin miedo a que se lastime o a romper algo.
Zlatan le dio una leve sonrisa de sobra.
—Eso resultará complicado viviendo en esta casa.
Ella sacudió la cabeza con suavidad.
—Entonces cambiaremos la casa.
La respuesta llegó con una naturalidad que descolocaba, como si modificar una mansión fuera la consecuencia lógica de una conversación sobre el bebé.
Zlatan la miró fijamente durante varios segundos.
—¿Sabes? —dijo él—. Resulta impensado escuchar a alguien exigiendo demoler parte de mi propia casa.
—No dije demoler. Solo hacer espacio.
Ambos compartieron una quietud serena. Ella acariciaba distraídamente su vientre mientras observaba el jardín. Zlatan siguió la dirección de su mirada.
—¿En qué piensas?
Ella tardó un momento en responder.
—En que algún día correrá por ahí —suspiró. Él volvió a mirarla—. Y crecerá asumiendo que ese jardín siempre estuvo esperándolo. —La sonrisa de ella fue pequeña, luminosa—. ¿Y no es cierto?...
—Señor.
La voz de la secretaria lo devolvió al presente, obligándolo a apartar la mano del ventanal.
—La videoconferencia con los inversionistas comienza en diez minutos.
Él asintió. Antes de salir del despacho volvió a mirar hacia el jardín. El niño y Ossian habían continuado su camino, cediendo el paisaje a la fuente y al reflejo del agua moviéndose con el viento. Durante un instante, Zlatan recordó que, muchos años atrás, una parte de su casa había sido reconstruida. Mantuvo los motivos en estricto secreto, omitiendo cualquier explicación frente a los arquitectos. Simplemente les ordenó reemplazar el mármol por madera, y aquella decisión permaneció inalterable a lo largo del tiempo.
#2912 en Novela romántica
#307 en Thriller
romance prohibido drama, recuerdos tristeza dolor, traicion cicatrices secretos
Editado: 26.08.2026