Zlatan

XIII - La despedida

La residencia conservaba una quietud distinta a la sobriedad habitual de Eleven Gates; no procedía del grosor de los muros ni de la inmensidad de los pasillos, sino de la inminencia de un viaje definitivo.

Junto al acceso principal aguardaba el equipaje de Zdenko —un volumen austero para quien dejaba atrás una vida entera— mientras conservaba en la mano el pasaje de avión. Primera clase. Europa. Lejos por un largo tiempo.

Zdenko se quedó unos segundos frente a la puerta principal antes de marcharse. Volvió en sus pasos hasta las escaleras, fijando la mirada en la penumbra del despacho donde Zlatan examinaba unos documentos como si aquella noche fuera igual a cualquier otra. Como si no estuviera viendo partir a la única persona capaz de atravesar todas sus defensas.

Zdenko apoyó la mano en el marco de la puerta:

—Ahora entiendo por qué nunca intentaste detenerme cuando fui detrás de Blue.

Zlatan mantuvo la vista sobre los folios antes de hacer una pausa.

—No.

Zdenko frunció ligeramente el ceño. Había esperado muchas respuestas de su padre, y esa no era una de ellas.

—Evité detenerte porque sabía que no iba a servir de nada —expresó, dejando los documentos sobre la madera.

Zdenko permaneció quieto.

Y después, con una calma que solo aparecía cuando hablaban de cosas que ninguno de los dos sabía decir demasiado bien, Zlatan agregó:

—Entiendo por qué no podías hacer otra cosa.

Por un instante, Zdenko no respondió. Porque esas palabras significaban para él más que una disculpa o explicación. Su padre no estaba diciendo que había estado de acuerdo con todo, pero reconocía finalmente la autonomía de su hijo para trazar un rumbo propio.

Zdenko esbozó una sonrisa mínima, percibida de inmediato por su padre.

—Procura cuidar tus pasos en Europa —añadió Zlatan.

Zdenko soltó una pequeña risa.

—Eso sonó casi como un consejo de padre.

—No exageres.

La sonrisa de Zdenko se hizo un poco más grande.

Después tomó el equipaje y cruzó la salida. El eco de sus pasos se extinguió progresivamente a lo largo del pasillo hasta que la puerta principal se cerró con firmeza.

A solas en el despacho, Zlatan permaneció inmóvil antes de desplazar uno de los cajones del escritorio. En el interior reposaba un pequeño objeto perteneciente a la madre de Zdenko, una pieza de un pasado que nunca había logrado dejar atrás.

Un cuaderno rojo. El mismo que ella sostenía en sus manos la primera vez que la conoció. Observó la tapa, las esquinas gastadas por el paso de los años. Finalmente, su nombre escapó de sus labios:

—Alenka…

Sostuvo la pieza entre sus manos. Había perdido muchas cosas en su vida: personas, oportunidades, versiones de sí mismo que ya no volverían… Pero había aprendido algo demasiado tarde: algunas cosas no se protegían reteniéndolas. Algunas cosas se protegían dejándolas ir.

Guardó la reliquia, cerró el cajón y apagó la luz del despacho, dejando que la penumbra envolviera por completo la mansión.

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Nota de autor: añadí a esta novela un nuevo capítulo anterior llamado "X - El límite"




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