Zlatan

SEGUNDA PARTE: “LA ANOMALÍA EN EL MAPA”

🚨 Atención! La segunda parte podría decirse que es un segmento completamente diferente, con spoilers de personajes y elementos de mis libros "Los pecados", y puede que no tenga sentido , así que si no te interesa o no has visto nada de esas novelas mejor salta directamente al capítulo XXI y el EPÍLOGO. Sino ,sigue leyendo 😁

🚧🚧🚧🚧🚧

El restablecimiento del orden en Eleven Gates ocurrió con la precisión de un engranaje bien calibrado.

Tras la partida de Zdenko, ya semanas atrás, la residencia recuperó un silencio simétrico, sin sombras pendientes. Zlatan consideraba terminado el capítulo del pasado; la ciudad continuó funcionando bajo una lógica predecible, y la estructura de la firma respondía sin fallos.

Sin embargo, el equilibrio en los dominios de Zlatan nunca se quebraba con un estruendo, sino con una alteración imperceptible en la frecuencia habitual.

Sucedió durante una revisión nocturna de los informes de tránsito en los distritos de enlace. Ossian ingresó al despacho sin el ritmo ágil que caracterizaba sus intervenciones operativas. Se detuvo a dos pasos del escritorio, sosteniendo una nota manuscrita —un método arcaico que solo empleaban cuando la información no debía tocar ningún servidor.

Zlatan no levantó la vista de inmediato.

—Los reportes del distrito diez están validados —expresó el gobernante de Eleven Gates.

—No se trata de la infraestructura, señor —intervino Ossian con voz pausada—. Se trata de un rumor que comenzó a circular hace seis horas en los márgenes de la ciudad.

Zlatan hizo una pausa. Sus dedos se congelaron un milisegundo sobre el borde de la carpeta de cuero. Omitió cualquier gesto de impaciencia, pero la gravedad en el tono de su colaborador más cercano era suficiente para alterar el aire del despacho.

—En Eleven Gates los rumores son fallos de inteligencia —observó Zlatan, alzando finalmente la mirada—. Sé más preciso.

—Una mujer ingresó al perímetro urbano bajo una identidad secundaria. Evita las arterias principales y los controles biométricos de alta densidad. Se mueve por los círculos de información informal, formulando preguntas puntuales. Cuidadosas, pero inequívocas.

—¿Qué busca?

—A usted.

El silencio se expandió en el despacho.

Zlatan apoyó el bolígrafo sobre el escritorio. En su mente, las variables comenzaron a interponerse unas sobre otras a gran velocidad.

Un nombre de su pasado reciente —alguien que debería haber quedado diluido en el colapso de Ego o en la sombra de Aion Samaras— irrumpía en el único territorio donde el control era absoluto.

—Romania Morgensen —pronunció Zlatan.

No era una pregunta, sino la deducción inevitable. Ossian inclinó levemente la cabeza.

—La descripción coincide. Nadie en la calle conoce su rostro ni el apellido real detrás de Eleven Gates, pero ella está rastreando la firma de la arquitectura. Sabe dónde buscar. Es cuestión de tiempo para que dé con el perímetro exterior de la propiedad.

Por un segundo, la fría compostura de Zlatan acusó el golpe. Su ceño se contrajo apenas una línea, un rasgo de sorpresa que en un hombre como él equivalía a un sismo.

Romania no constituía un peligro operativo, sino algo potencialmente más impredecible: un cabo suelto de la tormenta que había destruido a su hermana, Ego. Que esa mujer estuviera caminando por sus calles, buscándolo deliberadamente, alteraba el diseño del tablero.

Zlatan se puso de pie con lentitud y caminó hacia el ventanal. Abajo, Eleven Gates resplandecía en su orden preciso.

—Cometió un error de cálculo al venir aquí —expresó Zlatan, observando las luces de la avenida central—. Creyó que podía deslizarse como una visitante anónima en una ciudad diseñada por mí.

—¿Cerrará el perímetro? —inquirió Ossian—. Puedo disponer la alerta en los controles de salida.

—De ninguna manera —respondió Zlatan, girándose con la mirada afilada—. Si continúa buscando a ciegas en la calle, terminará atrayendo la atención de los hilos que acabamos de cortar con el asunto de Egorath. No voy a permitir que convierta a Eleven Gates en un escenario de indagaciones.

Hizo una pausa, evaluando las alternativas. La sorpresa inicial había cedido paso a la necesidad táctica. La presencia de Romania en la ciudad cambiaba drásticamente la naturaleza de los acontecimientos: el pasado no se había extinguido con el borrado de los rastros que Ego había dejado; venía caminando hacia su puerta.

—Quiero que la interceptes antes de que avance a otro distrito —ordenó Zlatan a Ossian, con voz firme y carente de duda—. No dejes que siga haciendo preguntas. No utilices la fuerza, pero dejale en claro que su búsqueda terminó.

—¿A dónde la llevo?

Zlatan ajustó el botón de su saco, reasumiendo el dominio absoluto de la escena.

—Tráela a la mansión. Si Romania Morgensen requiere una audiencia conmigo, la tendrá bajo mis términos, en mi territorio y esta misma noche.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.