La pantalla de la computadora se apagó con un clic seco que resonó en el silencio de la habitación. Haziel y yo nos quedamos mirando el fondo negro un rato largo, como si de ahí pudiera salir alguna respuesta mágica, alguna página oculta que nos diera el final de la historia. Pero no. El documento terminaba abruptamente, el mismo día que mi padre murió. No había más pistas, más páginas, nada.
—Esto es todo —dijo Haziel al fin, recostándose en su silla gamer con un suspiro profundo y cansado. Se pasó las manos por el cabello revuelto, desordenándolo aún más—. Busqué en otros foros, en archivos relacionados… pero ese hilo está muerto. Como si alguien lo hubiera borrado todo después de publicarlo.
Me froté los ojos con los dedos; me ardían de tanto leer texto borroso en pantalla oscura. La cabeza me palpitaba, un dolor sordo detrás de las sienes. Afuera, el cielo ya se había teñido de morado profundo; la noche caía rápido en Olimpo durante esta época del año, tragándose la luz en cuestión de minutos.
—Tengo que irme —murmuré, levantándome de la cama con las piernas pesadas—. Mi abuela va a preocuparse otra vez si llego tarde. Ya bastante la tengo estresada.
Haziel asintió, aunque se le notaba en la cara que quería seguir buscando toda la noche. Sus ojos aún brillaban con esa excitación investigadora, pero sabía reconocer cuándo parar.
—Ten cuidado, Zoan —dijo, poniéndose de pie para acompañarme a la puerta—. Y si sueñas algo nuevo… márcame. Aunque sea a las tres de la mañana. En serio.
Le di un golpe suave en el hombro, de esos amistosos que decían más que palabras.
—Gracias, Haz. Por todo.
Salí a la calle. El aire fresco de la noche me golpeó la cara como un bálsamo, despejándome un poco. Caminé por las calles empedradas casi vacías; solo se oía el eco lejano de un perro ladrando en alguna casa lejana y el viento susurrando entre las hojas secas de los árboles. El pueblo parecía normal, tranquilo, como siempre. Pero ya no lo sentía así. Cada sombra en las paredes se alargaba más de lo normal, cada ruido sospechoso me hacía voltear. Era como si Olimpo hubiera cambiado de golpe, o quizás era yo el que ya no podía verlo igual.
Llegué a casa en silencio. Mi abuela ya estaba dormida; dejé las llaves con cuidado en la mesa de la entrada para no hacer ruido y subí directo a mi cuarto. Me tiré en la cama todavía vestido, con la mochila a un lado. Miré el techo agrietado, esa mancha en forma de nube que siempre había estado ahí. Saqué el celular por enésima vez ese día.
Los mensajes a Dea seguían iguales: dos palomitas grises. Ni siquiera los había visto.
Suspiré, frustrado. Los dedos se movieron solos sobre la pantalla.
Z Dea, por favor… necesito hablar contigo. Pasaron cosas hoy. Sueño cosas nuevas. Y encontramos algo sobre tu familia y mi papá. Contéstame.
Dudé un segundo, el pulgar flotando sobre "enviar". Luego agregué uno más corto.
Z Solo dime que estás bien.
Presioné enviar y dejé el celular boca abajo en la almohada. Me quedé mirando la oscuridad del cuarto, con los ojos abiertos de par en par. Los minutos pasaban lentos, como horas. Me estaba quedando dormido a ratos, la mente dando vueltas en círculos: el documento, el periodista muerto, mi padre, Dea, los dioses. Cada día pasaba algo nuevo, y ni siquiera había transcurrido una semana. Se sentía como meses enteros de caos comprimidos.
Y de pronto, vibró. El celular se iluminó bajo la almohada.
Era ella.
D Hola Zoan
D Perdón por no contestar, tuve que desaparecer mi celular con mi voz
D Mi tío ha estado como loco, hoy fue insoportable. Nunca salió. Estuvo todo el día vigilando y checando cosas
D Me siento tranquila que estés bien. Y que te haya llegado mi carta, fue difícil pero lo logré
D ¿Qué soñaste?
D Yo soñé lo mismo que cada noche aunque no sé si sea lo mismo que tú
Los mensajes llegaban uno tras otro, rápidos. Se notaba que había estado esperando, tecleando a toda velocidad. No me daba tiempo ni de responder.
D ¿Tu papá y mi familia? ¿Zeus?
D ¿Qué cosas te han pasado
Esperé unos segundos. El indicador de "escribiendo" desapareció. Era mi turno.
Z ¿Puedo mandarte audios? No soy tan rápido como tú escribiendo.
Pasaron unos momentos. Imaginé su cara: indecisa, mordiéndose el labio, mirando alrededor en su habitación blanco y negro.
D No
D No lo sé
D Espera
Z [emoji riendo con lágrimas]
D No te rías 😠 [sticker de carita enojada]
D Ya. Manda tu audio
Z ¿Segura? ¿No te causa problemas?
D No. Ya encontré unos manos libres. Mi tío no oirá nada