Zoan Y La Chica Del Cabello Blanco

Capítulo 19 “La Llegada del Primo”

El profesor apenas había terminado de pasar lista cuando la puerta del salón se abrió con un golpe seco que hizo que todos volteáramos al unísono. El aire se cargó de curiosidad inmediata; en un pueblo como Olimpo, un rostro nuevo era un evento. Entró un chico alto, moreno, con el cabello negro desordenado de esa manera que parecía casual pero estudiada —como si se pasara las manos y quedara perfecto—. Llevaba una camisa rosa pálido arremangada hasta los codos, marcando brazos definidos pero no exagerados, con venas prominentes y manos que mostraban ampollas recientes, como de alguien que trabaja con herramientas. Delineador negro sutil enmarcaba sus ojos oscuros, un piercing plateado brillaba en la oreja izquierda y otro en la ceja derecha. En la mano derecha, un tatuaje pequeño pero nítido: un martillo cruzado con un destornillador.

—Disculpen el susto —dijo con una voz grave y carismática, acompañada de una sonrisa ladeada que parecía saber exactamente el efecto que causaba—. Soy Parador. Nuevo ingreso. Me dijeron que viniera directo aquí.

El profesor, levantó la vista de su lista con poco entusiasmo, apuntó el nombre y señaló los pupitres vacíos al fondo con un gesto vago.

—Busca asiento.

Parador recorrió el salón con la mirada, evaluando rápidamente, como si catalogara a cada uno. Sus ojos se detuvieron un segundo en mí, luego en Haziel, y finalmente se dirigió al fondo. Se sentó justo al lado de mi amigo, dejando caer su mochila en el asiento..

Haziel, que garabateaba algo en su cuaderno, levantó la vista. Lo miró de arriba abajo, arqueando una ceja. Parador se inclinó ligeramente y le dijo algo en voz baja, apenas moviendo los labios. Haziel soltó una risa corta, sorprendida, y respondió igual de bajo. No alcancé a oír, pero vi cómo sus hombros se relajaron y empezaron a susurrar, como si compartieran un secreto y se conocieran de siempre. Haziel sonreía de lado, esa sonrisa genuina que reservaba para pocas personas.

Tania, sentada a mi lado, me dio un codazo suave.

—¿Quién es ese? —susurró, con los ojos fijos en él—. Parece sacado de una revista.

—No tengo idea —respondí, sin dejar de observarlos.

La clase pasó volando.

Cuando sonó la campana, Tania se levantó rápido y se acercó al fondo. Yo la seguí, curioso.

—Oye, nuevo —dijo ella haciendo una pose que intentaba ser tierna pero en realidad se veían mas sus atributos—. Soy Tania. Él es Zoan, y veo que ya conoces a Haziel.

Haziel hizo una mueca sutil al oír su nombre en boca de ella, cruzando los brazos. Aún no la perdonaba del todo.

Parador se puso de pie con fluidez. Era alto —fácil nos sacaba una cabeza—, y su presencia llenaba el espacio sin esfuerzo. Nos sonrió a todos, con una calidez natural. Como si la ensayara.

—Encantado —dijo, extendiendo la mano primero a Tania, luego a mí—. Parador. Y gracias por la bienvenida. Ya veo que el grupo es interesante. —Y todos muy guapos —agregó, mirando de reojo a Haziel.

Tania rio, Haziel se sonrojo. Yo solo lo examinaba

—Veo que te llevas bien con Haz y apenas en tu primer día —comenté, notando cómo se miraban. Y note que se escuchaba como si estuviera celoso de que Haz tuviera o hiciera un nuevo amigo.

—Así es —respondió Haziel, levantándose y poniéndose al lado de Parador. Eran parecidos en altura y estilo: delineador, ropa ajustada pero cómoda. Se complementaban sin esfuerzo—. Es un tipo gracioso y agradable.

Miró a Tania al decir “agradable”, como recalcando la diferencia. Ella ignoró el pique.

Parador rio bajo, sin inmutarse.

—No pienses que te lo quitaré, Zoan —dijo tal vez dándose cuenta de mi tono de voz, —. Aunque debo admitirlo, es muy lindo—.guiñándome un ojo

Haziel se sonrojó aún más, revolviéndose el cabello para disimular.

Tania, que seguía cambiando pero aún tenía sus impulsos, soltó sin filtro:

— ¿Eres gay?

Haziel tensó la mandíbula, listo para atacar. Yo abrí la boca para intervenir.

Pero Parador habló primero, calmado, tomando las manos de Tania con gentileza. Su tatuaje brilló un segundo —juro que lo vi—, pero nadie más pareció notarlo.

—Bi, cariño —dijo, con voz suave pero firme—. Me gustan tanto hombres… —miró a Haziel con una sonrisa lenta— como mujeres. —Bajó la vista por Tania, apreciativo pero respetuoso—. Y más si son rubias con curvas en los lugares correctos… o como Haziel, con ojos delineados y labios perfectos.

Le guiñó un ojo a cada uno. En Olimpo, hablar tan abierto de eso era raro; afuera era normal, pero aquí aún levantaba cejas y creaba chismes

Haziel se quedó congelado, sonrojado hasta las orejas. Tania abrió la boca, pero no salió nada —por primera vez sin palabras.

Yo solté una carcajada genuina, rompiendo la tensión. Parador rio conmigo, y al final todos reímos, nerviosos pero liberados.

Salimos del salón juntos. Parador preguntaba sobre el pueblo: las calles empedradas, nuestras familias, la universidad, cómo eran las clases. Caminaba con paso relajado, escuchando atento, haciendo preguntas que mostraban interés real.




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