Una bella mujer, cuya vestidura era entre hermosa y aterradora, su rostro putrefacto pero con una lindura única, es tapada con la máscara representativa de la muerte y la resurrección. Su extensa y gran vestido es adornado con brazos y cabezas susurrantes. Está sentada sobre un trono dotado de divinidad maliciosa, y el poder de hacer surgir de entre los muertos a los vástagos de la humanidad, que se le fue concebido por el mismísimo ser de la oscuridad, Retdhortehm.
Yace esplendorosa, mirando al infinito con la mirada llena de lujuria.
El gran trono emite unos sonidos, cual trompetas anunciando algo. Ella parpadea, y los torturados abren sus ojos y gritan a su alrededor. Son muchos e infinito es el dolor. Se regocijan ante la presencia de la damisela.
Ocho seres esqueléticos se acercan de entre los pecadores, y levantan el gran trono, este aun dando sus sonoras trompetadas. Los pies de estos seres pasan por sobre las cabezas del suelo corrompido, y crujen o revientan dejando grandes cantidades de sangre y restos de cráneos.
Caminan hasta la cima de una gran piedra, colocan el trono en el suelo ya no corrompido y ella se levanta, baja las escaleras y se para frente al gran paisaje en tonos rojizos.
Edhortehm está ahí, con su forma más espectral. Grandes bocas, en total 10, aúllan mientras su cuerpo infinitamente gigante se levanta. La reina zombie alza los brazos y lo alaba. Sus plebeyos y demás seres hacen lo mismo dedicándole grandes y sabrosas plegarias…