El sonido del impacto fue seco, brutal. El tipo cayó al suelo sin siquiera intentar levantarse, y por un segundo todo el campo guardo silencio, luego vinieron los gritos.
—¡Moss! —
Kael no respondió, se quedó de pie, respirado con calma como si no acabará de derribar a alguien el dinero de grande que él. El casco ocultaba su expresión, pero su postura lo decía todo: firme, inamovible y dominante.
El tipo en el suelo se quejaba, sujetandose el hombro, Kael ni lo miró.
—Levántate. —dijo en secó.
El entrenador silbó, cortando la tensión.
—¡Descanso! ¡Cinco minutos! —
El equipo empezó a disparserse entre murmullos, nadie se acercó demasiado a Kael, nadie lo hacía. Porque Kael Moss no era alguien a quien se le hablara sin pensarlo dos veces; ni el control, ni los partidos, ni a sí mismo... hasta ahora.
—Si sigues así, vas a mandar a alguien al hospital. —
La voz no encajaba, era demasiado tranquila y demasiado directa. Kael giró apenas la cabeza y la vio...
No llevaba uniforme, ni ropa deportiva, ni esa sonrisa fácil que tenían las chicas que rondaban al equipo. Ella estaba de pie a unos pasos de él, con una carpeta en la mano y una mirada fija que no se apartaba.
Cómo si no supiera quién era o peor... cómo si no le importará. Kael se quitó el casco lentamente, el sudor le marcaba la piel, el cabello oscuro pegado a la frente, sus ojos se clavaron en ella sin prisa, analicandola.
—¿Y tú quien eres? —Preguntó.
Ella no dudó.
—Alina Parker, nueva asistente médica. —
Hubo un pequeño silencio, alguien detrás soltó un "mierda..." apenas audible. Kael la recorrió con la mirada, no de la forma en que otros lo hacían, no; sino con algo más frío, más calculado y más peligroso.
—Entonces deberías estar atendiendo al que está en el suelo. —respondió.
—Lo haré —dijo ella. —Pero primero vine a decirte que si no bajas la intensidad, voy a tener que reportarte. —
Eso hizo que algunos jugadores cercanos se tensaran, nadie le hablaba así a Kael, ¡NADIE! El dio un paso hacia ella, luego otro, hasta quedar frente a frente; era más alto, más grande y más intimidante. Pero Alina no retrocedió ni un centímetro.
—¿Reportarme? —repitió él, bajando la voz.
—Sí. —
—¿Sabes quién soy? —
Ella sostuvo la mirada.
—Sí. —
Kael entrecerró los ojos.
—Entonces deberías pensar mejor lo que dices. —
Alina inclino apenas la cabeza, como si lo evaluará.
—Y tú deberías recordar que aquí no eres intocable. —
Eso fue lo que hizo que algo cambiara, algo pequeño pero lo suficiente. Porque por primera vez en mucho tiempo, alguien no se estaba doblegando ante él.
Kael sonrió, pero no era una sonrisa amable, era la clase de sonrisa que procede a los problemas.
—Ten cuidado, Parker. —Su voz fue baja y peligrosa. —No sabes en lo que te estás metiendo. —
Ella no se movió.
—Creo que sí. —
Silencio otra vez, pero está vez era distinto... más pesado, más eléctrico. El entrenador grito algo a lo mejor, pero ninguno de los dos apartó la mirada.