El silencio en la enfermería era engañoso, Alina organizaba los instrumentos con precisión, intentando concentrarse en cualquier cosa que no fuera lo ocurrido en el campo.
Pero era imposible, porque seguía sintiéndolo, Esa mirada; esa forma en la que él se acercaba como si no existiera espacio personal. Como si todo… le perteneciera, Alina soltó un suspiro bajo. No, No iba a pensar en Kael Moss, No debía.
La puerta se abrió, sin tocar, sin aviso, Alina ni siquiera necesitó girarse, ya lo sabía.
—Esto empieza a parecer acoso. —
Su voz salió más firme de lo que se sentía, pasos lentos y seguros.
—Si fuera eso, ya lo sabrías. —
Kael, Alina cerró el cajón con un pequeño golpe antes de girarse; ahí estaba, sin casco, sin prisa, sin intención de irse, como si ese lugar también fuera suyo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
Kael ladeó la cabeza.
—Me lesioné. —
Alina lo miró de arriba abajo, no había nada. Ni cojera, ni gesto de dolor, ni rastro de golpe.
—No. —
La respuesta fue seca.
—No estás lesionado. —
Kael dio un paso más cerca.
—¿Tan segura estás? —
Alina sostuvo su mirada.
—Sí. —
Otro paso.
—Entonces revisa. —
Eso la hizo tensarse, porque ahora estaba demasiado cerca, otra vez, siempre demasiado cerca.
—No voy a perder el tiempo contigo. —
Kael bajó la mirada un segundo… hacia sus manos, luego volvió a sus ojos.
—Entonces lo admites. —
—¿Qué? —
—Que estás evitando tocarme. —
El aire cambió, Alina apretó la mandíbula.
—No eres especial. —
Kael sonrió apenas.
—No dije que lo fuera. —
Se inclinó un poco, lo suficiente.
—Pero no quieres comprobarlo. —
Eso fue suficiente, Alina dio un paso al frente, acortando la distancia por decisión propia esta vez.
—Siéntate. —
Kael no se movió, solo la observó, como si estuviera disfrutando cada segundo.
—Siéntate, Moss —repitió ella.
Y esta vez, él obedeció, se dejó caer en la camilla sin apartar la mirada de ella. Alina tomó su brazo con firmeza, profesional, precisa, pero en cuanto lo tocó... algo cambió, su piel estaba caliente, demasiado y Kael no apartó la mirada ni un segundo.
—No hay nada —dijo ella, soltándolo rápidamente.
—Qué lástima. —
—Para ti. —
—No —murmuró él.— Para ti. —
Alina frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando? —
Kael apoyó las manos en la camilla, inclinándose ligeramente hacia ella.
—De que sigues aquí. —
Hubo un silencio.
—Podrías haberme sacado hace rato. —
Otro paso, otra invasión.
—Pero no lo hiciste. —
Alina sintió cómo su pulso se aceleraba, molesta, incomodada, pero no asustada.
—Sal. —
Una palabra, una orden, Kael no se movió.
—Haz tu trabajo, Parker. —
—Ya lo hice. —
—No. —
Su voz bajó.
—Aún no. —
El corazón de Alina golpeó más fuerte.
—¿Qué quieres? —
Por primera vez… Kael no respondió de inmediato, la miró de verdad, como si intentara decidir cuánto decir, cuánto mostrar y eso… eso fue peor.
—A ti —dijo finalmente.
Directo, sin rodeos, sin suavizarlo, un silencio pesado e innegable, Alina lo soltó como si quemara.
—Estás confundiendo las cosas. —
—No. —
—Sí. —
—No. —
Un paso más, ahora estaban demasiado cerca otra vez.
—Tú eres la que está confundida. —
Alina negó, retrocediendo apenas.
—Esto no va a pasar. —
Kael inclinó la cabeza.
—Ya está pasando. —
Eso la dejó sin respuesta un segundo, solo uno, pero él lo notó y sonrió; esa maldita sonrisa.
—Ten cuidado —susurró.
Alina tragó saliva.
—¿Por qué? —
Kael se acercó lo suficiente para que su voz fuera apenas un murmullo.
—Porque cuando algo me interesa… —
No terminó la frase, no hizo falta, porque Alina ya lo entendía y eso... eso era lo peligroso. La puerta se abrió de golpe.
—¿Interrumpo? —
Ambos se separaron al instante, un chico del equipo miraba entre confundido y curioso, Alina se apartó, recuperando su compostura.
—Ya terminé —dijo. — Puedes entrar. —
Kael se levantó con calma, como si nada hubiera pasado, pero antes de salir… la miró una vez más intenso y fijo.
—Esto no se queda aquí. —
Y luego se fue, Alina se quedó sola, otra vez, pero está vez... ya no era tranquilidad; era algo más, algo que no podría ignorar, algo que no podría... pero que ya estaba ahí.