Zona de Vuelo [omegaverse]

Capítulo 30 – Entre la piel y el cielo

Ren despertó del todo a la mañana siguiente.

Sin cables. Sin máscara de oxígeno. Solo la luz suave del amanecer colándose por la ventana, la calidez de un brazo alrededor de su cintura… y el aroma familiar que lo rodeaba como una segunda piel.

—¿Sigues aquí? —murmuró, con la voz aún rasposa.

Damian, medio dormido, apretó un poco más el abrazo.

—No me muevo de tu lado ni aunque me den una orden directa del general —gruñó, ronco, contra su nuca.

Ren soltó una risa baja.

—Pues gracias a ese general tienes un permiso especial, ¿recuerdas?

—Sí, es un bendito general —dijo Damian, rodando para mirarlo de frente—. Aunque si no me lo daban, habría desertado. Tú vales más que una carrera.

El silencio entre ambos fue suave, acompañado del latido tranquilo de dos corazones que por fin volvían a sincronizarse. Ren levantó una mano, acariciando la mandíbula del alfa.

—¿Dormiste?

—No tanto. Solo… te miraba respirar. Como si eso bastara para recordarme que estás vivo.

Ren bajó la mirada. Luego se acomodó, aún un poco débil, y murmuró:

—Estoy vivo por ti.

—No digas eso, Cielo —Damian le acarició el cabello con delicadeza—. No quiero ser tu salvación. Solo quiero ser tu hogar. Quiero que vivas por ti mismo, porque eres fuerte, brillante… porque tienes tanto que ofrecerle al mundo.

—Y también te quiero a ti.

Ambos se quedaron en silencio.

Hasta que Damian le sujetó la mano, la llevó a sus labios y la besó.

—¿Ren?

—¿Sí?

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo con voz baja, casi reverente—. Antes… dijiste que querías ser mío. Lo dijiste entre delirios, lo recuerdo. ¿Lo decías en serio?

Ren tragó saliva.

—Sí… pero no por impulso. Lo pensé muchas veces mientras estabas lejos. Quería que tú fueras el único. El único que dejara su marca en mí. El único que… me hiciera sentir así.

Damian lo miró con los ojos verdes brillando.

—¿Estás seguro? ¿Incluso si eso significa que nos atamos de por vida?

—Ya estamos atados, Damian —susurró Ren, apoyando la frente contra la suya—. Solo quiero hacerlo real.

—¿Y tus sueños? ¿Tu carrera?

—Sigo queriendo demostrarle al mundo lo que puedo hacer —asintió Ren—. Pero no quiero sufrir por ello. Si la marca me estabiliza, me mantiene sano, si nos fortalece… entonces sí. No pienso perderte solo porque tengo miedo de cambiar.

Damian sonrió. No como soldado, no como alfa. Como el hombre que lo había amado en silencio desde el primer día.

—Entonces será cuando tú digas. Y donde tú quieras. No voy a marcarte en un impulso. Quiero que recuerdes ese momento con amor, no con urgencia.

Ren lo besó.

—¿Y tú? ¿Qué vas a hacer ahora?

Damian respiró hondo.

—Solicitaré volver como instructor de vuelo. No tendría que ir al frente… estaría más seguro. Más estable. Pero aún en el ejército.

Ren lo miró con ternura.

—¿Y eso te haría feliz?

—Sí. Me daría propósito… sin tener que alejarme tanto. No quiero volver a pasar por esto. No contigo esperándome en un hospital. No conmigo cruzando la ciudad en estado salvaje.

—Entonces hazlo —asintió Ren—. Quiero que vueles. Así como yo quiero seguir actuando.

—¿Y si vuelas conmigo algún día?

—Si tú me enseñas, lo haré con los ojos cerrados.

Ambos sonrieron. La promesa no dicha flotaba entre ellos: ser libre no significaba estar solo. Y amar no significaba detenerse.

Un ruido afuera los interrumpió. Damian frunció el ceño.

—¿Escuchaste eso?

Ren se asomó con dificultad hacia la ventana. Un grupo de reporteros, cámaras y drones estaban en la entrada del hospital.

—Oh no…

—¿Nos descubrieron?

—Creo que el mundo ya sabe que tengo un alfa, solo no saben que eres tú.

Damian suspiró, pasándose la mano por el cabello.

—Genial. No solo soy un alfa salvaje, también soy un escándalo público.

Ren se rió, pese al cansancio.

—Tendré que dar una entrevista. Cuando esté un poco más digno.

Damian lo observó, enternecido.

—Nunca dejas de pensar en tu imagen, ¿eh?

—¿Y tú nunca dejas de cuidarme?

—No —sonrió él—. Y no pienso hacerlo jamás.

Se besaron otra vez. No porque tuvieran que hacerlo.

Sino porque, simplemente, después de tanto dolor…

el amor sabía a casa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.