La entrada del hospital privado se llenó de flashes y micrófonos apenas el equipo de comunicación de Ren anunció una rueda de prensa. Afuera, decenas de fans sostenían pancartas con frases como "Ren, estamos contigo" y "#FuerzaRen".
En el estrado, junto a su representante Mike y su asistente Eve, Ren lucía más delgado, con una camisa clara que ocultaba el catéter de suero que aún colgaba discretamente en su brazo. A su lado, Damian vestía con sobriedad, el porte militar intacto, pero su mano firme entrelazada con la de su omega lo decía todo.
Fue Eve quien abrió la conferencia.
—Gracias a todos por venir. Les pedimos respeto y discreción ante todo lo que ha pasado. Ren quiso dar esta declaración personalmente.
Ren se aclaró la garganta.
—Gracias por preocuparse por mí. Estos últimos días fueron complicados. Mi cuerpo reaccionó negativamente al esfuerzo que hice para mantener una agenda muy demandante durante la promoción de la película. No fue algo que vi venir... pero gracias al apoyo de mi equipo, y de Damian, estoy recuperándome poco a poco.
Los micrófonos comenzaron a encenderse.
—¿Es cierto que estuvo al borde del colapso por una crisis vinculada a su estado omega?
—Prefiero no entrar en detalles médicos —dijo Ren, sin soltar la mano de Damian—, pero sí, fue algo serio. Por eso estoy tomando un descanso. Pero no es el final. Voy a regresar. Amo actuar. Lo he hecho desde que tenía doce años, y este sueño sigue vivo.
El representante intervino.
—No hay cancelaciones permanentes. Ren estará listo para futuros proyectos una vez tenga el alta definitiva.
Otro periodista se animó:
—¿Y su relación con el Capitán Damian Sorel? ¿Es cierto que son pareja?
Damian apretó ligeramente la mano de Ren. Este sonrió.
—No vamos a esconderlo. Nos conocimos previamente a la película y conectamos de una manera que ni siquiera esperábamos. Nos estamos conociendo. Nos queremos. Eso es todo lo que necesitan saber por ahora.
Los fans, al ver la transmisón en vivo, inundaron las redes con mensajes de apoyo. El hashtag #RenYDamian al instante se volvió tendencia mundial.
...
Días después, en el hogar de Damian, el ambiente era de paz.
Ren caminaba descalzo sobre la alfombra mullida, con una camisa blanca que le quedaba grande y el cabello suelto. Se había bañado, comido bien, y su rostro por fin tenía color. Damian preparaba una taza de té para él en la cocina, sin camisa, con una mirada cálida y protectora.
Ren se acercó con pasos lentos.
—Damian...
—¿Todo bien?
El omega asintió y tomó sus manos.
—Quiero que me marques.
Damian se quedó quieto.
—Cielo...
—Ya lo sé. Ya hablamos de esto. Pero lo he pensado... y lo deseo. Quiero que seas parte de mí. Para siempre.
Los ojos de Damian se suavizaron, y sin decir palabra lo alzó entre sus brazos. Lo llevó hasta el dormitorio, donde la penumbra de la tarde entraba entre cortinas suaves. Ren se deslizó sobre la cama, recibiendo el cuerpo del alfa con una sonrisa temblorosa.
No hubo prisa. Solo besos que se prolongaron entre caricias, entre susurros de "te extrañé" y "nunca más te dejaré solo". Las manos de Damian conocían cada rincón de Ren, y Ren se arqueaba bajo él como si lo buscara desde siempre.
Y cuando el momento llegó, cuando el amor se tornó piel contra piel, al filo del éxtasis, Damian sujetó a Ren con ternura salvaje, lo miró a los ojos y preguntó:
—¿Estás listo?
Ren asintió.
Y entonces, el alfa lo marcó. Hundiendo los colmillos en su cuello, sellándolo con un rugido ahogado y un beso que sabía a destino.
Ren gritó, no de dolor, sino de liberación. De pertenencia.
Sus cuerpos temblaron con el vínculo fortalecido. El aroma de ambos se fusionó en la habitación, borrando cualquier traza ajena. Ya no había dudas. No había pasado. No había heridas abiertas.
Solo ellos.
Damian cayó junto a él, abrazándolo, sintiendo el eco del vínculo recorrer sus venas.
—Ahora sí, Ren... eres mío.
Ren lo miró, con lágrimas de alivio.
—Siempre lo fui. Pero ahora... ahora también lo soy ante el cielo y la luna.