Zona de Vuelo [omegaverse]

Capítulo 33 – Cuando el alma respira

Despertar con su olor envolviéndome es diferente ahora.

Antes, el aroma de Damian era un refugio en mitad de la incertidumbre. Una promesa no dicha. Pero hoy… hoy es algo más. Es parte de mí. Está dentro de mi piel, bajo mis huesos, en cada respiración. Su esencia me calma desde el centro. Ya no hay vacío, ni esa presión desesperante en el pecho. No hay niebla. Solo claridad.

Y, por primera vez en semanas, puedo respirar sin que duela.

Estoy recostado en su cama, con una camiseta suya que me queda grande, y él está sentado a mi lado, repasando unos informes médicos que trajo del hospital. Su cabello está revuelto, tiene ojeras marcadas, pero nunca lo he visto tan guapo. Ni tan mío.

—¿Cómo te sientes ahora? —pregunta sin apartar los ojos del documento, aunque puedo notar que cada palabra que pronuncio es más importante que cualquier informe.

—Siento que... no sabía cuánto estaba resistiendo hasta que dejé de hacerlo —respondo con honestidad.

Él baja las hojas y me mira. Sus ojos verdes se suavizan al instante.

—Tu cuerpo estuvo al límite, Cielo. No deberías haber llegado a eso.

—Lo sé.

Me duele admitirlo, pero también me libera. Porque aunque intenté resistir, ser fuerte y profesional… al final mi cuerpo clamaba por él. Por su olor, por su vínculo. Por la verdad.

—Tomé decisiones apresuradas. Tenía miedo de fallar, de detener mi carrera justo cuando estaba en su punto más alto.

Damian me observa en silencio. No hay reproche. Solo comprensión.

—No te juzgo. Solo quiero que vivas. Que estés bien. No tienes que demostrarle nada al mundo, Cielo. Eres suficiente así.

—Gracias. Pero aún quiero hacerlo. No para ellos. Para mí.

Me incorporo un poco, y él se apresura a ayudarme. Su brazo rodea mi espalda con tanta suavidad que siento que podría quedarme así horas. No dice nada, pero su simple contacto me da valor.

—¿Y tú? —pregunto, buscando su mirada—. ¿Cómo estás ahora?

Él tarda un poco en responder.

—Me siento completo. Pero también alerta. Tu cuerpo está aún frágil. Necesita días para estabilizar del todo. Por eso me quedé. Debo aprovechar al máximo mi licencia de ausencia temporal, porque solo los dan en casos especiales. Aunque, no son tan extensos.

—¿De verdad?

Asiente.

—Me dieron dos semanas de licencia. Lo que pasaste fue grave. Y aunque ya estás marcado, tu omega sigue en fase de reposo. Quiero estar contigo cada segundo.

Sonrío, aunque mi pecho se aprieta.

—No tienes idea de lo bien que suena eso. Te necesitaba tanto, Damian…

—Y yo a ti. —Me acaricia el cabello, bajando la mano hasta mi nuca con ternura—. Cuando me dijeron que estabas en el hospital, casi pierdo la cabeza. Me costó todo el control no derribar puertas para llegar a ti.

—Lo sé. Lo sentí. Incluso inconsciente.

Cierro los ojos por un momento, disfrutando el calor de su cuerpo tan cerca. Me acuno en su abrazo, y sus feromonas me envuelven como un escudo invisible. Me siento amado. Protegido. Vivo.

—¿Crees que podré volver a filmar pronto? —pregunto con algo de temor.

—Sí. Y si no estás listo, también está bien. Tus fans siguen apoyándote. Están preocupados, pero llenos de cariño. Les dirás la verdad cuando estés listo.

—¿Y tú…? ¿Qué vas a hacer después de estos días?

Damian suspira, su mentón apoyado en mi cabeza.

—No lo sé aún. Estoy solicitando un cambio de puesto a instructor. Pero por ahora nada me importa más que tú. Si tengo que elegir entre las alas y tu vida… elegiré verte despertar cada mañana.

Mi corazón da un vuelco.

No le respondo con palabras. Solo me aferro a él, y dejo que mi alma respire por fin, segura de que, después de todo, el amor ha vencido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.