El sonido del noticiario en mi celular retumbaba como una alarma. No eran las típicas alertas de farándula, esas que uno ignora por salud mental. Esta vez, el nombre de Ren Lysander estaba por todas partes… y no por la película.
“EXCLUSIVA: El alfa que salvó a Ren Lysander rompe el silencio.”
“¡Revelaciones sobre el tratamiento hormonal del actor omega sacuden las redes!”
Fruncí el ceño, deslizando el dedo por la pantalla hasta que el rostro del supuesto "salvador" apareció. Un alfa de facciones pulidas, con sonrisa de modelo y tono de voz ensayado. Estaba sentado en una sala blanca, probablemente un estudio improvisado.
—No fue algo planeado —decía, fingiendo humildad—. El hospital me contactó por la urgencia, mi compatibilidad era alta. Acepté por humanidad… pero creo que la gente debería saber los límites a los que pueden llegar algunas celebridades por mantenerse relevantes. Incluso si ya están vínculados con un alfa.
Tuve que contener un gruñido.
“¡Bastardo…!”
Apagué la pantalla con rabia y fui directo a la sala. Ren estaba en el sofá, con una manta sobre los hombros, el rostro pálido, y su tablet encendida. La expresión en su rostro me hizo querer romper algo. No parecía triste. Parecía vacío.
—¿Lo viste? —pregunté con voz tensa.
Asintió.
—No sé quién es. Nunca lo había visto. No sabía ni siquiera que existía… hasta que vi su cara en ese video.
—¿Te contactó alguien del hospital?
—No. Nadie me dijo nada. Solo me administraron las feromonas y ya. Te lo juro que no había en la habitación conmigo. Estaba medio consciente, apenas podía hablar...pero jamás lo vi. Ni siquiera supe su nombre.
Lo sabía. Ese tipo no lo había hecho por altruismo. Lo había hecho para tener algo que contar después. Para brillar con luz ajena.
—Eso no tiene sentido. ¿Cómo se enteró que eras tú? —pregunté, sentándome a su lado—. ¿Cómo supo que estaba ayudando al actor Ren Lysander?
Ren apretó los labios, los ojos brillando de indignación contenida.
—No lo sabía. No podía saberlo. A menos que… —calló un momento y luego murmuró— A menos que el hospital haya filtrado la información. Quizá lo contactaron después y se lo dijeron. Quizá vendieron la historia…
—¿Quieres que investigue? —dije, sin rodeos— ¿Quieres que demande al hospital? ¿Que contacte a un abogado? ¿Que lo exponga por mentiroso?
Mi tono fue más áspero de lo que pretendía, pero mi ira era tan visceral que casi podía saborearla.
Ren se volteó hacia mí, con sus manos temblorosas aferradas a mi camisa.
—No. Por favor, no. Solo lo harías más grande. Ellos quieren eso. Quieren que entremos en su juego, que se hable más del escándalo que de la verdad. Yo sé lo que pasó. Tú sabes lo que pasó. No necesito más.
—Pero esto afecta tu imagen, tu trabajo, tu dignidad.
—Mi dignidad no está a la venta —dijo con firmeza, y su voz tembló un poco—. No quiero convertirme en un símbolo de escándalo. Solo quiero seguir adelante.
Lo abracé. No suave. No como si fuera frágil. Lo abracé como si fuese todo mi mundo. Porque lo era.
—¿Y si vuelve a hablar?
—Que hable. Al final, lo que nos une… no tiene nada que ver con sus palabras. Es solo ruido. Nosotros… somos reales.
Sentí el nudo en mi garganta. Le acaricié la nuca, cubriendo su piel con mis feromonas.
—Lo que ese tipo hizo es asqueroso, Ren. Aprovecharse de tu vulnerabilidad… venderlo como primicia. Es basura. Pero si tú decides dejarlo pasar… estaré contigo igual.
—Gracias… por no hacerme sentir culpable por lo que paso. Por no pedirme que reaccione cuando lo único que quiero es respirar.
Lo apreté un poco más contra mí.
—Respira, Cielo. Lo demás, lo enfrento yo.
...
Esa noche, mientras Ren dormía en mi pecho, apagué las notificaciones de todos mis dispositivos. Silencié al mundo.
Porque nuestro mundo estaba aquí, entre los brazos del otro. Y mientras él sanaba… yo planeaba el siguiente paso: mostrarle que su nombre no solo era parte de mi vida, sino que estaría grabado en mi piel.