Zona de Vuelo [omegaverse]

Capítulo 38 – Vuelo asignado

Volver a la base siempre tenía un sabor agridulce.

El aire olía a queroseno y a tierra seca. Las botas resonaban sobre el concreto con ese ritmo militar que tantos años me había acompañado. Pero esta vez, algo era diferente. Tal vez era yo. Tal vez era saber que en otra parte del mundo, en un pequeño departamento parisino, Ren estaba aprendiendo a cocinar para una película.

O tal vez era la mochila liviana sobre mi espalda.

Pasé el primer día reorganizando mi espacio en los dormitorios de oficiales. Saludé a mis viejos compañeros, algunos con abrazos, otros con esos golpecitos de hombro que dicen más que mil palabras. Nadie preguntó por qué me había ido. Todos sabían. Y nadie preguntó por qué había vuelto. Porque también lo sabían.

Era Damian Sorel. Piloto. Punto.

Al día siguiente me citaron con el general Price, un hombre que había sido tanto mi mentor como mi sombra. Alto, enjuto, con más cicatrices que expresiones.

—Sorel —dijo al verme entrar—. Toma asiento.

Obedecí, espalda recta, manos sobre las rodillas. Él hojeaba un expediente que ya conocía de memoria: el mío.

—Después de tu incoporación al ejército. Encontré que tu informe psicológico ha sido aprobado para servicio activo, bajo vigilancia rutinaria durante seis meses. Además, tus pruebas de simulador fueron sobresalientes, y tu evaluación física está impecable.

No respondí. Sabía que venía el pero.

—Sin embargo —dijo, cerrando la carpeta—, he visto tu solicitud como instructor de vuelo. Y dejame decirte que fue aceptada de forma provisional.

Asentí lentamente, aunque no me sorprendía.

—Lo entiendo.

—No sé si lo entiendes del todo. Esta base no mantiene instructores permanentes de tu rango sin tareas de campo. Y en dos meses, tendrás que tomar una decisión: volver a tus deberes como piloto en zona de riesgo… o darte de baja sin honores.

No lo dijo con dureza. No era una amenaza. Era simplemente la verdad, expuesta sin anestesia. Como todas las verdades en el ejército.

—¿No hay otra opción?

—No a tu edad. No con tu historial. Aún te queda vuelo por dar.

Bajé la mirada un segundo, exhalando por la nariz. Mi corazón, que ya había hecho las paces con la tierra firme, tembló con la posibilidad de volver al cielo con fuego real.

—¿Puedo pensarlo?

—Tienes dos meses —dijo Price, levantándose para dar por terminada la reunión—. Sorel, no olvides lo que eres. Eres un piloto. Pero también eres un hombre que ha sobrevivido más de lo que muchos pueden imaginar. A veces, eso es más valioso que cualquier insignia.

Salí del despacho con la garganta seca.

...

Esa noche, me senté en mi litera, ya con el uniforme colgado en el respaldo. El teléfono brillaba sobre la mesita de noche. Ren me había escrito hacía unas horas, enviando una foto de un platillo que parecía un crimen culinario. “Dime que no parece vómito con espárragos”, decía el mensaje.

Sonreí. Pero no respondí de inmediato. En su lugar, marqué su número.

—¿Amour? —respondió con voz soñolienta. Estaba claro que allá ya era madrugada.

—Perdón por llamar tan tarde. ¿Puedo hablar contigo un momento?

—Claro —dijo sin dudar, ya más despierto—. ¿Pasó algo?

Le conté todo. Desde la reunión con Price, hasta el plazo de dos meses. Le dije que probablemente tendría que volver a una cabina, en una misión real. Que el rol de instructor era solo una pausa, no un refugio.

Ren guardó silencio. Pero no por miedo. Lo conozco. Él piensa antes de hablar.

—¿Qué quieres hacer tú, Damian?

Tragué saliva.

—No lo sé. No quiero perder lo que hemos construido. No quiero ponerte en riesgo, ni a ti ni a lo que significa nuestra marca. Pero también… no me imagino haciendo otra cosa. Yo nací para volar.

—Entonces vuela —dijo sin dudar—. Pero cuídate. No por mí. Por ti. Porque también mereces volver… y seguir amando todo esto sin sentir culpa.

Sentí un nudo en la garganta. De esos que no te dejan hablar, pero que también significan que amas y eres amado de vuelta.

—Te extraño.

—Y yo a ti. Pero tenemos tiempo. Y promesas. Y si tú vuelas, yo también vuelo contigo. Aunque sea desde abajo.

Cerré los ojos.

No sé qué elegí en ese momento. No sé si ya lo decidí.

Pero esa noche dormí tranquilo.

Y soñé con el cielo. Con mi Cielo.




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