En El Santuario, las mujeres no hablan, no deciden, no viven. Pertenecen a los hombres.
Lo aprendí a los trece años, cuando me arrebataron mi nombre, mi libertad y mi futuro.
Sobreviví a sus humillaciones, a los golpes y a la traición de quién debía protegerme.
Pero cuando mataron a mi hija...
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En proceso: 18 Ago
10 pág.
Sí, quiero