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Para Naeilis Khaldi, el apellido nunca fue un orgullo, sino una sentencia. En un mundo donde la sangre y el linaje dictan el valor de una persona, ella siempre fue la pieza que no encajaba; mestiza, silenciada, una sombra incómoda en el árbol genealógico familiar. Su huida a California no fue sol...
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En proceso: 06 Mar
2 pág.
Sí, quiero