1. Jamás: El comienzo (borrador)

CAPÍTULO 71

 

 

 

 

 

Abro mis ojos oyendo música de fondo: es tranquila y relajante. El ambiente está cargado con una fragancia muy conocida y particular, se trata de un hospital.

 

A mi lado, está mi mamá sosteniendo mi mano, ella está completamente dormida. Sentado en un sofá se encuentra mi papá con un libro entre sus manos.

 

Me siento en la cama notando inmediatamente que estoy internada, no es necesario hacer muchas cuentas.

 

Los ojos de mi padre se abren y es ahí cuando se acerca a mí con una gran sonrisa sobre sus labios, se nota que está completamente feliz por la situación actual. Le dedico una pequeña sonrisa y lo miro fijamente a los ojos.

 

No tengo idea de lo que había sucedido, solo recuerdo la broma de Javier y sus amigos: una broma que sinceramente llegué a creer en su momento.

 

Ahora que lo pienso con claridad esa broma es imposible, algo que no puede ser cierto.

 

No me siento mal, pero tampoco me siento tan... bien. Me siento débil, mi cabeza da pequeñas vueltas. Espero que en algún momento se detenga, no me gusta la sensación que esto me produce. De un modo para otro, todo mejora. Ya no siento.

 

—¿Qué es lo que pasó? —Pregunto limpiando mis ojos con la yema de mis dedos.

 

No siento dolor en mi cuerpo, no siento nada. Simplemente, me siento muy bien, no comprendo.

 

Mi papá se acerca aún más y deja un beso sobre mi frente. Niego con la cabeza sin despertar a mi madre.

 

Sé que hay cosas que no sé, pero si ellos no me lo cuentan, tendré que descubrirlo por mí misma.

 

—No lo sé, tu amigo te trajo y nos avisó —cuenta con preocupación en su tono de voz al decir aquellas palabras—. Él simplemente se marchó cuando nos vio llegar.

 

—¿Qué amigo? —Le pregunto con el ceño fruncido.

 

—No lo sé, simplemente me resultó familiar —comenta mi papá cruzando sus brazos, sus dedos pulgares se encuentran descubiertos y hacia arriba.

 

Asiento con la cabeza tan solo una vez y recuesto mi cabeza sobre la almohada.

 

Estoy en un hospital, es imposible que esté muerta. Lo que me dijeron los chicos es imposible.

 

Suelto un suspiro de mis labios, no puedo dejar de pensar seriamente en lo sucedido anteriormente.

 

—¿Hace mucho estoy aquí? —Pregunto con el ceño completamente fruncido ante las suposiciones de mi mente.

 

Noto que un gran silencio se siembra ante mi pregunta.

 

La mirada de mi padre se dirige al suelo por unos instantes y luego me mira fijamente a los ojos. Sus ojos me recuerdan a los de Paul: ese color extraño, difícil de describir y adorable a la vista de otros.

 

—Cinco días y medio, Katherine.

 

Niego con la cabeza.

 

—No es posible, en poco tiempo debo dar mi último final —le respondo con el ceño completamente fruncido pensando en mi futuro.

 

Mi mamá abre los ojos con cuidado, cuando me ve despierta, y se acerca a mí para abrazarme con moderación; me siento como puedo sobre el colchón y le brindo un fuerte abrazo lleno de cariño. Uno de esos abrazos que necesito en estos momentos tan extraños y dolorosos de mi vida.

 

La voz de mi padre me brinda una pequeña alegría. No tengo palabras para describir lo que siento ahora mismo.

 

—Le avisamos a tu profesora Beatriz, cariño, ella nos dijo que puedes ir mañana si te sientes mejor —dice él con una gran sonrisa sobre sus labios.

 

Asiento con la cabeza.

 

Mi madre limpia sus lágrimas y luego se dirige afuera de la habitación.

 

—Mañana daré mi final. Espero aprobar, me toca dar una práctica sobre relaciones de pareja —le cuento a mi papá.

 

Mi madre al oír mis palabras, suelta una risita divertida.

 

—Mirá vos, yo creo que tu padre debería ir a analizar eso con cuidado —dice ella entrando nuevamente a la habitación con sus brazos cruzados.

 

—Marcela, ¿ya vas a empezar? —Pregunta mi padre con un tono de voz oscuro.

 

Emito una tos falsa para que noten que estoy aquí.

 

—Lo siento, cariño —dice mi madre con delicadeza ante la situación—. Cuando salgas de la habitación me llamás y entro —responde ella saliendo nuevamente del cuarto.

 

Alzo ambas cejas mirándola fijamente, hasta que cierra la puerta, en ese momento, fijo mi mirada en los ojos de mi padre.

 

—¿Qué es lo que pasa entre ustedes? —Le pregunto sin comprender la situación.

 

Desde que llegué a la casa, puedo notar esa tensión entre mis padres, siempre están discutiendo y ni siquiera se dan cuenta de que yo los escucho. No sé qué pensar ante la situación.

 

—No lo sé... —Comenta él bajando la mirada al suelo—, dejaré que tu madre entre.

 

Dicho esto, mi padre sale de la habitación.

 

Sus ojos chocan con los de mi mamá inmediatamente al verse frente a frente.

 

—No le dijiste, ¿cierto? —Pregunta mi madre—, claro que no, si sos un cagón.

 

Mi madre entra a la habitación con dos cafés en mano, toma asiento frente a mí y me tiende uno de aquellos cafés que huelen delicioso.

 

—Muero de hambre —le digo sintiendo un fuerte vacío en mi vientre.

 

—Lo sé, cariño.

 

—¿Cuándo vamos a casa? —Le pregunto luego de darle un sorbo al café.

 

—Muy pronto, hoy en la noche. En unos minutos, tu padre está haciendo el papeleo para sacarte de aquí. Todo está bien —comenta y luego bebe un poco de su café.

 

La miro fijamente a los ojos con una gran sonrisa sobre mis labios.

 

—¿Qué pasa entre ustedes dos? —Pregunto de manera pacífica esperando que de ese modo me responda con la verdad.



Byther

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En el texto hay: amor, primer amor, amor dolor sufrimiento

Editado: 04.12.2020

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