1. Oscuros: el libro prohibido

Capítulo 51

Olivia observaba con un deleite casi religioso cómo Luke se estremecía bajo el peso de las cadenas. El sonido de su respiración entrecortada y el siseo de la plata bendita quemando su piel demoníaca despertaban en ella una vibración extraña, un eco de algo que creía haber olvidado.

Había algo en la estructura ósea de ese joven, en la forma en que sus ojos azules se negaban a romperse, que le resultaba inquietantemente familiar. Sin embargo, en el mundo de la Reina Tamara, los recuerdos eran lujos que solo la realeza podía permitirse. Ella era un arma, una extensión de la voluntad de la corona, y su único propósito era ejecutar las órdenes que llegaban mediante susurros mágicos a su mente.

Apoyada contra la pared de piedra fría, Olivia recorrió con la mirada el cuerpo atlético del rubio. Miles de ideas macabras, teñidas de un deseo oscuro y retorcido, cruzaron su mente. Le hubiera gustado que las circunstancias fueran distintas, que este demonio no fuera una presa, sino un juguete consciente. Pero la magia de las visiones tardaba en gestarse y su paciencia, siempre volátil, se agotó al ver que Luke se sumergía en un mutismo desafiante.

—Eres aburrido cuando no gritas, Luke —murmuró Olivia, separándose de la pared con la elegancia de una mantis religiosa—. Creo que necesito una distracción más... cooperativa.

Regresó a la celda común con pasos rítmicos que resonaban como sentencias de muerte. Los demonios cautivos se encogieron, evitando su mirada.

—Hola, hola, personitas bellas —canturreó, recorriendo las filas de prisioneros—. Luke se ha puesto terco. ¿Quién de ustedes tiene ganas de bailar hoy?

Sus ojos, amarillos y cargados de una malicia eléctrica, se posaron sobre Wila. La jovencita rubia temblaba, sus ojos verdes —insoportablemente más puros y hermosos que los de la propia Olivia— brillaban por las lágrimas contenidas. La envidia, ese motor viejo y eficiente, impulsó a la bruja a lanzarse sobre ella. Tomó con una fuerza bruta la coleta rubia de la joven, tirando de su cabeza hacia atrás hasta que el cuello de Wila crujió levemente.

—Te llevaré a ti, pequeña —musitó Olivia directamente en su oído, disfrutando del olor a miedo que desprendía su piel—. Después de todo, en este lugar de sombras, nadie te va a extrañar.

Una lágrima solitaria rodó por la mejilla de Wila.

En ese instante, Olivia notó la mirada de Óscar Rose. Había un mensaje subliminal, una conexión eléctrica y desesperada entre el demonio castaño y la joven rubia. Ese lazo de protección le resultaba nauseabundo.

—¡No! ¡Déjala! —exclamó Óscar, dando un paso al frente con los puños cerrados.

—Oh, pero qué interesante... —Olivia soltó a Wila, dejándola caer a los pies de Óscar como un fardo de ropa vieja—. Está bien, cariño. Si tantas ganas tienes de ser un héroe, te tomaré a ti.

Óscar se agachó un segundo, tomando el rostro de Wila entre sus manos grandes y callosas para limpiar sus lágrimas, pero Olivia no permitió que el momento de ternura durara. Con un movimiento rápido, la bruja rodeó el cuello de Óscar con su mano, apretando los tendones con una fuerza inhumana y arrastrándolo hacia la salida. En el Infierno, un día equivalía a cuarenta años de tormento; Olivia se preguntó cuánto tiempo le tomaría quebrar la voluntad de este nuevo Rose.

—¡Llévame a mí! ¡Deja a mis hijos! —La voz de Myriam Rose rasgó el aire, deteniendo a Olivia en seco.

La bruja soltó a Óscar con desprecio y se giró hacia la matriarca.

Myriam se mantenía en pie con una dignidad que Olivia detestaba. Sin mediar palabra, la bruja lanzó un proyectil de energía que aventó a Myriam contra el suelo. La mujer se levantó con una lentitud dolorosa, protegiéndose el abdomen instintivamente, un gesto que no pasó desapercibido para los ojos analíticos de la torturadora.

—¡No! —rugió Dean desde las sombras, pero Olivia ya había tomado a Myriam del cabello, arrastrándola fuera de la celda común hacia la sala donde Luke permanecía encadenado.

Al entrar, Luke abrió los ojos de par en par, su rostro angelical se transformó en una máscara de horror al ver a su madre siendo tratada como un animal de matadero.

—No hagas tonterías, madre... —jadeó Luke, intentando forcejear con sus grilletes de plata.

—No puedo dejar que maten a otro de mis hijos, Luke... por eso estoy aquí —respondió Myriam, con la voz quebrada pero firme.

Olivia soltó una carcajada estridente que erizó los vellos de los presentes. Se acercó a Myriam, inclinando la cabeza con una curiosidad malévola.

—Qué discurso tan conmovedor —se burló Olivia—. Pero es una mentira fascinante, ¿no es así, Myriam? ¿Realmente vas a arriesgar al bebé que aún no nace por estos dos hijos que ya son adultos y saben defenderse?

El silencio que siguió fue sepulcral.

Myriam palideció hasta volverse traslúcida, y Luke dejó de forcejear, procesando la revelación con un vacío en el estómago.

Dean, desde la lejanía de la celda, cerró los ojos con amargura.

El secreto más guardado de los Rose había sido arrancado por la intuición sádica de una bruja.

—Yo... —balbuceó Myriam, retrocediendo un paso.

—¿Tú? —Olivia sonrió, y por un momento, sus manos brillaron con un tono carmesí—. Se creen que somos tontas, que las hechiceras no olemos la vida nueva cuando late con tanta fuerza. Tienes un pequeño milagro en tus entrañas, Myriam. Y ese milagro acaba de convertirse en mi herramienta de tortura favorita.

Olivia se volvió hacia Luke, cuyos ojos azules ahora ardían con un odio puro.

—Dime, Luke... ¿qué vas a confesar ahora que la vida de tu futuro hermano depende de cada una de tus palabras?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.