15 dias en Nueva York

Capítulo 13

Las seis. Sí, las seis, tengo dos horas para llegar a casa, ducharme, cambiarme y salir volando para llegar al local. Si además de las prisas, le sumamos que no tengo ni idea de donde está, y seguro, y más siendo yo, me pierdo en cinco minutos…uff. Esto es un caos, se supone que Ethan me podía acompañar, pero le ha surgido un problema a su madre, y se ha tenido que ir inmediatamente, espero que no sea nada grave. Aun así, esta tarde me dijo algunas calles por donde tenía que pasar. Ya me veo yendo por la calle como un pato mareado preguntando en cada esquina donde está el dichoso local. ¿Por qué siempre me pasa a mí…?

Para mi sorpresa me ducho en cinco minutos contados. Normalmente suelo tardar bastante o alguien pica a la puerta del aseo para saber cuánto llevo. Salgo hacia la habitación, y como de costumbre he dejado la ropa antes de ducharme. Me ha costado unos minutos decidirme, pero finalmente he cogido el primer conjunto que he visto indicando para el evento: un top blanco junto con unos pantalones de cuero y unas botas bajas, y para acabar una chaqueta de flecos.

Salgo a la calle con un sentimiento extraño, como cuando vas a entrar al despacho de tu jefe y vas totalmente decidida, pero al abrir la puerta te entran todas las dudas y comienzas a replanteártelo todo, ¿qué vas a hacer?, ¿qué vas a decir?... pues es exactamente lo que yo estoy sintiendo en este momento. Por suerte, Carla sale por la puerta para “ayudarme”.

. ¡Va tía! El concierto va a comenzar y no vas a estar allí – parece que en vez de animarme me quiere echar de casa. No sé porque me da que Adam aparecerá hoy por aquí…

- ¡Qué ánimos! – digo antes de empezar a caminar hacia cualquier lugar.

Enciendo el móvil para poner la dirección en el mapa que lleva incorporado, pero no tengo wifi. Esto es imposible. De repente, al fondo aparece una señora mayor que pueda ayudarme, así que decido acercarme a ella, y tras decirle la dirección empieza a indicarme varias calles, pero entre tantas “primero a la derecha” y “luego siga a la izquierda” me he vuelto a liar, así que decido ir poco a poco. Guardo el móvil en el bolso y reviso que me haya traído una pequeña libreta que me he traído para apuntar el entrevista y finalmente suspiro hondo antes de emprender la caminata hasta el dichoso local.

Comienzo a caminar esperando a que en algún momento me choque con una fila de personas decididas a ver el concierto del famoso cantante, pero no os voy a mentir, mis expectativas de que lo encuentre son muy bajas, y estoy segura de que tendré que volver a pedir ayuda.

Por fin llego a una de las avenidas principales donde la señora me había dicho que tenía que caminar todo recto, el problema es que no sé cuándo girar ni hacia dónde. Mientras busco a alguien dispuesto a indicarme el camino, repaso mentalmente las preguntas que tengo que realizar. Estoy muy nerviosa y segura que me tropezaré con las palabras y acabaré preguntándole algo que no debo.

- Siga todo recto por esta calle y lo vera a su derecha.

- Muchas gracias señor.

Había nombrado también un lugar: Times Square. Había oído hablar de aquella plaza, pero aún no la había pisado. Mientras caminaba por aquella avenida noté el peso de una mirada caía sobre mi espalda. Al principio no le di mucha importancia, pero al final acabé girándome. Había mucha gente en la calle, sería imposible saber quién me estaba vigilando.

Por fin, en el cruce de una rotonda vi un local luminoso y lleno de gente esperando para entrar. Tenia que ser ahí.

Al llegar a la altura reconocí el letrero de neón que colgaba de la pared. La cadena de establecimientos Hard Rock Café, habían llegado a la ciudad de donde yo provenía, aunque nunca había entrado. Esperaba al final de la cola a mi turno, pero la voz de una chica mi llamó la atención.

- Aquellos que tengan el símbolo de una estrella en su entrada que vayan pasen por aquí – dice señalando una fila justo al lado. En esta apenas había seis personas esperando, la mayoría con una cámara, y otros, más jóvenes que los primeros, con una ilusión en su rostro.

Saqué mi entrada para comprobar si tenia aquel signo. Efectivamente, en la esquina de este había marcada una estrella blanca alrededor de un círculo oscuro.

Tras unos minutos esperando en la cola que se había formado, consigo entrar junto a un grupo de unas cinco personas que también estaban el esa fila. Acompañados por un chico con la camisa blanca que llevaban en ese momento los empleados, recorrimos el lugar hasta llegar a unas mesas.

Un solo de guitarra comenzó a sonar en el escenario y al instante las luces del bar se fueron apagando hasta que únicamente quedó iluminado el chico del instrumento y un pie de micrófono, éste último un poco más adelantado. Entonces, una voz grave empecé a escucharse. La letra y la melodía de aquella canción eran preciosas. Me pareció sorprendente el ambiente a mi alrededor, la gente que había venido al local se sabían las letras todo su repertorio, pero nada tuvo que ver cuando empezó a cantar “We dance together”, su canción más conocida, incluso a mí me sonaba haberla escuchado algún día.

Os explico, John White era un famoso cantante sobre todo a nivel nacional, pero eso yo no lo conocía tanto, pero Isabel, una de mis mejores amigas me había recomendado alguna canción del artista.

Los altavoces retumbaban el sonido por lodo el local, los focos iluminaban al público, y éstos, de pie, saltaban de alegría cuando llegaba el estribillo de la canción. Inevitablemente corrientes de euforia y entusiasmo recorrían todo mi cuerpo. En ese momento parecía que el lugar era más bien una discoteca que un restaurante.



Emma Arias

Editado: 21.12.2020

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