—Han pasado las horas reglamentarias dentro de las cuales mi cliente puede estar detenida sin orden de aprehensión; deje que salga ahora —indicó el abogado en la comisaría.
—Los cargos fueron retirados y sus familiares ya se la han llevado. Parece ser que es un chivo expiatorio, así que si vuelve a caer en el mismo delito, será procesada y enjuiciada. Buenas noches. —le dijo con cierta satisfacción.
El abogado se comunicó de inmediato con el señor Koban. Los chicos que vigilaban todas las entradas estaban seguros de que no la habían visto salir, ni siquiera disfrazada, y ninguno llevaba un bulto inconsciente o llamativo. Se esfumó una mujer joven de ese lugar sin que nadie alertara de algo extraño.
Franco, al enterarse, solo sintió cómo su desesperación crecía y fue directo a su casa. Si se la habían llevado, era posible que visiten su casa en busca de algo, aunque no sabía qué es. Condujo hasta que la policía lo perseguía por exceso de velocidad y, al llegar a la casa, menuda sorpresa la que vio. Mucha gente reunida.
—Disculpe… —preguntaría a la persona más cercana—. ¿Qué sucedió?
—Hace unas horas intentaron entrar a la casa de esa joven pareja, pero sonó la alarma apenas cruzó el umbral y fue atrapado por varios hombres. Creo que esa familia de jóvenes tiene mucho dinero...
Franco se alejó. Eran sus hombres y el intruso que atraparon se mordió la lengua lo suficiente para no hablar con nadie.
—Llévenlo a la casa y prepárense para el interrogatorio —ordenó.
Ellos asintieron. Se dirigió a otro grupo y le dijo que debían montar guardia las 24 horas. La casa sería segura, era obvio, pero quería confiar en que Allen podría llegar en cualquier momento y ponerlo al corriente de la situación.
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—¿Sucede algo, Mirei? —preguntó Akira.
—Papá me mandó un mensaje extraño diciendo que vaya a casa.
—¿Estás segura? Hace poco que volviste del extranjero.
—No sé qué habrá pasado... Hana tampoco contesta mis mensajes... ¿Dónde estará? Tal vez debería llamarle a Allen.
Ninguno de los teléfonos contestaba; ambos estaban apagados. Comenzó a preocuparse. Solo se fue unos días al extranjero y ambos estaban incomunicados.
Se cambió de ropa y salió camino a reunirse con su padre.
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—Señor Koban… ¿Será posible que…? ¿Ella haya sido raptada por su propia familia? —preguntó Franco, quien fue a verlo a su casa. Después tendría que ir a interrogar al sujeto que atraparon.
—Me parece posible, pero no quiero hacer conclusiones. A diferencia de Shinichi, el anciano Kanronji no está interesado en la familia; no le importa nada más que sus propios intereses. Podemos buscarla, es cierto, pero él ha construido un imperio en este país donde, si doy un paso en falso, también caeré.
—¿Y mi familia? ¿No puede ayudar?
—Tú no eres el don —aclaró—. Aunque tienes unos subordinados, no creo que todos te obedezcan —comentó el señor Koban—. Sugiero que investiguemos sus movimientos. Nadie puede entrar a la casa del anciano sin someterse a un exhaustivo control de seguridad. Incluso dentro de mi familia y mis muchachos, él los ha atacado sin miramientos porque sabe que es intocable.
—Está bien, obedecerte momentáneamente —bajó la voz, casi solo moviendo los labios—. Allen también desapareció. Iré a Suiza a buscarlo.
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Mirei llegó a la casa; apenas la vieron y la confinaron en su habitación. Detrás de la puerta le pareció escuchar la voz de su madre, pero no la entendía. Tampoco entendía por qué todos se estaban comportando de alguna manera muy extraña.
—¡Aren! ¿Cómo que vas a ir tras ese viejo? ¿Quieres morir?
—No iré, enviaré hombres solo a investigar; creo que tienen a Hana atrapada, pero es demasiado arriesgado enviar muchas personas; incluso nuestra sección numérica es baja.
—Pero tú eres el oyabun… Si mueres… Aún no has elegido sucesor… —Lloraba una mujer. —Y yo...
Mirei golpeaba la puerta. ¿Cómo que Hana estaba atrapada? ¿Por qué no sabía nada? Sus golpes se vieron interrumpidos por una llamada telefónica de Akira. Contesto de inmediato, tratando de que al hablar no se escuchara agitada.
—Mirei, entraron a tu casa. No sé cómo y al parecer no se llevaron nada, pero todo está roto en el suelo… —Su voz intentaba parecer tranquila, pero no sabía el esfuerzo que hacía para que pareciera así.
Ella no decía nada. ¿Por qué ese viejo tenía que llegar a tales extremos por sus ambiciones? Se dio por vencida. Nadie abriría. Esa puerta se cerraba por fuera. No escuchaba ningún ruido al otro lado; creyó que posiblemente la dejarían salir, pero estaba equivocada.
—Señor, la señorita Mirei está en su habitación. También, como predijo el anciano, envió algunos hombres a atacarla. Me temo que enviarán más personas a atacar a todos los amigos de la señorita Kanronji.
—Envía guardias a sus conocidos de inmediato. Que no se dejen ver.
—Entendido.
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Días más tarde, Franco buscaba sin rumbo a su amigo. Se quedó cerca del lugar donde se hospedaba, pero sin levantar sospechas. Koban tenía razón, no podía tener más seguidores que sus subordinados actuales solo porque no era el don; aún no era visto como un líder apropiado y tenía un largo camino por recorrer.
Editado: 26.04.2026