DÍA 7 — LA BANCA PROHIBIDA
POV: Thiago
El rumor empezó antes que el primer timbre.
—Dicen que Valentina estará tres semanas sin jugar.
—Escuché que fue un esguince.
—Mi primo dice que casi se fractura la muñeca.
—¿No fue durante un entrenamiento con el equipo masculino?
Cada versión era distinta.
Lo único que todas tenían en común era que, de una forma u otra, terminaban señalándome.
No respondí a ninguno de los comentarios.
Ya había escuchado suficientes desde que salí del hospital la noche anterior.
Lo peor era que, aunque sabía que el piso mojado había provocado la caída, una parte de mí seguía sintiendo que todo había empezado por un mal pase.
Y esa sensación era imposible de ignorar.
Entré al salón unos minutos antes de que sonara el timbre.
Valentina todavía no había llegado.
Por primera vez desde que empezó la apuesta, la banca cuatro estaba medio vacía.
Su mochila no estaba.
Su cuaderno tampoco.
Solo había una silla desocupada.
Me sorprendió lo raro que se veía.
—¿Qué haces mirando tanto? —preguntó Lucas al dejarse caer en la banca de adelante.
Aparté la vista enseguida.
—Nada.
—Claro.
Sonrió con esa expresión que siempre significaba problemas.
—Pensé que ya estabas calculando cuántos centímetros ocupa una persona cuando falta.
—Estás aburrido.
—Muchísimo.
Bruno apareció detrás de él con un jugo en la mano.
—¿Ya llegó?
—Todavía no.
Lucas me dio un codazo.
—Relájate. Solo preguntó porque comparte banca.
—Exacto —respondí demasiado rápido.
Los tres intercambiaron una mirada.
Mala señal.
—¿Sabes qué es lo preocupante? —dijo Dani, acercándose con Mateo.
Negué con la cabeza.
—Que ya respondes antes de que terminemos la broma.
Mateo soltó una risa baja.
—Eso significa que te conoces el interrogatorio.
—O significa que ustedes necesitan una vida.
—También.
El timbre interrumpió cualquier otra respuesta.
Justo entonces la puerta del salón volvió a abrirse.
Valentina entró despacio.
Llevaba el uniforme del colegio como siempre, pero la muñeca derecha seguía inmovilizada con una venda elástica negra.
Su mochila colgaba solo del hombro izquierdo.
No caminaba tan rápido como de costumbre.
Aun así, mantenía la espalda recta y la expresión tranquila.
Como si no quisiera que nadie notara que seguía adolorida.
Las conversaciones del salón fueron apagándose poco a poco.
Más de uno la observó con curiosidad.
Ella ignoró todas las miradas.
Llegó hasta la banca cuatro.
Dejó la mochila con cuidado.
—Buenos días.
Su voz sonó igual de serena que siempre.
—Buenos días.
Ninguno añadió nada más.
Se sentó lentamente, procurando no apoyar la muñeca lesionada.
Vi cómo hacía una pequeña mueca al acomodarse.
Duró menos de un segundo.
Pero la vi.
—¿Todavía duele?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Ella levantó la vista.
Parecía tan sorprendida como yo.
Tardó un instante en responder.
—Un poco.
Asentí.
—Ya.
Silencio otra vez.
Genial.
Había roto la primera regla antes de las ocho de la mañana.
Lucas iba a disfrutar eso.
Las clases pasaron más lentas de lo habitual.
Valentina escribía con la mano izquierda.
Su letra era mucho más desordenada que de costumbre.
Cada tanto tenía que detenerse para descansar la muñeca.
Nunca se quejaba.
Solo respiraba hondo y seguía.
Durante Literatura, la profesora pidió copiar un texto bastante largo.
Vi que ella apenas llevaba la mitad cuando el resto ya había terminado.
La profesora pasó junto a nuestra banca.
—Valentina, puedes completar el resto en casa.
Ella negó con la cabeza.
—Prefiero terminar ahora.
Intentó seguir escribiendo.
La mano le tembló apenas.
Sin pensarlo demasiado, acerqué mi cuaderno.
—Puedes copiar del mío después.
Las palabras salieron en voz baja.
Solo para que ella las escuchara.
Valentina me miró unos segundos.
—No hace falta.
—Es más rápido.
Dudó.
Finalmente asintió.
—Gracias.
Volví a mirar al frente.
¿Por qué ese simple "gracias" sonaba tan raro?
El recreo llegó como un descanso.
O eso creí.
Apenas salí al pasillo, Lucas apareció junto a mí.
—Informe.
—No.
—Sí.
—No pasó nada.
—Entonces explícame por qué le ofreciste el cuaderno.
Me detuve.
—¿Cómo sabes eso?
Bruno levantó la mano.
—Fila de atrás.
Dani señaló otra dirección.
—Fila del medio.
Mateo completó:
—Todos lo vimos.
Perfecto.
Había olvidado el pequeño detalle de que un salón tiene más de treinta personas.
Lucas hizo como si sacara una libreta imaginaria.
—Actualización oficial.
—Ni se te ocurra.
—Regla uno...
—Era por la tarea.
—...rota.
—Regla cuatro...
—Ni siquiera la toqué.
—Todavía.
Le lancé una mirada asesina.
Él sonrió aún más.
—Lo bueno es que esta vez la rompiste siendo buena persona.
—Cállate.
—¿Te dijo gracias?
No respondí.
Error.
Los cuatro empezaron a reír.
—Sí le dijo gracias.
—Increíble.
—Evolucionaron.
—Dentro de poco hasta conversan.
—No exageren.
Lucas me pasó un brazo por los hombros.
—Tranquilo. Solo faltan veintitrés días.
—Veinticuatro.
—No importa. Igual vas perdiendo.
Me solté de su brazo antes de que siguiera hablando.
—Nos vemos en Educación Física.
—No huyas.
—Estoy salvando mi paciencia.
Escuché sus carcajadas mientras me alejaba por el pasillo.
Las últimas clases transcurrieron sin demasiados problemas.
Valentina revisaba mis apuntes de historia mientras yo corregía algunos detalles.
La conversación fue mínima.
Editado: 01.08.2026