7 torres

Dakota

Celeste dejo a Lucas durmiendo cuando los sirvientes de Dakota tocaron la puerta para llevarlos a la enfermería. Así que Diego se pegó como sombras a Celeste. Había pocos Cervus custodiando Aurora y Celeste necesitaba siempre un par de ojos extras.

El camino del ala de los cuartos, hacia el ala de enfermería del Castillo Aurora, era lo suficientemente largo como para tomarles varios minutos. Celeste estaba segura de que a vuelo era un camino mucho más corto.

La enfermería era tan pulcra como el resto del castillo y era la habitación más grande que había visto, tan azul, que era evidente porque lo llamaban el Cuarto Azul. Vio a su prima dormida y sudorosa, y en la camilla a su lado, David estaba consciente pero con la grieta en su cuello todavía cerrándose, entre ellos, Dayana leía la historia sombre el nacimiento de Aurora.

Le hubiese gustado acercarse, sujetarle la mano a su prima y que fuese lo primero que viera cuando despertara, pero era una Reina de Reyes ante todo.

Camino hacia el otro extremo de la enfermería, un hada monitoreaba los signos vitales de las Quintas Espadas, ellos estaban envueltos en vendas y sus armaduras descansaban a los pies de la cama. El hada los reverencio y las Quintas Espadas trataron de levantarse para expresar los saludos oficiales, pero Celeste negó y los dejo permanecer acostados.

Celeste y Diego podían oler la sangre azul que luchaba para  abrirse paso entre las vendas y veían con suma claridad los moretones negros que se dibujaban en sus hombros y brazos. Sus enormes alas salían a los costados de la camilla y rosaban con la punta de sus plumas el suelo. No eran las hadas más jóvenes que habían visto pero mantenían la vitalidad de un soldado.

Miraban como si estuviesen listos para levantarse de esas camas y luchar contra sus cuerpos para morir en batalla.

_Conozco sus votos de silencio. No les preguntare nada. Solo veré en sus mentes lo que paso con ese hechicero. No les dolerá y tiene mi palabra que no veré nada que no esté relacionado con el incidente de esta mañana_ aseguro Celeste.

Ninguno reacciono a sus palabras, simplemente miraron al frente sin reflejar nada.

_Supongo que eso es un sí_ bufo Diego.

Celeste camino hasta colocarse entre ambas camillas. Ella jamás había entrado en la mente de alguien sin escuchar primero su voz. La voz es el canal que normalmente usaba para hacer el camino hacia la mente. Así que no estaba totalmente segura de poder ingresar; hasta que escucho sus pensamientos retumbar.

Ellos tenían miedo, mucho miedo de lo que pudiese encontrar.

Diego escucho el pulso de uno de ellos incrementándose.

Ellos como guardianes de Dakota sabían cosas de ella que nadie más debería saber. Eran leales a su reina, y su reina le era leal a la Elegida. Eso era lo único que le había dado a Celeste un pase libre a sus mentes.

Celeste trato de hacer un lado todo lo que se refería a Dakota, pero el mismo miedo de los Quintas Espadas empujaban el pensamiento hacia adelante con fuerza.

Sus pensamientos eran fuertes entorno a ella, demasiado fuertes. Celeste vio a Dakota recostada en una cama en el cuarto más blanco que había visto en mi vida, se veía suficientemente pálida como para ver sus venas azules a través de su piel. Un hada pequeña que había visto rondando en los pasillos de Aurora estaba con ella, viendo como la sangre de su reina era drenada por una maquina a su lado y devuelta a ella como un líquido azul pálido. Luego, la sirvienta extraía las agujas y le daba masajes en todos los músculos mientras le repetía nombre y fechas que Dakota conectaba como hechos importante diciendo curiosidades y trivialidades.

Celeste no quiso ver nada más y salió de sus mentes tan rápido como entro.

Dakota, la Reina de la Hadas.

Dakota, la Iluminada más influyente y poderosa.

Dakota, la Protegida de la Elegida.

Dakota, la que podía rendir ejércitos con una sonrisa.

Dakota, el ángel que estaba enferma.

Celeste mantuvo el rostro inexpresivo, eso era algo que definitivamente ella no debía saber. Y que no sabía cómo manejarlo.

El pulso de los Quintas Espadas estaba tan acelerado que les costaba mantenerse quieto.

Celeste tuvo que esperar a que se tranquilizaran para asegurarse de no matarlos de un paro cardiaco.

_Me ayudaría que pensaran solo en lo que paso esta mañana_ opino Celeste después de algunos minutos, con un tono de voz más tajante de lo que pretendía.

Las Quintas Espadas siguieron inexpresivos. Pero esta vez, cuando Celeste volvió a entrar, vio cuando las Quintas Espadas vislumbraron la silueta del hechicero corriendo por los pasillos, yendo al área de las habitaciones. Lo acorralaron rápidamente, las hadas sabían de memoria cada pasillo de Aurora y el hechicero no.

Las Quintas Espadas, no le dieron mucha información, básicamente vio al hechicero hacerse cenizas mientras las hadas sangraban por las heridas infringidas de su enemigo.

La mente que en verdad podía darle algo nuevo era la del hechicero muerto. Celeste sabía que había una forma, Taiyo solo le había dicho la teoría, ella jamás había intentado entrar a una mente que solo vivía en un recuerdo.



Lexiz Vene

Editado: 13.09.2020

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