A un beso de distancia

Capitulo 3 "cara de inocente"

Sam le da vueltas a su cinta color azul, ya lleva varios intentos pero la cinta se niega a quedar simétrica alrededor de su cintura, culpando al pedazo de pastel  y el casi festín culinario que Mirna amablemente le ofreció usándola como conejillo de indias para probar las recetas que le dejaron de tarea en su escuela de cocina. Le encantaba presumir su magia con los ingredientes y su resultado, pero tenía todo el derecho, sus platillos realmente hacían viajar a quien los probara a otra dimensión.

Resulto ser una delicia a esa hora, pero resulto ser inconveniente cuatro  después. Sentía tener una sandía por pansa.

Paul deja de tomar agua y se le acerca para ayudarla a amarrarse el cinturón, cuando sus manos pasan por su cintura, Sam siente como el rubor se le sube por la garganta hasta las mejillas mientras sonríe en automático como una tonta. No puede evitar que le tiemblen las rodillas cundo lo tiene tan cerca. Cuando llega por su estómago solo piensa en lo vergonzoso que será cuando la note tan abultada y el rubor se convierte en un bochorno incómodo.

-déjalo así, ya puedo seguir haciéndolo sola.

-No intentes detenerme, ya estoy por acabar.

Para su suerte Alex en ese milagroso momento le habla a Paul con las manos detrás de la espalda, su cara muestra esa alegría de alguien que está a punto de dar una buena noticia.

-menos mal –dice Sam dejando salir un suspiro de puro alivio.

Sam es de las personas que una hora antes tiene todo listo para el entrenamiento y que una noche antes ya tiene listo todo para el siguiente día, pero ese día se encontraba extrañamente distraída. Quizás por Paul, quizás por el torneo, quizás por lo loquísimo que paso en su casa, o por todas juntas, lo que la llevo a caer en lo que dejo en casa.

-“ chariot” “kioññe”- hablo el profesor Marcus con su voz firme de siempre cuando ya tenía a todos formados en filas –hoy empezaremos la clase con algo distinto, espero que sin excepción todos hayan traído su equipo –dijo tan firme como un general de alto rango.

Sam admiraba por muchas cosas al profesor Marcus y compartía esa admiración con Paul y Alex, no era cualquier maestro, no se trataba de esos maestros que solo se dedicaban a enseñar sin ser el ejemplo, se trataba de alguien que llevaba años practicando el deporte, alguien que ponía su corazón en todo, y, una leyenda en potencia. Eso significaba que así como se exigía a sí mismo, lo hacía con sus alumnos y el olvidar el equipo en casa representaba por lo menos un castigo de cien lagartijas mínimo.

 Sam sentía que le acalambraban los brazos de solo pensarlo. Se sentía torpe y mal consigo misma ¿Cómo pudo olvidarlo?

-hagamos el calentamiento y después irán de inmediato por su equipo. Estoy emocionado por enseñarles el nuevo contraataque – aplaudió una vez y todos se desplegaron hasta formar un circulo –empecemos –menciono dibujando una sonrisa en sus labios oscuros.

 

 

                                                                         2

 

Unos minutos más tarde Mirna llegaba al dojang tan apresurada que su cara se saturaba del color carmesí, y con su cabello  teñido del mismo color parecía prácticamente una manzana con ojos. Las prisas hicieron que su mochila cayera al suelo con estrepito llamando la atención de todos.

-lo siento profesor, estuve a punto de quemar la cocina gracias a un aceite de mala calidad, pero nada que no pudiera controlar –sus zapatos salían volando desordenadamente al igual que sus calcetas al quitárselos –pero ya estoy aquí –levanto la mano en señal de pedir permiso para entrar al tatami acompañado de una sonrisa dentona.

No es que Mirna abusara de la confianza que le ha dado el profesor, puesto que en los últimos años le ha ayudado a administrar el dinero y gestionar los papeleos al momento de los exámenes y torneos, sin embargo llegar tarde no lo hacía a propósito, pero entre la escuela, trabajo y entrenamiento apenas podía voltear a verse al espejo y asegurarse de no verse tan agotada, el profesor Marcus lo comprendía y ella lo agradecía sinceramente.

La piel oscura del profesor Marcus parecía volverse barro seco cuando de su frente salían arrugas que le abarcaban toda la frente al fruncir el ceño y Mirna sabía lo que significaba, es cuando decidía aplicar una artimaña ya conocida, pero a pesar de ser conocida, le funcionaba bastante bien, no tenía ganas de llegar a hacer cincuenta lagartijas. Sus ojos se prepararon y empezaron a abrirse y cerrarse con la gracia de un cisne. Pestañeaba de tal manera que la ternura se volvía una con su cuerpo. Ningún favor se le negaba, era jugar sucio posiblemente, pero si funcionaba lo seguiría haciendo. 

Incluso el profesor no lo resistía. Mirna lo miraba caer en su encanto y entonces la dejo entrar sin decir otra cosa más que una llamada de atención para que la próxima vez llegara temprano.




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