Ajustó el espejo retrovisor, apenas para ver la sonrisa engreída de Theodore reflejada en él.
Joder… cómo deseaba arrancarle esa sonrisa a golpes, hasta ver sus dientes rodando por todo el maldito asiento.
El motor rugió cuando hundió el acelerador. Se lanzó contra el coche de adelante, el suyo vibrando con rabia contenida. Con un movimiento calculado, giró el volante y se colocó a un costado, rozando el metal hasta forzar al otro conductor contra el poste de luz. El impacto fue brutal: un chillido de frenos, un estallido de vidrio, y luego el golpe seco que hizo crujir el acero contra el concreto.
Blue Velvet bajó la ventanilla con calma, como si todo aquello fuera parte de su rutina. Alzó el brazo y, con un simple gesto de su dedo índice, hizo danzar una chispa azulada que saltó por el aire. La electricidad cayó sobre el amasijo de metal como una sentencia. Un parpadeo de segundos después, el vehículo explotó con una llamarada que iluminó la calle.
El rugido bullicioso de la detonación sacudió incluso el coche de ella. Theodore, incrédulo, giró la cabeza.
—¿Qué demonios…? —murmuró, desconcertado, el eco de la explosión aun retumbando en su pecho.
—Ahora ya estamos bien —dijo Blue Velvet mientras observaba como la otra camioneta comenzaba a recuperar sus riendas. Reconocía que Jeff había tomado también posesión de la máquina—. Te he odiado toda mi vida, maestro.
—Maldición —murmuró él—, te hicieron demasiado perfecta.
—Eso es lo único que me has dicho —dijo ella negando con la cabeza—, lo perfecta que soy, lo perfecta que me hiciste, lo perfecta que me has creado, pero tuve que pasar por tantas mierdas para lograr hacerte feliz. No soy fuerte porque quiero ser perfecta. Lo soy porque todo lo que amaba fue arrancado con las manos desnudas del mundo.
—Sabes la verdad —dijo él, pesado—. Solamente quería un arma para matar a Parker, ya acabaste con tu trabajo, puedes hacer lo que quieras con tu vida.
—Escúchame, pedazo de mierda —Blue Velvet tomó aire y lo observó con aires de superioridad—, no necesito tu puta aprobación, eso es para personas inseguras.
Blue Velvet giró el volante con violencia, y el auto derrapó por la autopista, dejando un chillido de llantas que desgarró la noche. Se lanzó hacia un callejón estrecho, las paredes cerrándose como fauces a su alrededor. Avanzó directo contra una pared de concreto, y frenó en seco apenas unos centímetros antes del impacto, el rugido del motor sofocándose en un jadeo metálico.
Desvió la mirada. En el asiento del copiloto, los cadáveres aún estaban frescos, retorcidos en posturas grotescas. Con un gesto frío, rebuscó entre los bolsillos del hombre y sacó un viejo revólver. Antes de apagar el coche, vio en el retrovisor cómo los faros de otro vehículo iluminaban la entrada del callejón.
Jeff venía tras ellos.
Blue Velvet abrió la puerta y salió. Sin perder tiempo, tiró de la trasera de la camioneta color cobre. Theodore la esperaba dentro, con las manos extendidas, fingiendo una inocencia que nunca había tenido. Ella lo agarró del cuello de la camiseta y lo arrastró con violencia fuera del asiento, lanzándolo al suelo con la misma facilidad con la que se tira un saco de basura.
La puerta se cerró de un portazo que resonó como un disparo seco en la oscuridad.
Los faros del vehículo de Jeff bañaban la escena, recortando las siluetas en un teatro de sombras. Theodore se reclinó contra la pared del edificio, una sonrisa torcida pintándole el rostro, tan insolente que rozaba lo inhumano. Blue Velvet levantó el arma y apuntó directo a su cabeza.
—Mírate… —murmuró ella, sin apartar la vista del cañón alineado a su frente—. Me recuerdas a una bandera. Algo lleno de símbolos, de colores y de historias, pero en el fondo, solo tela manchada de sangre. Eso eres, Theodore, pura vexilología inútil. Una bandera rota.
Él se echó a reír, con esa monotonía arrogante que helaba la sangre.
—Y aun así, sigues jurando lealtad a mí —susurró, dejando que la malicia se filtrara como veneno en el aire.
—Eres una mierda —dijo Blue Velvet con una media sonrisa—. Toda mi vida, todos estos años solo me hacías ver vídeos y experimentar cosas horribles para perder el miedo. Y adivina qué, es lo único que agradezco de ti.
—¿Entonces dices que soy el malo aquí? Cariño, yo te creé, te hice mejor de lo que eras antes. Sí, quizás sabias cosas, quizás sabías pelear, pero no como nosotros te enseñamos.
—Dices que no eres el villano. Yo digo que eres mal actor.. Tú no me enseñaste nada más que sufrimiento.
—El dolor es la prueba de que estamos vivos. Te forjó carácter.
Blue Velvet apartó la mirada mientras ladeaba la cabeza como un animal confundido, creó una mueca estando de acuerdo con ella y comenzó a agitar su muñeca de manera circular, haciéndole pensar que tenía razón en ese punto.
—Bueno —Blue Velvet colocó los ojos en blanco—, la verdad si tienes razón. Joder… que duro.
Le dio una patada a Theodore en su barbilla. Su cuerpo cayó al suelo del impulso de la patada. Theodore escupió sangre revelando que un diente se había despegado de su boca. Abrió los ojos como platos al percatarse de su muela. Vio a su creación con ojos de terror.