Lebanon se encontraba en el coche de último modelo. La pequeña pantalla iluminó el interior del auto negro, revelando los asientos de piel sintética, al igual que los diversos botones en cada panel, los portavasos y las pequeñas aberturas donde se hallaban varias armas.
Lebanon, sin apartar la mirada de la autopista, comenzó a tantear en la pantalla revelando una lista de contactos, vio de reojo el nombre de la chica y comenzó a llamar. Mientras el teléfono repicaba, él no se inmutaba en bajar la velocidad. Evitaba cada auto delante de él, derrapaba al cruzar por las avenidas, no podía perder tiempo en pequeñeces, debía llegar a la comisaría como fuera.
—¿Me llamas a esta hora? —Respondió la mujer—, debe de ser muy urgente como para que me llames después de tanto tiempo.
En la pantalla se revelaba una foto del contacto.
Una mujer de aproximadamente 25 años, con una piel morena y cabello castaño cayendo por encima de sus hombros, revelando una enorme sonrisa blanca. Era hermosa.
—Es urgente, Jenni —habló Lebanon mientras giraba el volante—, necesito que salgan de la comisaría.
—¿Por qué? —preguntó Jenni con recelo.
Jenni solía pertenecer al mismo grupo que Cooper, ellos junto con más personas decididas a salvar a aquellos que no fueran Aberrantes. Detener a los que eran crueles y abusaban de sus poderes para hacer cosas erróneas. Sin embargo, Jenni Phyllis tuvo que marcharse, puesto que después de la muerte de Darrin, Lebanon había cambiado.
Era más cortante, no quería ayuda, y lo entendía. Lebanon se culpaba por la muerte de Darrin.
—Creemos que hay una bomba en la comisaría —respondió Lebanon aferrándose al volante con tal fuerza que los nudillos se tornaron blancos—, Darrin la colocó, pero no sabemos dónde con exactitud. Necesito que evacues.
—D-De acuerdo, lo haré —Jenni fue la que cortó la llamada.
· · ─────── ·𖥸· ─────── · ·
Jenni se había levantado de su escritorio para dirigirse a las oficinas de la policía. Cada hombre lograba tener un pequeño escritorio con sus teléfonos respectivos y computadoras para procesar información. Jenni tenía que atravesar un laberinto de escritorios para lograr llegar a la oficina del capitán, una vez dentro cerró la puerta y el hombre la observó con suspicacia.
—Señorita Jenni —musitó el capitán por debajo de su bigote que cubría su boca.
—Escúcheme, señor —articuló Jenni tratando de sonar cuerda—, tenemos que salir de aquí. Hay un atentado terrorista y puede que ataque la central de policía. Tenemos que despejar el área y crear un perímetro de dos cuadras para salvar a los civiles. Debemos ser veloces ¿Confía en mí?
El hombre vaciló y se alejó de su escritorio para salir de su oficina. Con Jenni a su lado, el hombre irguió su espalda para alzar su voz y ser escuchado entre tantas llamadas.
—Necesito que todos los policías que se encuentran aquí tomen a uno de los acusados en la prisión y se dirijan afuera. No es un simulacro —todas las personas que se hallaban en el despacho se mantuvieron inmóviles mientras el jefe hablaba. Parecía que el tiempo se hubiera detenido—, repito, no es un simulacro. Todo el mundo fuera de esta estación.
Todos los hombres y mujeres con uniformes, incluyendo Jenni, se acercaron a las celdas y se hicieron cargo de un prisionero. Dos policías por cada encarcelado, mientras que el resto abría las puertas para poder otorgarles más espacio.
Jenni fue la primera en salir con su pareja y un convicto. Todos los policías se encontraban afuera del edificio, siendo cubiertos por la penumbra de la noche. La luna se encontraba menguante, era helada como todas las noches en Pestrom.
El último en salir fue el Capitán.
—Ahora quiero que aquel policía que no tenga un prisionero cree un perímetro alrededor de la cuadra para…
El capitán fue interrumpido por el sonido de una explosión.
Una sonora bomba.
· · ─────── ·𖥸· ─────── · ·
Blue Velvet recorría las calles en forma de rayo a través de los cables eléctricos. Al escuchar la explosión se desvió un momento de su camino y frenó en la azotea de un edificio. Ahora, en su forma humana, se colocó de pie en el borde del techo, observando como todos los edificios y calles estaban envueltos en una luz que se extinguió en unos segundos.
Sin embargo, la explosión no fue en la alcaldía, ni en la comisaría.
Blue Velvet abrió la boca de la impresión.
Era una empresa.
QueenCorp. Una empresa muy conocida en Pestrom.
—Blue Velvet —era Lebanon a través del comunicador—, ¿Qué pasó?
—Cayó QueenCorp —habló Blue Velvet frunciendo el ceño—, no fueron los otros lugares.
—De acuerdo —Blue Velvet escuchaba el derrape de Lebanon y el sonido de los motores a todo dar—, necesito que llegues allí y salves a tantos civiles como puedas ¿Entendido? Yo ya estaré allí en unos segundos.
—Estoy en eso.
Blue Velvet saltó al abismo y antes de caer en el pavimento, su estructura cambió haciendo que volara por el cielo, esta vez sin aferrarse a los cables de electricidad. Tenía la misma velocidad de un rayo, al igual que su forma.